‹Iter criminis›: No todo es punible

El Derecho Penal sanciona conductas, no pensamientos. Si fuera así, muy pocos de nosotros viviría fuera de una prisión.

Paz Velasco de la Fuente

Nuestro Código Penal tipifica como delitos y delitos leves, conductas consumadas: una injuria, un robo, una agresión sexual o un asesinato. Sin embargo, no solo éstas son punibles. También lo son determinadas situaciones anteriores a la perpetración de ese delito. El iter criminis es el «camino hacia el delito», y consta de diferentes fases que se identifican con el evento delictual doloso: desde la ideación y la decisión de cometer un delito hasta el momento de su ejecución. Nuestro Derecho Penal actuará cuando comience a exteriorizarse la voluntad del autor, no antes.

Fase interna del iter criminis

Pongamos como ejemplo un asesinato con alevosía. El Derecho Penal sanciona conductas, no pensamientos. Este fuero interno se divide en tres momentos: a) la génesis del crimen, la ideación: aquí nace el propósito y la idea de delinquir; b) deliberación o planificación: se estructura un modus operandi (como se va a llevar a cabo el asesinato para que se ejecute con éxito); se tiene claro cuáles son los motivos para matar a otra persona (móvil); y se valoran cuales serán las consecuencias de sus actos en caso de ser detenido o detenida y c) la toma de decisión: decide llevar a cabo su plan, solo o en compañía de otra persona.

Pero pensar, idear y planificar un crimen no es punible, ya que todo ello pertenece al fuero interno del sujeto. Odiar «por dentro» a otro, tampoco es punible, y esto es mucho más común. ¿Por qué no se puede castigar el fuero interno de un sujeto? Primero, porque el delito es acción, no pensamiento. Como sentenció Ulpiano en el Digesto, obra cumbre del Derecho Romano «cogitationem peenam nemopatitu»: nadie puede ser castigado por sus pensamientos. De ser así, casi todos los miembros de nuestras sociedades viviríamos privados de libertad y el mundo sería una prisión enorme. Además, si se castigaran los pensamientos, se invadiría la conciencia de los demás. Ahora, no entraré en las conciencias, aunque me tienta mucho hacerlo, porque no todos los pensamientos van dirigidos al crimen. Están aquellos que piensan, por ejemplo, en cómo manosear o agredir a un menor. Por cierto, en el libro, 1984, de George Orwell, el Gran hermano sí castiga los pensamientos. Una sociedad «distópica» que espero que no lleguemos a ver.

Esta fase tiene mucha más importancia para la criminología, que para el Derecho Penal, ya que estos pensamientos intrusivos e intencionales se podrían convertir en fantasías recurrentes que pueden gestar a futuros agresores y homicidas sexuales en serie.

Fase externa del iter criminis

Aquí la cosa cambia, porque esa voluntad delictiva ya pasa a la realidad y el delito cobra vida. En primer lugar, se puede manifestar la intención de cometer un delito a otra persona, pero tampoco esto es punible. Y menos mal. Si lo fuera, muchos irían de cabeza a esa prisión mundial. Pero, a partir de este momento, se pueden llevar a cabo determinados actos preparatorios que ya están dirigidos a ejecutar el crimen. Son punibles la conspiración (cuando dos o más personas se unen para ejecutar un delito), la proposición (cuando el que planifica el crimen «invita» a otra persona a que le ayude) y la provocación (que supone invitar a terceros, mediante diferentes medios que faciliten su publicidad, a participar en la comisión de un delito).

Finalmente, se producen los actos de ejecución y se comete el crimen. Puede que solo quede en tentativa sin consumación, bien porque el autor, por propia voluntad, decide no seguir adelante con el «plan» (tentativa inacabada) o bien cuando comienza a ejecutar el plan pero, por diferentes razones ajenas a su voluntad, no consigue el resultado esperado. 

Pero no todos los crímenes se planifican. Y en los que sí existe un plan, éste debe demostrarse en el juicio.  El cómo se mata a la víctima, con qué se la mata y porqué se la mata, forman parte de ese plan. ¿Qué ocurre cuando hay un asesinato y estas preguntas no tienen respuesta?

1 Comentario

  1. Muy buen artículo , en derecho penal lo estamos tocando el tema el iter criminis .
    Si la justícia fuera justícia miraría el caso de Rosa con detenimiento pero aquí ha prevalecido más la corrupción penitenciaria de algunos , la vida personal de Rosa y el propósito de alguien en hacerla culpable a cuesta de lo que sea.
    Animos Rosa peral yo creo en tú inocencia

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