Juan Carlos Vázquez: “No abundan las novelas negras que sucedan en el mar”

Juan Carlos Vázquez: “No abundan las novelas negras que sucedan en el mar”
Los nombres de los barcos de Juan Carlos Vázquez

Inteligente, seductor, elegante con un toque anglosajón y exhibiendo ese optimismo que da la corbata… Sí, como un Jaime Gil de Biedma astur, hetero y de prosa, pero igualmente barbado y de cabeza abombillado-pelada; un Gil de Biedma vestido de ejecutivo (como de día vestía Gil de Biedma tal vez para ir a juego con el cuidado formal extraordinario que había en toda su obra literaria), viene Juan Carlos Vázquez al bar que hay debajo de mi casa, de mi vida, con su primera novela bajo el brazo Los nombres de los barcos (Premio Felipe Trigo, Planeta –Fundación Lara-).

Y me sorprende.

Es una muy notable y audaz novela negra sobre el Atlético de Madrid y sobre mafias y robos de arte, pero también es una amenísima novela naval sobre tres barcos con sus respectivas tempestades… Un cruce ente Lorenzo Silva y Jack London… Un comienzo apoteósico en el demasiado homogéneo mundo de la novelería noir.

Decía Azorín que ya no hay historias, que ya las han contado todas, y por eso es tan difícil ser original, pero la verdad es que no abundan en España las novelas de mar…

Es cierto, y eso que vivimos en un país formado por una península y dos archipiélagos, y cuya historia está marcada por hechos que ocurrieron en el mar.

Julio Cortázar a su vez insistió mucho en que el secreto del novelista es no hacer las cosas como hay que hacerlas, Y, en este sentido, precisamente un escenario como el océano parece más adecuado para una novela histórica que para una historia policiaca. ¿Hasta qué punto ‘Los nombres de los barcos’ es una novela negra?

Si consideramos la novela negra como una trama criminal en la que subyace la denuncia de la injusticia social y un conflicto desigual entre el bien y el mal, entonces lo es totalmente; también enlaza con la tradición noir en el aspecto de que, aunque ganan los buenos, esa victoria es pírrica y un tanto agridulce. De todas formas yo siempre digo que no es una novela negra, sino una novela azul marino; muy oscura, pero azul marino.

La denuncia social, ésa que tanto gustaba a Eugenio de Nora al teorizar en su titánica obra La novela española contemporánea, a la que te refieres es la situación de los marinos mercantes de un barco con bandera de conveniencia, una auténtica chatarra flotante, que sufren y mueren en el mismo mar sobre el que quien los explota disfruta de unos lujos casi indecentes a bordo de su yate. No se diferencia mucho de lo que ocurre en tierra firme.

Claro que no. El mar ocupa dos tercios del planeta, y al igual que en tierra hay de todo: héroes y villanos, esclavos y explotadores, quinquis y burócratas, gente honrada y auténticos hijos de puta. La diferencia radica en que el océano se traga los cadáveres, y eso hace invisibles muchas tragedias.

En el principio era el verbo, dicen los novelistas literarios, mientras que los novelistas de género dicen en el principio era la acción. Tu participas de ambos postulado, y de hecho dedicas una descripción sumamente minuciosa al naufragio con el que arranca la novela, que es el que desencadena la acción en distintas direcciones.

El naufragio del ‘Argon’ es un asesinato múltiple, cometido con premeditación y crueldad por un personaje indeseable para ganar unos miles de dólares a costa del sufrimiento y una muerte horrible para un puñado de marineros que malviven como esclavos modernos, pero cuando el asesino ni siquiera tiene piedad con los supervivientes, desencadena la ira de quienes no tienen nada que perder, y eso siempre es peligroso.

¿Los hijos de puta a veces lo son por encima de sus posibilidades?

