“La Ciudad Perdida” de Sinuhé el egipcio

La Ciudad perdida vuelve a ver la luz tras permanecer tres mil años enterrada bajo la arena del desierto. Este descubrimiento, el más importante después del hallazgo de la tumba de Tutankamón, marca un punto y seguido en la civilización egipcia antigua

“La Ciudad Perdida” de Sinuhé el egipcio
“La Ciudad Perdida” de Sinuhé el egipcio, de Lara Adell

Hoy rememoro el hallazgo de la Ciudad Perdida de Luxor cuando se cumple un año de su hallazgo. Desde la superioridad que otorga el conocimiento, el mediático arqueólogo Zahi Hawass (1947) le explicó al mundoel 7 de abril de 2021 cómo las excavaciones llevadas a cabo en la antigua Tebas por fin habían dado sus frutos. 

“La ciudad perdida” vuelve a ver la luz tras permanecer tres mil años enterrada bajo la arena del desierto. Este descubrimiento, el más importante después del hallazgo de la tumba de Tutankamón en el año 1922, marca un punto y seguido en la civilización egipcia antigua y yo, con esta imaginación que alguno de todos los dioses me ha dado, represento ese momento como una secuencia de factores místicos que envuelven la figura del señor Hawass…

Zahi Hawass

…Todavía no ha salido el sol cuando uno de los arqueólogos más importantes del mundo sopla son brío sobre las ruinas que está a punto de descubrir. Su figura, la de un erudito campechano con sombrero de cowboy, se inclina sobre el futuro y, con el índice y el pulgar de su mano derecha, destapa el manto de arena que cubre la superficie del yacimiento sepultado. El hallazgo tiene sabor a gloria: allí mismo, bajo sus pies, calentita y quieta, está la ciudad dormida esperando expectante a que alguien la despierte para poder contar sus secretos, tantos como objetos se han encontrado entre sus paredes de adobe y silencio.

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Asomarse en su interior es la mayor de las aventuras: tres zonas bien delimitadas componen el pueblo que un día vivió bajo las órdenes de Amenhotep III. El área de la cocina con una panadería, hornos y un lugar repleto de utensilios domésticos sirve de almacenamiento para los alimentos. El distrito administrativo y residencial, que cuenta con tres grandes habitaciones bien organizadas y cercadas con un muro en zigzag conduce a los corredores internos y las áreas residenciales de los trabajadores. Los mismos aprendices que se afanan en el taller, ubicado en la zona sudoeste, son los que se encargan de producir los ladrillos de barro que serán sellados, posteriormente, con los cartuchos del rey.

Coloso de Memmon

Toda una montaña de sílice se mueve sigilosamente entre las ruinas de un pueblo egipcio abandonado. Hawass luce su sonrisa con orgullo, pero donde no han llegado sus ojos ha conseguido llegar mi imaginación. Será el calor que sube en oleadas desde lo más profundo de mi interior, o quizá el poder que ejercen las letras en mi día a día, pero, al fondo de la primera cámara, entre la cortina de piel de camello y los bidones donde se madura el vino, un joven arrodillado escribe en las tablillas de arcilla una declaración de intenciones:

Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza como lo estoy de los dioses y los reyes”.

Ciudad perdida Dorada, actual Luxor

Sinuhé bien podría haber salido de entre los muertos para saludar al señor Hawass, sin embargo, prefiere continuar escribiendo su dilatada vida para posicionarse bien alto en el legado de la historia y coronarse como uno de los personajes más importantes de literatura contemporánea.

Este joven, presente en la mayoría de los hogares de los años 70 actuales, ha estudiado medicina, el noble arte del embalsamiento y ha alcanzado un lugar importante en la corte del faraón Akenatón, hijo de Amenofis III. Pero, ante todo, este muchacho inteligente que el cine retrató como un adonis de pecho indestructible es un ser humano imperfecto que trata de enmendar sus errores para no traicionarse (más) a sí mismo.

Jean Simmons

Los devenires del destierro, unidos a la ruina económica que le lleva a padecer el amor de una de las mujeres más bellas del mundo, lo trasladan desde Tebas hasta Creta y de los reinos sirios a la Babilonia decadente. La fidelización a esta época histórica y el ferviente contraste que se manifiesta en la narración, hace que rescatemos un relato ficticio más próximo a la realidad que los mapas antiguos que hemos consultado cientos de veces.

Ahora bien, ¿Cuál es la característica principal que hace el relato del escritor Mika Waltari (1908 – 1978) sea digno de alabanza? La respuesta carece de importancia si no se contextualiza el momento de su publicación. El escritor finlandés se desmarcó de la novela histórica estableciendo un precedente en la literatura contemporánea siendo uno de los primeros en utilizar las anacronías, las prolepsis y las analepsis adelantando la historia o retrasándola según el momento del relato y creando, de esta manera, una novela de figura no lineal.

Para endulzar todavía más la admiración que siento por Egipto y el personaje añadiré que Waltari también se dedica a poner en boca de Sinuhé profundas reflexiones que, más que diálogos constructivos, son monólogos interiores sobre la vida, la muerte, el deber y la justicia que lo único que hacen es destapar el conocimiento y la erudición con la que se vestía a diario este maestro de las letras.

Escuchar en la boca de Sinuhé las palabras de Waltari es como recorrer un Egipto lejano en el tiempo, pero próximo a la realidad. El relato está tan vivo que parece imposible que esté escrito desde la ficción; el ambiente es tan cercano que es contradictorio querer desembarazarse del perfume de las mujeres que lo habitan.

Hawi Hawas

Si ahora volviéramos a correr la cortina de piel de camello y dejáramos descansar al médico egipcio en el lugar donde lo hemos encontrado unos minutos antes observaríamos la silueta del famoso arqueólogo Zahi Hawass romper el silencio para exhortarnos con su voz cargada de impotencia: Las ciudades se pierden porque nunca pensamos que se puedan volver a descubrir”.  

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