Javier Marías, gracias por tu obra y por lo que significa (in memoriam)

La de Javier Marías ha sido y será ya para siempre una literatura perdurable para paladares exquisitos, una literatura escrita con prosa de nuevo rico.

Luis Artigue
La Opinión de Luis Artigue para eltaquigrafo.com

“En el fanatismo hay siempre entusiasmo, por eso es tan peligroso y contagioso, todo lo pinta muy simple y eso atrae a las multitudes. La templanza y la moderación no prenden, o les cuesta un mundo, años en lugar de días” dice Javier Marías en su última novela publicada Tomás Nevinson (2021, Alfaguara), una novela de espías a la John Le Carre escrita con prosa literaria diestra y sabia cuya lucidez disecciona nuestro otra vez fanatizado presente…

Y si eso fuera poco para que yo me rindiera de gratitud y gozo al leer esas páginas, encima en esa novela sale mi amada ciudad de León.

La de Javier Marías ha sido y será ya para siempre una literatura perdurable para paladares exquisitos, una literatura escrita con prosa de nuevo rico de las letras por decirlo con palabras de Francisco Umbral, una de largo aliento en la que reinan la inteligencia dramática shakespeareana, el misterio de la luz y la sombra del cine de Victor Erice, la erudición racionalista filoinglesa que tanto gusta en Alemania desde Goethe, las cosas mal cerradas y las frases redondas… Y así nos ha proporcionado inolvidables horas de placer lector.

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La de Javier Marías es una literatura que ha de figurar en el discurso general de la cultura.

Fue Eugenio de Nora, uno de los mejores lectores de novela que he tenido yo el privilegio de conocer, quien en su día me recomendó que leyera Corazón tan blanco, una novela que es ya un clásico contemporáneo, y desde entonces soy adepto y adicto a las novelas de este autor cuya prosa perfecta, cuya prosa que persigue con ahínco en cada página esa perfección que nunca se alcanza, a veces era tan buena que para mí se convertía en ramaje que no me dejaba ver el bosque de la trama… ¡Pero me daba igual, pues, como una vez me dijo Juan Pedro Aparicio, Javier Marías, como Proust, representa como nadie hoy el placer de leer en sí mismo.

Revisen a tal efecto Los enamoramientos, y verán. Por ejemplo cuando dice “el amor es un afán de engendrar en la belleza”.

Revisen cualquiera de sus novelas y se encontrarán a un novelista que crea mundos con tanto decorado como contenido…

Esta tarde se ha muerto tras un calvario devenido de la Covid, y me duele la tristeza de no haberle dado nunca las gracias por tanto; por todo.

Éramos mejores gracias a la obra de Javier Marías.

Se van los mejores y quedamos nosotros con esta cara triste de ahorcados a media salve, joder.

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