Yo creo que sí, que muy a menudo no saben parar y eso es lo que les pierde. Las alimañas nunca se sacian y lo quieren todo, lo magro y las vísceras. Saben que las ovejas son mansas y además no tienen dientes para morder, pero cuando no les dejas otra salida, en ocasiones pueden sorprender, y en los rebaños también hay algún carnero.

Una novela realista, según Galdós, es aquella en la que la observación y la documentación son un punto de partida para la imaginación. En la trama también entran las mafias de traficantes de obras de arte, e incluyes en la historia algunos robos reales y muy famosos en museos de todo el mundo. ¿Cómo te has documentado?

Necesitaba robar un cuadro del Thyssen y al investigar cómo podría plantearlo, descubrí que muchos robos en museos se cometían aprovechando grandes fiestas y concentraciones de gente en los alrededores de los museos, de modo que decidí que se llevarían mi cuadro el día que miles de aficionados del Atlético de Madrid celebraban el título de Liga en Neptuno, y además me pareción buena idea incorporar los otros robos reales en la historia y darle así un plus de credibilidad.

La alegoría en esta novela da cuenta de su riqueza de significados… De hecho hasta en los cuadros robados metes barcos…

Sí, todos los cuadros son marinas de pintores célebres, y el del Thyssen es una obra magistral de Edward Hopper que ilustra la cubierta de la novela. Quería que los barcos fueran unos protagonistas más de la historia. Los marinos los consideran casi como seres vivos. Hay barcos ricos y pobres, cobardes y audaces, honrados y mezquinos. Cada barco tiene su carácter y su personalidad. Por eso tienen nombre.

Los barcos como personajes, pero también como escenarios de la novela…

Claro. El mercante que naufraga al comienzo es un escenario para personajes marginales, las víctimas, que pese a jugarse la vida a diario a lo más que pueden aspirar es a sobrevivir. También está el ‘Bernard’, un velero que simboliza la búsqueda de la libertad y que como sus tripulantes tiene como misión navegar y disfrutar del mar, y finalmente aparece el ‘Sniper’, el yate hortera y desmedido que igual que el cabrón de su dueño, parece decir con su presencia que el mar y el universo fueron creados para que él pueda lucirse y aprovecharse de todo lo que contiene.

¿Cuáles son tus referentes en novela negra?

No soy un fanático de la novela negra en particular, pero sí que hay algunos autores de los que soy casi incodicional, como Fred Vargas o Andrea Camileri con su comisario Montalbano. Disfruto mucho con los casos de Bevilaqua y Chamorro, los guardias civiles creados por Lorenzo Silva. PetrosMárkakis es un maestro en cómo utiliza sus novelas para la denuncia social y en los últimos años he descubierto al cubano Vladimir Hernández o al madrileño Paco Gómez Escribano del que admiro su capacidad para perfilar piscológicamente a sus entrañables quinquis del barrio de Canillejas. De todas formas, como siempre que hay una edad dorada en cualquier ámbito de la creación, también se cuelan algunas cosas que no aportan nada nuevo, y eso es peligroso para el género.

¿Y en novela de mar, tienes referentes?

Las novelas de mar me llevan a mis lecturas de juventud, que siempre son las que más se recuerdan. Desde los clásicos como Stevenson, Conrad o Hemingway, hasta otros más contemporáneos como Patrick O’ Bryan y Nicholas Monssarrate o los diarios de navegantes legendarios como Bernard Moitessier, Vito Dumas o Joshua Slocum.

¿Algún proyecto a la vista?

Estoy trabajando en una novela ambientada en las cuencas mineras, en el trabajo y la vida en el interior de las minas de carbón, que es otro escenario de héroes invisibles que acaba de desaparecer y se va injustamente por la puerta de atrás.

¿Y qué tal va?

Bien. Ya he escrito algo más de 80 páginas en tres meses y la semana pasada rompí todas menos tres, así que avanzo al ritmo que se espera que debe avanzar una novela, al menos para mí.

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