La covid “reloaded”, el ladrillazo de la ministra y otras pesadillas antes de Navidad

Aplaudiendo como una foca queriendo su sardina, pudimos ver a la ministra Sra. De Iglesias, mientras se insultó y se señaló como odiadora oficial, digna de un ladrillazo, a la escritora Lucía Etxebarria, ganadora este año del “Premio Ladrillo” de Cogam

Nuria González

En las últimas horas nos hemos enterado de que una nueva cepa del coronavirus, un 70% más contagiosa que la que nos asola desde marzo, ha surgido en Reino Unido. Para evitar que se propague, países como Holanda o Alemania, y muchos otros de Europa, han suspendido la entrada de cualquier vuelo procedente de ese país. Es tarde ya para Italia, sin embargo, donde hace pocas horas se han confirmado dos casos de esta nueva cepa, en una pareja que llegó a Roma en un vuelo procedente de Londres.

En España, pero, igual que se hizo en verano, de momento se prefiere no restringir las comunicaciones con los hijos de la Gran Bretaña, no vaya a ser que los cinco turistas y medio que fueran a venir a Canarias, se queden en su tierra. Vía libre pues para la Covid “reloaded” (recargada) y a todas las muertes que ésta pueda generar. Porque, si bien es cierto que esta nueva versión de la Covid-19 no parece más mortífera, es una fácil ecuación que, cuanto más crezca el número de casos, más crecerá, irremediablemente, el número de muertos.

Pero, Spain is diferent, que el día 27 dice Illa que llega la vacuna milagro, y ya aquí todo arreglado. Pero si no es así, y esa nueva cepa nos lleva a otro desastre como el de marzo, por no haber echado el cerrojazo a las fronteras a tiempo, tampoco tengo la esperanza de que nadie pague por tan maño desatino.

Sin embargo, no se tiene tanto miramiento para cerrar a cal y canto otras cosas.

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La Generalitat de Catalunya, por pura incompetencia, vuelve a darle duro a los pocos restaurantes y bares que quedan vivos, además de otros sectores como gimnasios o los del ocio nocturno, (de los cuáles ya ni se habla), obligándolos a cerrar también estas fiestas. Los únicos de toda España, porque eso es lo único que se les ocurre exclusivamente como medida contra el coronavirus a esta banda del Govern.

Inversión pública y ayudas, ninguna (a estas alturas del año la Generalitat tiene un remanente por gastar de 800 millones de euros, pero claro, llega la campaña y hay mucha voluntad que mimar). Está claro que los de la “República del lacito Amarillo”, sólo sirven para gobernar en el terraplanismo, en las cosas inventadas, porque lo que es en la realidad, son un desatares absoluto que están llevando a la ruina total a una de las zonas más ricas de Europa y a toda su gente.

En el resto del territorio nacional, se sigue como se puede, unos intentado sobrevivir, pues la inaceptable disyuntiva entre la economía y la vida, obliga a la clase trabajadora a seguir jugándose el tipo día tras día. Y otros, intentado desasociarse de esta realidad que, cada vez más, se parece a una mala película, de esas que están entre la comedia y el terror.

Justo lo que protagonizó el viernes pasado la indescriptible ministra señora de Iglesias, en la entrega anual de premios de la asociación Cogam. Un mal sketch, de pésimo gusto y ninguna gracia, en la que sólo quedaba claro el poco talento de los intervinientes.

Esta entidad, que engloba a cierto espectro del colectivo transgénero, y algunos gais y poquísimas lesbianas, entrega cada año reconocimientos a quienes ellos creen que son las personalidades que más han trabajado por el logro de sus objetivos e intereses como grupo. Hasta ahí, bien.

Entre los premios, cada año se otorga el “Premio Ladrillo”, a quién “el jurado” considera que es una persona que merece un ladrillazo. De ahí el nombre del premio. Una clarísima referencia a que las actitudes violentas contra la persona “premiada” están celebradas y aplaudidas. Sobre todo eso, aplaudidas.

Y aplaudiendo como una foca queriendo su sardina, pudimos ver a la ministra Sra. De Iglesias, mientras, tras un pésimo monólogo de un personaje, también pésimamente ataviado con ropa de mujer, se insultó y se señaló como odiadora oficial, digna de un ladrillazo, a la escritora Lucía Etxebarria, ganadora este año del “Premio Ladrillo” de Cogam.

Que esto es un ejemplo más de la persecución que están sufriendo las mujeres que no claudican con las estupideces que salen del ministerio de igualdad, está claro. Que, en un evento, completamente subvencionado con fondos públicos, en los que se veía el escudo del gobierno de España cada dos metros, así como la bandera oficial, se utilice el dinero de todas y todos para señalar públicamente a una persona como violentable o agredible, es tristemente ya casi habitual.

Pero que sea la propia Sra. De Iglesias, la que esté en medio del circo, como una auténtica payasa (con todo mi respeto a los profesionales payasos), dando pábulo a esta nueva versión moderna de autos de fe inquisitoriales 2.0, es demencial. Esta mujer tiene que irse. Deben dimitirla y que desaparezca para siempre de la política.

Y digo dimitirla porque no tengo la menor duda que, después de que le han caído chuzos de punta por este lamentable espectáculo, habrá vuelto a ir a presentar sus quejas y sus patéticas lágrimas de cocodrilo a su señor esposo, diciéndole que, pobrecita, lo malas que son todas con ella. Para que su señor esposo le diga a Pedro Sánchez que, ni se le ocurra poner en duda a la niña, bajo amenaza de rompimiento del gobierno.

La niña que, como me dice mi amiga Cruz, aspira poco menos que a ser la nueva “Evita”, sólo que en lugar de ser Evita del “peronismo”, ella será la “Evita del podemismo”.

Pero igualmente, la veremos repartiendo caridad a las gentes pobres desde su casoplón de Galapagar, y protagonizando reportajes del papel cuché, enseñando sus nuevos modelitos, mientras insta a las mujeres pobres a servir a su país, haciendo de putas o de vientres de alquiler, que al final, según sus colegas, es un trabajo como cualquier otro.

Ella y sus colegas. Entre todas no se si juntan media carrera universitaria, la verdad. Pero desde la impunidad que les otorga su posición en el gobierno y desde la ignorancia absoluta de sus cabezas huecas, se permiten el lujo de ridiculizar y acusar públicamente, en un evento pagado por todos, a una de las escritoras con más reconocimiento de nuestro país que, entre otras cosas, tiene en su haber, un premio Nadal y un Premio Planeta. Un ejemplo estupendo de lo que le importa a la Sra. De Iglesias y a su camarilla apoyar la cultura de este país que, increíblemente, ella y su señor esposo, gobiernan. Claro que no se conoce no se quiere, y la cultura debe ser para esta tropa una gran desconocida.

Y si a todo esto le sumamos que de las seis personas que se juntan en tu casa esta Navidad no has conseguido que no venga tu cuñadísimo o tu prima la que te cae mal, para qué queremos más. Sólo me queda desearte toda la suerte del mundo el día 22, y ¡que nos sea leve!.

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