José Luis Núñez, un caudillo para la historia del Barça

Michael Laudrup y José Luis Núñez

Ocurrió hace muchos años.

“Jordi, me acaban de dar el OK”, dije exultante. “El presidente nos recibe esta tarde, a las 4, en su despacho de la calle Urgel. Le acompañará su hijo”.

Jordi Martí (uno de los periodistas deportivos de referencia de este país) y yo trabajábamos en los servicios informativos de la cadena SER en Barcelona. El presidente del Barça, Josep Lluís Núñez, había accedido a concedernos la entrevista que durante tanto tiempo le habíamos solicitado.

Los Núñez estaban en el ojo del huracán desde que aparecieron implicados en el llamado caso “Huguet y Aguiar”, una trama de defraudación a Hacienda a través del pago de sobornos a altas instancias de la Inspección de la Agencia Tributaria.

Los Núñez tenían miedo. Eso es lo primero que Jordi y yo percibimos estrechar la mano del presiente en su fastuoso despacho profesional. Era el miedo que se tiene cuando se sabe que algo no se ha hecho bien y que, además, va a trascender.

Lo segundo que nos llamó la atención fue que aquel personaje (todo sea dicho con el mayor de los respetos y sin ánimo de burla) era exactamente la caricatura que sobre él habían construido muchos imitadores.

Lo tercero que constatamos fue que Núñez era o actuaba como lo haría un caudillo y, como tal, desde su corta estatura, trataba de mostrarnos un porte altivo, estirando el cuello hacía arriba, con mirada entre desconfiada y desafiante. Marcando distancias.

Hablamos por espacio de una hora de la tormenta judicial que se cernía sobre él. El presidente del FC Barcelona no llegó al “¿qué cony es la UDEF?”, de Jordi Pujol, pero, tras insistir en su inocencia, trató con previsible displicencia a los inspectores tributarios, fiscales y policías que le investigaban de forma implacable: “¡Cómo son capaces de hacerme eso a mi… ¡A mi!”, parecía decirse cuando no nos preguntaba al respecto (preguntaba más que respondía, que para eso nos concedió la entrevista, coincidimos Martí y yo).

El caudillaje lleva asociado una considerable dosis de arrogancia y esa arrogancia ha sido la china en el zapato para quien durante años pareció no sólo el presidente sino el amo del club.

Esa altivez le abocó a un duro enfrentamiento con Johan Cruyff a quien, con el paso del tiempo, odió profundamente. “Sólo es mi empleado”, dijo del holandés.

Pero Cruyff era, de natural, único, ególatra y excluyente. El flaco le ganó el pulso mientras la pelota entró en la portería. De eso ya se encargaron los Stoichkov, Romario o Laudrup. A base de títulos y de juego deslumbrante, Cruyff impuso durante al menos 4 años sus galones y su dictadura.

El entrenador hacía y deshacía a su antojo y parecía amo y señor del club que Núñez moraba como si fuera un subarrendado. Por no dejar, Johan no dejó al president entrar en el vestuario ni acompañar a los jugadores en el autocar. Y Núñez tragaba. Tragaba quina a litros.

Por aquellas fechas, un día Núñez tuvo la oportunidad de revertir la situación y de volver a ser el patriarca que otrora fue. Pero la desaprovechó.

Ocurrió una tarde de primavera. Núñez se reunió con el representante del Michael Laudrup para decidir el futuro del jugador (un futbolista impecable, profesional, solvente y entregado al escudo blaugrana y a su afición que le amaba como a pocos en la historia del Barça).

El representante del jugador le pidió: “Presidente elige, o Johan o Michael”, -la relación entre el míster y el astro danés era insostenible. Laudrup ya no aguantaba más las “ocurrencias futbolísticas”, los “tejemanejes” ni el “vedetismo” del flaco-.

El presidente pudo estocar al holandés pero no lo hizo. Núñez, una vez más, se plegó a Cruyff y acabó indicándole al danés la puerta de salida del club.

Michael Laudrup acabaría fichando por el Real Madrid, mientras que Cruyff aprovechaba para fichar a Escaich y Kornéyev. Núñez, de nuevo, se arrodilló ante el hombre que más odiaba.

Lo de Núñez y su caudillaje tiene cientos de anécdotas acreditativas de su talente que bien podrían ser objeto de un libro recopilatorio que aunase tantas y tantas historias malditas que se han fraguado en la cocina del club durante estos últimos 25 años. Todo se andará.

La que más me gusta tiene como protagonista a Andriy Shevchenko, el mejor jugador de la historia del Ucrania, uno de los mejores futbolista europeos de todos los tiempos que marcó una época gloriosa en del Milán.

En 1998, se lo ofrecieron a Núñez por 5 millones de euros. Un regalo. “¿Xexenjo?, ¿xesenko?…, a mi no me gustan los rusos…”, respondió flemático el presidente. De nuevo la arrogancia.

Días después, el Dinamo de Kiev equipo en el que jugaba el joven futbolista se enfrentaba al Barça en del Camp Nou y en competición europea. El marcador final del encuentro fue 0 a 4, los cuatro tantos obra deShevchenko.

Núñez llamó atolondrado al representante del jugador: “Oye, que si, que quiero ficharlo”. “Si, presidente, pero ahora cada gol de Shevchenko vale 5 millones. O sea su precio es de 25”. “¿25?”, exclamó ofendido el caudillo para quien la pela siempre fue la pela. “De todas formas veré que puedo hacer”, dijo el intermediario. Éste habló con el presidente del club ucraniano, el reputado empresario, Hryhoriy Surkis que, como es habitual, había asistido al encuentro desde el palco del Camp Nou”.

“Ni por 50 millones lo voy a vender. Ese enano (en referencia a Núñez) me ha humillado, me ha despreciado, me ha tratado como un trapo, no quiero saber nada de él ni de este club”.

Parece ser que Núñez y sus mariachis de la junta le hicieron el vacío absoluto al mandatario ucraniano, nada acostumbrado a las faltas de educación. Shevchenko acabó fichando por el Milán y ganó balones de oro.

Ese fue el Núñez que Martí y yo conocimos: el hombre que permitió el fichaje del “caballero del balón”, Michael Laudrup por el Madrid y que consintió que Cruyff le robara la batuta del club para hundir su reputación deportiva.

La otra, la personal, se la hundió el juez que le condenó a la cárcel por soborno.
Mal final para un caudillo.

1 Comentario

  1. Un mes se tiró Núñez en la cárcel de Cuatro caminos, con privilegios para violadores; policías corruptos y demás gentuza que no se quiere en el departamento DMS.( un departamento especial porque es aquí donde los propios presos no quieren a gentuza corrupta del mal llamado sistema penitenciario)
    A sus 81 años ( rendía cuentas con la vida).
    Y unos largos meses, pocos pero en su cabeza muchos, fue a dormir a la Trinidad, antigua cárcel de jóvenes de Barcelona.
    Sus dos triquinuelas le salieron baratas a precio de oro, la primera corrupción perpetua, le salió casi gratis, la segunda con el consentimiento de la genaridad de Cataluña de no mezclar los a padre e hijo con presos comunes, (Estos son sus corruptos y la mugre que no quiere nadie en prision), casi gratis.
    Una vida de corrupción, ayudado por los dignos ladrones de trage y palabra de orador.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here