Juicio 17A: Tocata y fuga del juez

El magistrado Félix Alfonso Guevara, presidente del tribunal de la Audiencia Nacional que juzga a los tres acusados de los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils, ha interrumpido repentinamente la sesión en la que estaba previsto que las acusaciones particulares y populares presentasen los informes finales

Juicio 17A: Tocata y fuga del juez
El polémico magistrado ha interrumpido a una de las letradas en mitad de su exposición | EFE

Para perplejidad de propios y extraños, el polémico magistrado de la Audiencia Nacional, Félix Alfonso Guevara, ha finalizado la sesión en la que deberían haberse presentado los informes finales de las acusaciones particulares y populares súbitamente. La voz del siempre controvertido juez ha interrumpido a la abogada de la Generalitat, que en aquel momento se encontraba en mitad de su exposición y se ha colado en su discurso con un “eh… un momentín. Tengo que cortar porque tengo una reunión urgente a la una de la tarde y…  es la una de la tarde y no acabamos”. Con un tono vacilante y casi inaudible ha cortado a la letrada, que se ha quedado con la palabra en la boca. 

Así es el impredecible Guevara: una de cal y otra de arena. Es el puño de hierro con diestro y siniestro. El que se hace respetar a gritos en la Sala que dirige hundido en su butaca. Un magistrado volátil, de respuestas afiladas y cortantes como la hoja de un sable. Un muro de hormigón infranqueable e impertérrito ante las lágrimas de las víctimas. Pero es también la mente brillante que apostilla detalles de un sumario aprendido de memoria con una rigurosidad que resulta fastidiosa. Y envidiable. Guevara es también el humor contenido en algún chascarrillo. La palabra amable en un “tranquilícese” reconfortante. El que regala caramelos a los letrados para firmar la paz después de un día de tormenta. Aunque sean ácidos, como él. Y es que si Guevara fuese una melodía, probablemente sonaría con la lugubridad de la Tocata y Fuga de Bach, pieza que, por cierto, se caracteriza por incluir secciones improvisadas. 

Y de este modo, improvisado y casi a la fuga, es como el magistrado ha dado carpetazo a una densa sesión marcada por las reiteraciones de las acusaciones que han mantenido los cargos en contra de los tres acusados. La mayoría, además, se han afanado en vincular a Driss Oukabir con la célula terrorista haciendo un exhaustivo repaso de las pruebas que lo incriminan y que han sido presentadas durante las nueve semanas que ya dura este proceso judicial. De la célula han dicho que estaría ineludiblemente vinculada al autodenominado Estado Islámico y que seguía las macabras directrices de al-Adnani, el que fue portavoz de la organización terrorista. Lo hicieron incluso cuando la casa de Alcanar ya había volado por los aires. Su intención no era otra que llegar hasta el final. Por eso no se creen que el alquiler de la furgoneta fuese casual. Tampoco que el hoy huérfano de letrada por haber dado positivo en COVID-19, Houli Chemlal, estuviese arrepentido. “Si hubiera dicho algo, posiblemente hoy no tendríamos la sangre que tenemos sobre la mesa”, ha sentenciado la abogada Mónica Fanlo, que representa a varios de los agentes heridos durante los atentados. 

En definitiva, las acusaciones defienden que los miembros de la célula yihadista estaban adoctrinados, que sabían lo que hacían, que tenían un modus operandi muy pensado y que habían asimilado la doctrina y metodología del Daesh. Los acusados formaban parte de un plan perfectamente calculado para alterar la paz social. Y su plan no era otro que matar.

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