La ciudad de la furia, de Ernesto Mallo (Ed. Siruela)

Leemos. Y al poco vemos que La ciudad de la furia está escrita en el castellano de Julio Cortázar (un español rico en argentinismos, inteligencia y lirismo).

La ciudad de la furia, de Ernesto Mallo (Ed. Siruela)
La ciudad de la furia, de Ernesto Mallo (Ed. Siruela)

   Señoras y señores del jurado, visto lo visto en estos tiempos que corren, va una pregunta: ¿qué le ha enseñado la reciente pandemia de Covid al poder político? Y otra pregunta más: ¿El poder político en un país lo tiene el Presidente, o en realidad lo tiene el asesor político que es capaz de decirle al Presidente recién elegido “esto es una lista de los profesionales que van a acompañarte, una banda de hijos de puta sin abuela, los mejores en cada campo”?…

   A esto responde de manera brillante la última novela negra de Ernesto Mallo (La Plata, 1948) LA CIUDAD DE LA FURIA (Ed. Siruela), una aguda crítica político social con formato de thriller policial dotado de tensión creciente, y escrito combinando con maestría crudeza y sutileza.

   En un Buenos Aires distópico (un Buenos Aires casi en la línea social y alegórica de por ejemplo Los que duermen en el polvo de Horacio Convertini o de Terrible accidente del alma de Guillermo Saccomanno; en efecto Ernesto Mallo dibuja narrativamente un Buenos Aires tan brutal que no creemos que por esta obra vayan a nombrar al autor Concejal de Turismo de la ciudad) sucede esta potente novela negra.

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   Es una ciudad tan repleta de miseria, corrupción y crimen que está a punto de un estallido social (por decirlo con un eufemismo): todo devenido de una pandemia y de sus consecuencias socio-económicas.

   Y en este marco Roby, el hijo de Erhardt (que es el asesor político del Presidente recién salido de una victoria electoral) aparece muerto en el peligrosísimo Barrio Chino (exactamente el Villa 31, la ciudad de la furia, el enclave más peligroso de toda la metrópoli).

   ¿Pero qué hacía allí Roby?

   Pues Roby no estaba en ese oscuro e impracticable barrio por drogas o putas, sino por activismo social: ¡y eso es todavía más peligroso aún en este Buenos Aires!…

   Desde el principio se nos hace saber que esto es una novela contundentemente negra en el que la ciudad es un personaje, y la política, otro.

   Leemos. Y al poco vemos que La ciudad de la furia está escrita en el castellano de Julio Cortázar (un español rico en argentinismos, inteligencia y lirismo). Y que en el lenguaje del relato abunda la terminología político-social y la psicoanalítica (es como si el autor nos dijera sin decirlo que el mundo de hoy lo explican al unísono Sigmund Freud, Hannah Arendt y Dashiel Hammett). Y vemos que que lo de Roby ha sido un asesinato. Y que aquí la historia la cuenta el fiscal Diego Saralegui, que es el traumado hijo de Dandy (hay mucho psicoanálisis larvado en esta novela). Y que la ciudad es futurista pero no demasiado, y es violenta hasta las trancas. Y que los diálogos están narrativamente incrustados en el intertexto para dar a la novela  un toque experimental. Y que el asesor político del Presidente es un magnate que tiene a sueldo a políticos, a jueces y a la policía. Y que el poder y la pobreza se cruzan en una trama inmobiliaria (quieren derribar y sanear el populoso, peligroso y sin ley barrio Villa 31 para construir allí una urbanización de lujo), y esa trama la han de investigar, a la par que la del asesinato, tres personajes turbios: tanto el fiscal Diego Saralegui, como su asistente Tae, y un inspector de policía redundantemente apellidado Capitán….

   Pero resulta que la justicia es disfuncional (no se pierdan un personaje inquietante, Gasulla, presidenta del Consejo Judicial, y verán). Y resulta que el fiscal es corrupto. Y Capitán es un policía discreto. Pero resulta que, como sospechosos, aparecen pronto Indio Selvetti y su pareja Julia, esto es, una guapa y un malo muy malo… ¡Todos esos personajes en estas páginas van presentados en su anverso y su reverso moral, pues todos tienen un impresionante lado oscuro! ¡Tanto es así que a menudo en esta novela se nos hace empatizar con los que sería fácil etiquetar como los malos, y se nos hace dudar de los supuestamente buenos!

   Todo se lee con delectación salvo los diálogos, que por su disposición exigen cierto esfuerzo. Y la trama tiene puntos de giro sorprendentes… ¡Pero el final les dejará mudos!

   He aquí una novela negra contundente y de códigos reconocibles que, con las herramientas de la ficción, refleja sin miramientos la cruda realidad de los estragos que causa el neoliberalismo corrupto en tiempos postpandémicos… Una novela que, en el fondo, tiene vocación de herramienta de cambio, de denuncia y de paso a la acción.

   En verdad, en un relato político tanto a un psicoanalista como a un novelista noir siempre les interesará, más que el Presidente, el asesor en la sombra.

   Y en verdad tenemos que saber que si votamos a Satán luego pasa lo que pasa: una novela negra.

   Eso es lo que viene a decir esta obra tan impactante y con una segunda lectura de fondo tan rica.

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