Juicio 17A: A Houli Chemlal le robaron el alma

La defensa de Mohamed Houli Chemlal mantiene que el presunto miembro de la célula que cometió los atentados del 17A fue manipulado y aterrorizado por otros sujetos radicalizados. Defiende que lo manipularon y controlaron por su personalidad pusilánime pero que él nunca perteneció al grupo terrorista

Juicio 17A: A Houli Chemlal le robaron el alma
Driss Oukabir (en el centro) escucha atento el juicio con el papel de su alegato final sobre el banquillo de los acusados | Audiencia Nacional

Este martes se ha retomado el juicio por los atentados del 17 de agosto de 2017 de Barcelona y Cambrils después de un aplazamiento que ha durado casi dos semanas. El receso se ha debido al positivo en COVID-19 de las defensas de Driss Oukabir y de Mohamed Houli Chemlal, los principales acusados del caso, a escasos días de la exposición de los informes definitivos.

Ya recuperada, aunque con la voz rota, la defensa de Mohamed Houli Chemlal, María del Carmen González, ha basado su intervención en intentar demostrar, una vez más, que el acusado colaboró activamente con la investigación policial. 

Un joven normal al que le robaron el alma

La letrada se ha afanado en dibujar a Houli ante la Sala como un joven de 20 años normal, un estudiante de instituto que vivía con su familia y que posteriormente cursó un módulo. Alguien con quien cualquiera de los oyentes podría identificarse, al que “le robaron el alma y le absorbieron la buena voluntad y la formación que le habían dado sus padres”. La defensa lo ha mostrado como una víctima más. Una “presa fácil” para la organización, que “no le dejaba irse”. Una especie de “recadero” profundamente atemorizado que, por ser el más vulnerable de todos y el menos listo, hacía el trabajo sucio de los terroristas sin rechistar. Lo captaron «como cuando van a la puerta de un colegio y le dan droga a un adolescente para ganárselo como cliente» ha sentenciado.

La imagen de este Houli no encaja con la de los vídeos: hablador y dicharachero. Orgulloso del macabro plan que tenían entre manos. Quizás consciente de ello, Mohamed Houli Chemlal mira fijamente al suelo durante las casi dos horas que dura el discurso de su abogada. Aguanta con deportividad que lo pinte, una vez más, como un chaval “estrecho de miras”. “Mohamed solo cumplía instrucciones, continúa la defensa, “lo han utilizado para hacer una serie de trámites que no han sido tan importantes ni tan relevantes”. 

Amigo de sus amigos

Según ella, Houli no tenía consciencia de pertenecer a un grupo de carácter yihadista inspirado en el Daesh. El inocente Houli es “amigo de sus amigos”, ha banalizado la letrada, “pero ni era un integrante de la célula ni mucho menos formaba parte del núcleo duro”. La defensa ha ido un paso más allá. Tampoco lo considera autor del delito de conspiración para cometer estragos porque, dice, “se desconoce cuáles eran los planes que tenían” con respecto a los explosivos encontrados en Alcanar. Y ni mucho menos lo considera responsable de los atentados de Barcelona y Cambrils. “Houli sufrió un accidente, estaba aislado”, ha justificado la letrada, “no tenía ningún conocimiento de que los atentados, unilaterales e individuales, se iban a producir.” González ha concluído el informe señalando como máximos responsables a los fallecidos, inimputables, como una especie de lobos solitarios que nada tenían que ver con una célula piramidal y estructurada de la que Houli formaría parte. Para ella, el acusado no es ningún radical sino que ha sido la manipulación de su personalidad pusilánime lo que lo ha llevado a relacionarse con ellos. 

El juicio termina con la explosión de Alcanar

Las palabras del Ministerio Fiscal sobre el juicio que ellos consideran “de Alcanar” y no «de Barcelona y Cambrils” ha destapado la caja de los truenos. En defensa de Driss Oukabir, la letrada Eva Papadopulos ha aprovechado para recordar que la imputación de Driss es injusta dado que, como ha dicho la propia Fiscalía, solo se debe enjuiciar hasta la explosión de Alcanar. La letrada reitera que Driss nunca debió ser acusado por unos hechos que no están incluidos en el auto de procesamiento. 

Asimismo, la defensa de Driss, Luis Álvarez, que se ha incorporado tras su recuperación del COVID-19, ha comenzado disculpándose con el magistrado de la Audiencia Nacional, Félix Alfonso Guevara, por su enfrentamiento durante la primera sesión. Aceptadas o no las disculpas, dado que el juez no se ha pronunciado, el abogado ha reiterado, al igual que la compañera de su equipo, que no se puede imputar a Driss por ningún hecho ocurrido con posterioridad a la explosión de Alcanar. 

Una investigación «chapucera«

Además, ha aprovechado para calificar la investigación de los Mossos de “chapucera” y ha intentado sembrar la duda, una vez más, en torno a las cadenas de custodia de los efectos personales de Oukabir. Asimismo se ha quejado de la genuinidad y literalidad de las traducciones y transcripciones aportadas. 

Con respecto a su pertenencia a la célula, el letrado ha sido tajante. “Driss no sabe que existe Alcanar, no ha estado nunca en Alcanar, ni cerca”. Así lo corrobora la geolocalización de su teléfono móvil. Pero la coartada de Driss se ha encontrado con un escollo que desmonta su versión: el testigo protegido que afirma haberlo visto varias veces en la urbanización. “No sé por qué dan tanta credibilidad a este testigo protegido de Alcanar”, ha protestado Álvarez, “hay otra gente que lo sitúa en otras partes. Todos declaran bajo el juramento de decir la verdad, no sé por qué algunos tienen más credibilidad que otros”.

Driss ¿preparado para contraatacar?

Cuando el letrado se disponía a rebatir la teoría del presunto autoadoctrinamiento de su defendido, el magistrado lo ha interrumpido bruscamente. El juicio se alarga, al menos, otra jornada más. Habrá que esperar para saber si finalmente los acusados hacen uso del alegato final. Todo parece indicar que Driss Oukabir intentará defenderse de las acusaciones que han vertido sobre él durante los tres meses que ya dura el proceso judicial. Desde hace semanas, el acusado escucha, atento tras la mampara, mientras sujeta un papel escrito a mano. 

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