Influencers vs. Restauradores

No hace falta ser ingeniero aeronáutico para imaginarse la publicidad negativa que les puede causar ese blog con 22.000 seguidores

Ricardo Gómez de Olarte

Hace poco escuché en la radio el plante de un restaurador frente a un influencer. Al parecer un influencer le ha ofrecido a un restaurador aparecer en su blog a cambio de comer gratis. Roberta y Mikel ofrecen subir publicidad en su blog con diferentes historias y fotos a cambio de comer sus mejores platos. Nada dicen al respecto de lo que puede ocurrir en caso de negarse a dicha publicidad, pero es de suponer.

No hace falta ser ingeniero aeronáutico para imaginarse la publicidad negativa que les puede causar ese blog con 22.000 seguidores. Apenas difiere de la oferta de aquel periodista de La Vanguardia que promocionaba los servicios de relaciones públicas de la empresa de su mujer a cambio de salir siempre bien en dicho medio. Evidentemente, si no había contrato con la compañía de la esposa, el entonces cronista de sociedad se encargaba de poner de chupa de dómine al empresario en cuestión. Los tiempos cambian, pero poquito; las personas, menos.

El caso es que el dueño del restaurante le ha contestado que “si un poquito de por favor”, que si “lleva perdidos 50.000.- € con esto de la pandemia”, y que un poco más de empatía y que las cosas se hacen desinteresadamente. No es que no le falte razón al restaurador, pero uno, que ya es perro viejo, se conoce el reverso de la moneda. O el lado oscuro de la fuerza, que diría un friki de Star Wars.

Me imagino la siguiente escena en alguno de los restaurantes de alrededor de los Juzgados, entre algún compañero de profesión y el dueño del negocio, no tan amigo de quedar bien como el de la historia escuchada en la radio.

-Joder José Manuel, pues no han venido un par de pijos y me han dicho que quieren comer gratis durante una temporada.
-¿Qué te ha pasado?
-Exactamente lo que te he contado. Que ha venido una pareja de pijines y después de meterse una mariscada de las caras, antes de pedir la cuenta, me dicen que es mejor que los invite para salir muy bien en su blog de influencers. Pero que si no comen gratis… Que yo mismo. Han hecho fotos de todo el restaurante y claro, todo se puede manipular.
-¿Qué les has dicho?
-Que se fueran a su casa, pero que antes pagasen, por supuesto. Y les he llamado sinvergüenzas
-¿Te han pagado?
-Sí, sí, finalmente han pagado. Pero tengo miedo que me pongan de vuelta y media en Internet. Ahora la publicidad negativa es muy mala.

Por cierto, José Manuel, ahora que te tengo aquí. El otro día vinieron del Ayuntamiento en relación al otro local que sabes que quiero abrir. Y me están exigiendo un sistema ignífugo que yo creo que no es legal. Espera, que mientras te tomas este chupito, te traigo los papeles, te los miras y me dices qué puedo hacer. Por el chupito no te preocupes que te invito.

A su vez, me imagino un poco más tarde a José Manuel llamando a Paco, su compañero de despacho para consultarle una duda para un cliente “que es de toda la vida” y al que, si bien no le cobrará por esa consulta específica, sí lo hará en la próxima factura por “consultas varias”.

¿Y quien no se imagina a Paco, llamando a Pepe, su amigo del colegio que es arquitecto, para unas grietas que han salido en su casa?

¿Y quién no es capaz de ver a Pepe, llamando a Juan para quejarse de la cara de Paco y luego consultarle sobre un dolor que nota desde hace tiempo en el costado derecho?

A consulta de esquina, receta de mierda”
Dr. Arsenio Valoria Infante

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