Ibai Llanos, el gordo de la lotería

Ibai Llanos, barba de Sandokán, cuerpo de morsa, verbalidad de árbitro de combate de boxeo en el hotel de las Vegas de Donald Trump, y desaliño como estupefaciente

Ibai Llanos, el gordo de la lotería
Ibai Llanos

Mostrar la estupidez rentable como si fuera un subterfugio del idealismo, vende mucho. Por eso existe Gran Hermano. Y La Isla de los Famosos. Y el Sálvame. Y la telepena (por decirlo con el título de una vieja novela stendhaliana de Álvaro Pombo). Y la entrevista de Jordi Évole a Ibai Llanos

Como si estuviera entrevistando al Papa Francisco, como si no se tratara de una hipérbole del peterpunismo de la generación Z, como si la vida fuera una comedia tardadolescente de sobremesa, como si no estuviera ante un Paquirrín de internet infantilizado y psicológicamente preocupante que vive con los colegas en una mansión tan XXL como su pantalón del pijama de salir por la tele, Jordi Évole, esta semana pasada, ha entrevistado al youtuber o streemer o zampaboyer Ibai Llanos.

¿Era una entrevista o una felatio publicitaria?

No le ha preguntado si se consideraba un adicto. No le ha preguntado dónde estaba la sección de novela rusa en la biblioteca de su casoplón de 12.000 euros al mes. No le ha preguntado si por su forma de ganarse la vida se sentía como un vendedor de droga a menores de edad. No le ha preguntado por su lenguaje grueso de nulo nivel conceptual y con el cual solo sabe vender la nada con intensidad y desparpajo. No le ha preguntado por su déficit de formación e información…

No le ha preguntado nada incómodo, sino que, a lo sumo, ha dejado que sea la cámara la que hable en imágenes tan sutiles que casi ni se pillan sobre las contradicciones del grotesco personaje de cuadro de Fernando Botero.

¡Decepcionante el otrora incisivo Évole!

Ibai Llanos, barba de Sandokán, cuerpo de morsa, verbalidad de árbitro de combate de boxeo en el hotel de las Vegas de Donald Trump, desaliño como estupefaciente. Pero mientras la cámara se centra con cierta malicia en el casoplón, y en la pista de padel, y en la chacha sudamericana que pone la leche con kellogg’s a los chavales y saca la basura (todo muy revolucionario de Galapagar), lo cierto es que la entrevista se demora en mostrar el lado fotogénico del alma del influencer, y el de su familia bilbaína de clase obrera.

Vende entonces el streemer ante la cámara un aplomo algo teatrero a la hora de lidiar con las aprensiones púberes: un aplomo que su obesidad mórbida desdice.

Y muestra sin ambages que, como la novela de David Foster Wallace La Gran Broma, lo suyo es el exceso con muchas capas.

Pero, a pesar del masaje televisivo que Jordi Évole le va haciendo, todo un lavado de imagen, no logra disuadirnos de que esa casa es como la Conjura de los necios de John K. Toole. Y que allí se odia más la cultura que Ana Obregón a María Zambrano, y más la cultura del esfuerzo que Paris Hilton a un pico y una pala.

Jordi Évole parece que pretendía una cosa y consiguió la contraria: tras ver a Ibai Llanos en esa entrevista, tuvimos la sensación de estar contemplando a un Maradona que nunca fue delgado, ni argentino, ni del Barça, ni la mano de Dios; que siempre fue del Fútbol Club La Cosa Nostra. Era como ver en el circo a la mujer-barbuda, y pagar con gusto por eso; por ver algo tan raro y grotesco que daba miedo y atracción. Era como asomarse a un abismo, y sentir vértigo, y ponerte a correr en la dirección contraria con más ganas.

El izquierdoso cuando le conviene Jordi Évole no hizo ver a Ibai Llanos que los videojuegos y YouTube son el opio del pueblo: sobre todo el opio de una generación a la que hay que anestesiar políticamente como sea para que no se den cuenta de que, en efecto, son la generación más formada, estafada y maltratada de la historia.

Una generación cuyos mejores representantes han sido expulsados de nuestro mercado laboral hacia el de Europa y Norteamérica (esos sí son exiliados y no los forajidos catalanes independentistas que delinquieron y huyen para no cargar con las consecuencias del delito), y los que quedan aquí están tan subyugados y son tan temidos que se les pone a un tonto útil del capitalismo como Ibai Llanos para que los amanse y pastoree.

Jordi Évole no le abrió los ojos a Ibai Llanos haciéndole ver que es un timo como el de la lotería.

En este sentido en la España supersticiosa y desleída que dejó la Guerra de la Independencia, una España tan asfixiada a impuestos, latrocinios y pillaje que ya no se la podía pedir nada más vía impuestos sin un consiguiente levantamiento insurreccional, a uno de los políticos pragmáticos de la época, D. Ciriaco Gonzalez Carvajal, Ministro del Consejo y Cámara de Indias, se le ocurrió algo brillante: crear «un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto reconocido de los contribuyentes»… Sí, se le ocurrió instrumentalizar la estupidez y superchería de la época creando un nuevo impuesto que la gente pagara voluntariamente sin darse cuenta de que era un impuesto más. ¡Así surgió la lotería! La propuesta tuvo una acogida muy favorable y, en sesión de 23 de noviembre de 1811 de las Cortes de Cádiz, fue aprobada sin un sólo voto en contra, y el 4 de marzo de 1.812, quince días antes de que se proclamara la primera Constitución de nuestra historia, se celebró en Cádiz el sorteo de esta nueva modalidad de Lotería.

Sí, la lotería, ese impuesto encubierto, ese engaño para los descontentos con su suerte en la vida que necesitan creer en quimeras tales como que les puede tocar el gordo aunque la probabilidad matemática de que les toque sea la misma de que les caiga sobre la cabeza un meteorito mientras están copulando con Nicole Kidman.

Jordi Évole no le preguntó a Ibai Llanos si reconocía que lo suyo de youtuber streeming o como se llame era la excepción que permite el negocio; que él ganaba una mínima parte de lo que los incautos que querían ser como él y jamás lo conseguirían por estadística, pagaban; que él era el tonto útil del sistema para tontos…

¡No, Jordi Évole no le preguntó a Ibai Llanos si sabía, y le daba igual saber, que es carnaza tirada al mar para tener entretenidos a los tiburones, y que no agiten las aguas, y que así este mar de la sociedad siga siendo, como en los tiempo de la Guerra de la Independencia Española, un lugar con caciques, y lacayos, y gente supersticiosa que cree que las cosas pueden cambiar de repente, y ante cuya superchería resulta creíble un Pablo Iglesias cuando, como esta semana, sale por la tele diciendo que va a ser candidato porque ha hecho primarias, esto es, porque lo ha consultado con su prima!

Jordi Évole no le dijo a Ibai Llanos que era el gordo de la lotería.

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