La era de los linchamientos 2.0

La derrota de Clinton ante Trump vino a demostrar que la mayoría de los estadounidenses son más machistas que sensatos, y la más que posible derrota de Biden ante Trump vendrá a señalar que, la mayoría de los estadounidenses son igual de racistas que de machistas.

Nuria Gonzalez

Es un hecho que Estados Unidos está implosionando. No es de extrañar, puesto que ya llevan unos cuantos años dando señales de que el “líder del mundo libre”, ya no lidera ni a los suyos propios y está completamente sobrepasado por el nuevo orden mundial que, la pandemia del la Covid-19 no ha hecho más que poner de manifiesto de manera más descarnada. Como ha hecho con todo.

Definitivamente, el S.XXI no le está yendo nada bien a la tierra de las “oportunidades”, pero los últimos tres años, y en especial, desde finales de 2019, estamos asistiendo a la descomposición por putrefacción del, otro ora, país más poderoso del mundo.

Nada bueno podía depararle a una nación que prefiere ser gobernada por un personaje igualito a un malo de cómic cutre, que a Hillary. Puede no caeros bien la mujer y que no fuera una revolucionaria, pero el hecho de que el Despacho Oval lo lleve ocupando Donald Trump casi cuatro años, y todo indica que lo va a ocupar cuatro años más, es el mayor ensayo de suicidio colectivo como nación al que vamos a asistir jamás.

La derrota de Clinton ante Trump vino a demostrar una obviedad, que es que la mayoría de los estadounidenses son más machistas que sensatos. Y en el actual momento, la más que posible derrota de Biden vendrá a señalar que, la mayoría de los estadounidenses son igual de racistas que de machistas.

Pensábamos que era al contrario cuando Obama ganó a Hillary en las primarias, y vimos el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, como en las películas del fin del mundo. Pero lo cierto es, que la nefasta gestión de Obama y toda su fake política, con la que no cumplió ni uno sólo de los compromisos que lo llevaron a Casa Blanca, ha dado como resultado rebote al presidente Donald Trump.

No puedes no cerrar Guantánamo, no puedes no parar la deportación de inmigrantes, no puedes no hacer universal la sanidad.

No puedes faltar a tu palabra así, sin que nada pase. Aunque te den un Nobel, aún no se sabe bien porqué. Otro fake que huele a márquetin de toda la vida.

Esto puede ser un aviso para navegantes. No cumplir las promesas que se nos hicieron en dos elecciones seguidas y repetidas, (por que los dos señores que hoy nos gobiernan no acaban de tener claro quien la tenía más larga y no encontraron otro método de medición mejor), puede que acabe llevando al jinete del apocalipsis verde limón, muy cerca de la Moncloa al más puro estilo trumpero. Y no es tan difícil, si tenemos en cuenta que Trump y Abascal comparten asesor de cabecera, Steve Bannon, el malo entre los malos.

Pero volvamos a USA, puesto que el detritus social que nos brindan cada día no es cosa menor. No sólo están implosionando, sino que también están involucionando. Los ataques racistas, los asesinatos de ciudadanos y también ciudadanas negras a manos de la policía y las milicias de gente armada hasta los dientes sin control y alentados por el presidente, nos llevan de vuelta directa a “la era de los linchamientos”, época que se produjo en los estados sureños entre la segunda mitad del S.XIX y la primera mitad del S.XX, especialmente entre 1890 y 1930, una vez ya se había abolido la esclavitud en 1863. Es decir, en términos históricos, hace una media hora.

Durante ese periodo de tiempo, se calcula que unas 4.000 personas negras fueron linchadas tumultuariamente, torturadas y asesinadas, sin necesidad siquiera de la intervención del tristemente célebre Ku Kush Clan. Era la gente “normal” la que se juntaba para asesinar a sus vecinos negros. Incluso convocados por la prensa, como podemos encontrar en la hemeroteca del New Orleans State, en junio de 1919, donde se anunciaba alegremente que “3.000 personas quemarán a un negro hoy a las 5 de la tarde”.

Investigando, puedes encontrar a los historiadores que explican cómo se consiguió acabar con esta práctica de matar gente casi como deporte, y que ocurrió en más de 800 condados sureños. La verdad es que fueron desapareciendo los linchamientos a medida que la comunidad negra iba emigrando a los estados del norte y, con ellos, se llevaban la fuerza de trabajo barata que representaban para los grandes terratenientes del sur.

Lo siento, no fue un ataque de humanidad lo que hizo frenar los asesinatos, sino un ataque a lo único que siempre parece importarles a los estadounidenses, es decir, el bolsillo.

Además de esta emigración masiva, la prensa daba cuenta de esta barbarie y, en un mundo que ya se empezaba a globalizar, el resto de inversores de otros estados, e incluso otros países, no acababa de ver claro lo de llevar su dinero a un lugar donde ataban a la gente negra a un árbol, les cortaban los dedos para repartírselos a modo de souvenir, y luego les pegaban fuego. Así que, fueron los ricos blancos del lugar los que, para defender sus fortunas, exigieron a los pobres blancos del lugar, que dejaran de asesinar a sus vecinos, igual de pobres que ellos, pero negros. Y así fue como terminaron los linchamientos, que no el racismo ni los asesinatos en Estados Unidos, tal y como estamos presenciando cada día. Y quizá la “solución” sea la misma.

Hace una semana, un alcalde republicano, de una pequeña y conservadora ciudad norteamericana, una en las que más votos había obtenido Trump en su elección en 2016, se mostraba muy indignado con la política migratoria del presidente Trump. Explicaba en una entrevista a Televisión Española que, debido a su cerrazón por no dejar entrar inmigrantes, la economía local se estaba viendo afectada porque no llegaban las personas que tenían que ocupar los puestos de trabajo menos cualificados y, por supuesto, peor pagados.

En resumen, se quejaba este alcalde que Trump estaba siendo contraproducente para los intereses de los suyos, los super ricos y poderosos, porque no estaba dejando entrar al país la mano de obra cuasi esclava e indocumentada que necesitaban para mantener sus grandes fortunas. Y por ello, había decidido no votar a Trump este noviembre, aún siendo de su propio partido, y votar por un tercer partido alternativo.

Vemos pues, sin embargo, que media hora en términos históricos, no dan para muchos cambios sociales. Puede que sean más machistas que racistas, pero por encima de todo, son clasistas. Mucho trabajo tiene dios para salvar América.

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