Juicio 17-A: las dos caras del imán Abdelbaki Es Satty

El relato de los testigos presentes este lunes en la Audiencia Nacional constata que Abdelbaki Es Satty era una persona reservada, muy consciente de con quién podía hablar de islamismo radical

Juicio 17-A: las dos caras del imán Abdelbaki Es Satty
Mezquita Annour de Ripoll

Abdelbaki Es Satty tenía muy claro con quién podía hablar de la yihad y con quién debía disimular sus más profundos sentimientos radicales. «Tenía dos caras, nos la coló. Con nosotros era de una manera y con los chicos era de otra» ha esgrimido, entre suspiros, el presidente de la Asociación Islámica Annour de Ripoll; asociación que contrató a Es Satty, como imán de su mezquita, en 2016.

El relato de los distintos testigos, todos cercanos de algún modo al entorno de Es Satty, ha constatado – en una nueva sesión del juicio por los atentados del 17-A – cómo el enigmático «imán de Ripoll» no mantenía su duro discurso fanático-islamista con todos aquellos con los que tenía algún tipo de contacto. Jóvenes con poca o nula relación previa con el islam eran blancos fáciles. Por eso el discurso de uno de los jóvenes conversos, Christian R.M., no ha tenido nada que ver con el relato ofrecido por el presidente de la asociación o el excompañero de piso del imán.

Atentar contra un Mercadona

Abdelbaki Es Satty y Christian M.R. se conocieron durante el verano de 2014. El imán tenía contacto con la mezquita La Caritat de Castellón de la Plana, donde el joven converso asistía desde hacia pocos meses. Entablaron cierta amistad, incluso Es Satty le llegó a impartir clases de islam. Pasados unos meses el imán empezó a endurecer su relato: a enseñarle videos de propaganda yihadista y a verbalizarle que cualquiera que no fuese musulmán debía morir. Con el tiempo le llegó a proponer de hacer un atentado terrorista contra un Mercadona, construir una base de operaciones bajo el subsuelo y hacer daño a los infieles.

El joven converso reconoció abiertamente que Abdelbaki intentó radicalizarlo. Pero no lo consiguió. No compartía los pensamientos del imán y se alejó. “Nunca lo denuncié a las autoridades porque no le creía capaz de hacerlo”, ha lamentado ante el Tribunal de la sala de vistas de la Audiencia Nacional. Este joven también coincidió en el tiempo con la llegada de Youseff Alla y el restos de los hermanos mayores a Alcanar (Tarragona) y, a pesar de que intentó advertirles de los pensamientos radicales del imán, éstos no le hicieron caso…

La otra cara reservada y prudente

Muy distinto ha sido el relato ofrecido por los miembros de la junta directiva de la Asociación Islámica Annour de Ripoll. Nunca vieron al imán conversando con los jóvenes a escondidas, no pueden explicar cómo fue el acercamiento, ni cómo iniciaron el proceso de radicalización porque las lecturas en la mezquita siempre fueron «normales». Ni rastro de sus deseos más radicales.

La tónica de sus relatos ante el magistrado (tanto del presidente, el secretario como el portavoz) se ha basado en asegurar que nunca vieron a los jóvenes componentes de la célula con Es Satty. A los jóvenes, no los recuerdan especialmente religiosos e incluso han llegado a asegurar que «ni siquiera sabían escribir bien su nombre en árabe«. Lamentan no haber visto con antelación el proceso de radicalización, ni haber comprobado con margen los antecedentes penales del imán antes de contratarlo. Personaje, a quien su excompañero de piso ha descrito, también este lunes en sede judicial, como una persona reservada y prudente.

«La vida personal de Driss no es objeto de esta investigación»

Este lunes también quedó tiempo para escuchar las declaraciones de uno de los amigos de Driss Oukabir, quien se reencontró después de tres años – aunque en la distancia y tras una mampara de cristal – con quien había sido su mejor amigo desde los doce años. Este joven, vecino de Ripoll, explicó a preguntas de la defensa de Driss como era su día a día antes del 17 de agosto de 2017. La seriedad que debe imperar en cualquier procedimiento judicial (y aun más en uno de estas características) se perdió con las risas de los letrados que parecían tomarse a cachondeo las respuestas del testigo.

Que si drogas, que si sexo, que si mujeres con o sin velo… finalmente, el magistrado presidente, Félix Alonso Guevara Marcos, tuvo que hacer uso de su ya conocido genio para frenar la jauría y recordar a la sala que la vida personal de Driss no era objeto de la investigación judicial que les ocupada.

Este amigo comentó que días antes de los atentados Driss le comentó (o creyó escuchar) que se había hecho yihadista. «Pero acabábamos de tomar [drogas] y pensé que lo decía por que iba fumado». Driss ha verbalizado algo indescifrable desde su burbuja de cristal. Su posición, a pesar de los esfuerzos de su abogado por demostrar que no era un radical, se complica.

1 Comentario

  1. ¿Quiénes podrían dirigir a Abdelbaki Es Satty, gran confidente policial y del CNI?
    Ayudarlo a que no fuese deportado y fuese Imán ya lo sabemos..
    ¿Hasta cuando fue confidente?
    «La casa» y sus líos.

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