Historia de una violación eterna

Siete hombres haciendo cola para penetrar el cuerpo inconsciente de una niña de 14 años, es una violación, no sólo del cuerpo de esa mujer, sino de sus derechos humanos más básicos

Nuria González

Hagan un esfuerzo de empatía e imaginación e intenten ponerse en la siguiente situación, o volver a cuando se parecían en algo a la triste protagonista de esta historia.

Año 2016. Una adolescente de 14 años, de un barrio de extrarradio en una mediana ciudad de más extrarradio aún, queda con sus amigas también adolescentes. No hay mucho dinero que gastar y, por ende, no hay muchas cosas que hacer, más allá de sentarse en un parque y entretenerse con el único divertimento al alcance de todas, que es el móvil.

Llegan otros adolescentes, un grupo de compañeros del instituto o de conocidos del barrio. Todos un poco más mayores. Esa edad justa, de 18 o 19 años, en la que los chavales pirran a las adolescentes. Se juntan y alternan. Ríen, tontean, alguien saca un porro, alguien más propone ir al badulaque a comprar unas litronas. Es posible que en ese grupo de chicos estuviera el que le gustaba a nuestra adolescente. El que veía en el instituto, el que seguía en las redes sociales. Es posible que ese chico lo supiera, y el coqueteo fuera mutuo.

Pasa el rato y nuestra protagonista hace exactamente lo mismo que el resto de chicos y chicas que los acompaña. Estar ahí, en el banco de un parque. Como ha hecho el 99,9% de la gente alguna vez en la vida.

Imaginen que, en un momento dado, el chico que le gusta a nuestra niña se le acerca. Ella tiene 14 años y su inexperiencia es total. Por eso, cuando el chico le propone que se vayan a una casa abandonada unos metros más allá, a ella le parece el mejor plan del mundo. Seguramente se sintió feliz, entre otras cosas, por el efecto del alcohol en un cuerpo pequeño y para nada acostumbrado a los excesos.

El tipo, que no sabemos de su experiencia pero sí de su maldad demostrada, aún le daba a la niña más alcohol para tenerla completamente a su merced. La niña confía en él. Porque con 14 años aún no te ha dado tiempo a entender que no todos los hombres son agresores, pero que cualquier hombre puede serlo en un momento dado.

El plan del chico funciona a la perfección y la muchacha acaba perdiendo el conocimiento. En ese momento, ante ese cuerpo inerte y sin voluntad, el chico, en lugar de llamar a las amigas de la niña para que la llevaran a casa, llamó a sus amigos para que se organizaran en fila y violar a la niña de 14 años por turnos de 15 minutos cada uno. Entre ellos se controlaban que no se pasaran del tiempo, con la consigna de “tienes 15 minutos, date prisa que luego me toca a mí”.

Hasta 7 tíos (según la sentencia), la violaron durante horas, repetidamente. Hagan la cuenta. Si cada violador la violó dos veces, como mínimo, fueron al menos dos horas y media seguidas de violación ininterrumpida.

A las amigas que estaban sobrias también las llamaron y las obligaron a mirar, en un claro ejercicio de coacción, para que vieran lo que les podía ocurrir si denunciaban lo que había pasado.

Al mismo tiempo, otro de los colegas se pajeaba viendo la película porno que en directo le habían montado los amiguetes. ¡Por fin no tenía que verlo sólo en internet! Este tipo supongo que se creyó menos malo que los que penetraron a la chica una y otra vez. Y lo terrible, es que la justicia acabó avalando su tesis.

En los días siguientes, los chicos se dedicaron a plantarse debajo de la ventana de la chiquilla a amenazarla e intimidarla para que no se le ocurriera denunciar lo ocurrido.

En un acto de valentía absolutamente titánico en una niña de 14 años, y después de haber pasado por una violación salvaje en grupo, la chica contó lo sucedido y acudió a denunciar. Cualquier mujer que haya tenido que pasar por el penoso trámite de intentar denunciar una agresión, más aún, una agresión sexual, en una comisaría, sabe que no se trata de algo fácil, porque lo único que se mantiene siempre es la puesta en duda de todo lo que dice la víctima.

Aún así ella lo hizo. Con 14 años. Tras una violación múltiple. Sin recursos. Con acoso y amenazas. Lo hizo.

Es curioso que este caso, que para mí es incluso más grave que le caso de la violación de Pamplona (sólo en términos estrictamente jurídicos, por supuesto), al ser la víctima menor de edad, y al haber más número de agresores, pasó por la prensa casi sin pena ni gloria. Excepto en algunos colectivos en Catalunya y en momentos puntuales, nadie ha tenido a bien en la prensa explicar el horror de este caso, coloquialmente conocido como la “Manada de Manresa”. La jauría es mucho mejor término para estas ocasiones.

No es la única violación múltiple obviada por los medios y las autoridades. Tenemos casos similares en los últimos 2 años en Molins de Rei, Málaga, y así hasta 37 violaciones en jauría sólo en 2019.

Y puede que sea porque no existió en este caso de Manresa esa presión, que los hombres y mujeres que imparten justicia lo han hecho de una manera muy particular.

Para empezar, ha habido dos acusados que han estado fugados durante todo el procedimiento, y a los que no han sido capaces de detener ni siquiera durante los meses de confinamiento total! Ustedes me perdonarán, pero si en algún momento fue fácil encontrar a alguien fue ahora. Pero parece que, en esta investigación, no fue posible.

De los siete chicos juzgados, ninguno ha sido sentenciado por violación, puesto que, primero la audiencia provincial de Barcelona y después, la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, han concluido que, como la chica no opuso resistencia, no existe agresión sexual, sino sólo abuso. Esto, obviando que es difícil que un cuerpo inconsciente pueda oponer resistencia alguna, y en contra de la doctrina más que clara del Tribunal Supremo tras la sentencia del caso de Pamplona.

El pajillero mirón estaba en lo cierto y ha sido absuelto de todas las acusaciones de este caso.

Si esta niña quiere que se aplique en justicia, lo que ya determinó en su momento el Tribunal Supremo, y que también ha referido el presidente de la Sala Penal del TSJC en un voto particular, en contra de sus dos compañeras de sala, las dos juezas que no ven violación ni agresión en los hechos que les acabo de relatar, tendrá que seguir su batalla legal, con toda la escasez de medios y con el desgaste físico y mental que esto debe suponer para esa mujer.

Y que se le aplique la justicia que reclama es no es más que, que se determine que siete hombres haciendo cola para penetrar el cuerpo inconsciente de una niña de 14 años, es una violación, no sólo del cuerpo de esa mujer, sino de sus derechos humanos más básicos.

Yo me niego a pensar que este tipo de sentencias absolutamente misóginas y que, además, no se ajustan a la doctrina del Supremo, se vayan a arreglar con cursillos de sensibilización en violencia machista y de perspectiva de género para sus señorías. Y tampoco creo que quien imparte este tipo de justicia lo haga con arreglo a los principios más básicos de humanidad. Eso no se arregla con ningún cursillo acelerado.

La realidad en este momento es que la violación eterna grupal que se inició en Manresa hace más de cuatro años, continúa. Sólo que ahora, a la lista de “abusadores” se ha sumado más gente.

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