Jordania, cuando las piedras hablan

Aunque Petra es el destino más conocido del estado, el país va más allá del desfiladero que nos conduce hasta una de las siete maravillas del Mundo Moderno

Jordania, cuando las piedras hablan
Templo de Hércules

País de montañas y de ensueños, de canciones, desiertos y embrujos, Jordania es una paradoja que está sometida a la arena que la protege y, al mismo tiempo, el aire que la erosiona. Su historia ha visto evolucionar a una docena de civilizaciones y sus tierras han sido un puente entre Oriente y Occidentecuyas fronteras limitan al norte con Siria, al oeste con Israel, al este con Irak y al sur con Arabia Saudí. Cuando el avión aterriza en el aeropuerto de la ciudad Ammán, los colores de esta tierra se reflejan en las miradas de todos y cada uno de los pasajeros que en él vamos. Jordania es un sueño cumplido, una ilusión hecha realidad

Aunque Petra es el destino más conocido del estado, el país va más allá del desfiladero que nos conduce hasta una de las siete maravillas del Mundo Moderno. Los símbolos petroglifos que se enconden en el desierto de Wadi Rum son el preludio de la historia del pueblo nabateo y, desde el Monte Nebo a Wadi Musa, el profeta Moisés está presente entre extensiones de tierra fronteriza y manantiales de agua poderosa. El Mar Negro se seca mientras Amán se desborda y por las carreteras, una de ellas apodada del Rey, cruzan camellos atusados por la vara de un beduino tan púber como un dátil verde agarrado a su racimo. 

FOTOGRAFÍA DE LA URBE DE AMÁN

Las primeras ensoñaciones se hacen realidad en la capital del reino, también conocida como la ciudad blanca. Amán es una de las urbes más antiguas del mundo que sostiene el turismo gracias al enclave en alto de una colina desde donde se puede contemplar el ajetreo diario de su población. La Ciudadela derrocha historia y mediante este paseo por las alturas el viajero sentirá el poder de los príncipes que llegaron a dominarla y la soledad de las princesas que sufrieron en su retiro. 

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Con el libro Memoria de una ciudad: una infancia en Ammán (Salamandra, 1996) el viajero puede descubrir los entresijos de sus calles de la mano del escritor Munif Aderrahman (1933 – 2004). Si hay una particularidad que ha hecho singular la lectura de este libro antes y después de viajar al país donde está basado es poder comparar la Jordania de los años 40 con la de actual siglo XXI y poder contrastar los aspectos de la vida pasada con el presente

Entre sus páginas no solo desfilan personajes pintorescos, como la abuela iraquí del protagonista, sino también se percibe el imperturbable paso de las estaciones, la pasión con la que se afrontan las celebraciones religiosas o el estilo poético que desborda el escritor. Llegar hasta la literatura jordana no ha sido fácil. Poco conocida y por el momento poco difundida, sus historias se escriben en un espejo de identidad particular y esquiva, pero, como la arena del desierto, indestructible. 

Decía Antoine de Saint-Exupéry (1900 – 1944) que “lo que embellece el desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua”. Esta afirmación, que se podría emplear como una buena metáfora de la vida, adopta un sentido terrenal si pensamos que pocos lugares del planeta son tan hostiles para el viajero y, al mismo tiempo, resultan tan literariamente evocadores como los desiertos.

El desierto que rodea Jordania es uno de los más inhóspitos del planeta. Debajo de sus piedras no se esconden pozos de agua ni de petróleo y, por el contrario, sus rojizas estepas trasmiten una calma poderosamente inigualable. Wadi Rum está catalogado como uno de los más bellos del mundo y ha sido elegido el lugar de rodaje para varias super producciones cinematográficas como, por ejemplo, Prometeus de Ridley Scott

FOTO QUE DA NOMBRE AL LIBRO DE LAWRENCE DE ARABIA, LOS SIETE PILARES DE LA SABIDURIA

Para conocerlo bien hay que pasar una noche en él y sentir lo mismo que sintió el Principito rodeado de soledad: “Siempre me ha gustado el desierto, se sienta uno en una duna de arena, no ve nada, no oye nada y sin embargo algo resplandece en el silencio”. 

Si hay un personaje que abrazó está zona y la hizo suya, este fue Thomas Edward Lawrence o, más conocido como Lawrence de Arabia (1888 – 1935). “Vasto, resonante y casi divino”, así definió este lugar el oficial británico en su obra maestra titulada Los siete pilares de la sabiduría (1926). Cuando uno visita el desierto de Wadi Rum vive una experiencia de la que se regresa cambiado, enriquecido, más consciente de la evolución de la historia y más atento a la proyección de uno mismo. 

AQABA

Difícilmente se pueden olvidar las monumentales montañas separadas por cañones, las dunas barridas por el viento o los asentamientos beduinos que, con una amplia y sincera sonrisa, invitan al viajero a un té con cardamomo y a una agradable compañía. 

Aqaba se abre al mundo a través de las perlas del Mar Rojo y al norte, en la ciudad de Jerash, las ruinas romanas sitúan al viajero mas cerca de Occidente que de Oriente. En el libro Viajar a través de las leyendas, los escritores y expertos en viajes José Manuel Pérez Tornero y Santiago Tejedor le regalan al lector una catarsis literaria que nace en Rumania, pasa por Jordania y acaba en China. Seis destinos contados a través de seis leyendas que nos invitan a viajar y a entender el viaje. 

JERASH, LA CIUDAD ROMANA

Sin embargo, no se entendería este deambular jordano si no me apeara de mi camello en Petra. Una puerta se abre al fondo del camino y, tras varios kilómetros, la luz del Tesoro me deslumbra entre sueños. Todavía no he llegado, pero ya puedo tocar sus paredes ásperas y rojizas. 

Caminando por el país de los antiguos nabateos experimento el sentimiento viajero que unas veces me desconcierta y otras muchas me somete. La sacudida de no haber estado fuera de mi hogar, de sentirme como en casa. La misma sensación que me desplazaba por lejanos territorios con la única diferencia de bailar al son de otra música. Para el escritor Lawrence Osborneera necesario exorcizarse después de un largo viaje” yo creo que el simple movimiento del aire nos convierte en otras personas. En mi caso, en una persona del desierto. 

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