Juicio GUB: Rosa pecadora, pero no delincuente

La defensa de Rosa Peral lamenta el linchamiento que, a nivel social y mediático, se ha hecho de su clienta. Y, Albert, por otro lado, insiste en su inocencia y en encubrir el crimen por amor y lealtad.

Juicio GUB: Rosa pecadora, pero no delincuente
Rosa Peral en un momento del juicio en el que está acusada de la muerte de Pedro Rodríguez

La defensa de Rosa Peral, acusada del asesinato de su novio, Pedro Rodríguez, junto su amante, Albert López, lamentó en su alegato final que se haya juzgado a su clienta por «un pecado» más que por si realmente participó o no en la muerte de quien era su novio, en mayo de 2017. Olga Arderiu, la abogada, criticó este martes, en la recta final del juicio por el denominado «crimen de la Guardia Urbana», que se haya tachado, desde mucho antes de empezar el juicio, a su clienta de «viuda negra» y se hayan aireado sus infidelidades para justificar, así, su participación en el crimen, asociación que Arderiu encuentra inverosímil y surrealista. 

«Se juzga el pecado y no el delito». Así empezó su discurso en las cuestiones previas y así terminó su alegato final, en una sala vacía que no hacía justicia al masivo seguimiento que ha tenido el caso. Porque el juicio por el asesinato de Pedro Rodríguez no vive ajeno a las medidas de prevención instauradas para luchar contra la Covid-19. Desde el lunes, se celebra a puerta cerrada, sin público y solo con tres periodistas de las agencias de información acreditadas. 

Además, el Jurado también está al límite. El pasado viernes, los dos miembros suplentes fueron dados de baja por problemas médicos, con lo que los nueve integrantes del Jurado deben permanecer en plenitud si no quieren que el juicio se repita. La ley de Jurado establece que, si se suspendiera la vista durante más de cinco días, todo este juicio, plagado de pruebas sorpresa que han acorralado a los acusados, debería volverse a celebrar con un nuevo jurado y un nuevo magistrado. 

De hecho, Peral se presentó este martes en las dependencias judiciales diciendo que se había levantado con molestias y que tenía tos. Dos médicos forenses la examinaron, pero el magistrado decidió que siguiera por videoconferencia la última jornada de juicio desde una sala anexa.

Clamó contra «la sociedad machista»

Arderiu clamó, por otro lado, contra la «sociedad machista» que juzga a Rosa, aludiendo a los mares de tinta y a la cantidad de horas que, tanto los medios como la sociedad, han dedicado a construir un personaje ficticio y morboso, capaz de planificar la muerte de su pareja, basándose, insistió la letrada, en el pecado cometido y no en el presunto delito. «Se aferran al pecado, porque del delito no hay pruebas suficientes», subrayó ante los miembros del jurado popular, al que recordó la cantidad de horas y preguntas que se han destinado, a lo largo del mes y medio de juicio, a reconstruir el currículo sexual de la procesada y en si había solapado o no sus relaciones sentimentales, «como si esto justificara el crimen». 

«Seguimos en una sociedad machista y esto pesa […] Si el hecho hubiera sido a la inversa y Albert hubiera solapado tres relaciones, no se le hubiese linchado de la misma forma», aseguró Arderiu

Refiriéndose al fiscal… 

En este sentido, y según informó la Agencia EFE, Arderiu rememoró «a todos los testigos que decían algo que rompía la tesis de las acusaciones, o bien se les ha preguntado si habían mantenido relaciones sexuales con Rosa o si tenían interés, si habían sido amenazados por ella, o bien se ha solicitado la deducción por falso testimonio». La defensora cuestionó así la «demonización» de «la mayoría de los testigos» cuya declaración «no cuadra» con el parecer de Fiscalía o «podía beneficiar a Rosa» e incidió que el «mal gratuito» al que apuntó el fiscal, «por suerte, es muy excepcional» y «no es, en absoluto, el caso de Rosa».

Lamentó también que se haya tratado de dar «un salto cualitativo» al deducir que si Rosa era capaz de mantener «relaciones paralelas y mentir» también podía elaborar un plan y «matar». «¡Es darle tantas vueltas y rizar tanto el rizo!», exclamó. Por ello, apeló al «sentido común», instó a «no ver fantasmas donde no los hay» y pidió poner fin a «la caza de brujas», antes de advertir al jurado del «peligro» de condenar a alguien sin pruebas.

«Mi culpa fue ser el tonto del bote»

Como apuntó la agencia EFE, el otro acusado, Albert López, aseguró en su turno de última palabra que está «tremendamente avergonzado» por haber encubierto el crimen: «Mi culpa fue ser un tonto del bote». Con estas palabras, en alusión al mote con el que Rosa lo bautizó, enfatizó que no tuvo «nada que ver» con la muerte de Rodríguez. 

Antes de sus palabras, su abogado, José Luis Bravo, indicó que no existe ninguna prueba que incrimine a su cliente: «No es ningún asesino y no se ha probado que lo sea». Durante su informe final, el letrado sostuvo que el «factor fundamental para defender la inocencia» de Albert «es la declaración de Rosa», a la que se refirió como «absurda», para recordar que, incluso el jefe de homicidios de los Mossos, aseveró que no descartaba que Pedro hubiera fallecido antes de la llegada a la escena del crimen del policía procesado.

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