“Hemos demostrado que a la empresa no le interesa nuestra protesta”

Un centenar de repartidores de Glovo se han manifestado este jueves en Barcelona para criticar sus condiciones laborales y decir que son falsos autónomos.

Un repartidor de Glovo | EP

“Somos esclavos de la aplicación” sentenciaba Brian González, organizador de la manifestación, al finalizar la marcha. “No han asistido muchos glovers —aseguraba a eltaquigrafo.com—, pero nos hemos sentido muy apoyados por muchos sectores y, al llegar ante las puertas de la central, se ha demostrado que a la empresa no le interesa nuestra propuesta”.

El recorrido de la manifestación, en la que han participado un centenar de riders, finalizaba a las puertas de la central de Glovo en Barcelona, donde se concentraron a la espera de ser atendidos por responsables de la multinacional. Al no recibir respuesta, la movilización se disolvió, cerca de las 14h de la tarde.

“Volveremos el jueves de la semana que viene”, proseguía González. “Hemos mantenido otras reuniones, pero ahora somos más fuertes y tenemos más apoyo”, sentenciaba el organizador.

Precariedad laboral

En una entrevista en RAC1, Dani Gutiérrez, portavoz del sindicato RidersxDerechos —ente organizador de la movilización de este jueves, junto con la Asociación Autónoma de Riders—, explicaba que “los repartidores trabajan sin seguro, sin prevención de riesgos laborales y no tienen vacaciones; viven pendientes de la aplicación constantemente”.

El sistema de Glovo ha sido muy criticado por muchos; incluso el Tribunal Superior de Justicia de Asturias reconoció esta semana que los trabajadores de Glovo son una parte de la empresa y no meros colaboradores. Por lo tanto, se reconocía que eran “falsos autónomos”.

Y esto es así, según los mismos riders, porque la empresa ejerce un control y una presión desproporcionada hacia sus trabajadores, quienes, en teoría, deberían organizarse las horas de trabajo como mejor les conviniera. “No tenemos autonomía” aseguraba González.

¿Cómo funciona exactamente?

Según han relatado varios repartidores a este medio, los trabajadores están conectados a la aplicación. Ésta, a través de un algoritmo que tiene que ver con los repartos a llevar a cabo y la puntuación que recibes por ellos, te asigna unas franjas horarias concretas. Pero al no haber un horario estricto, los riders deben estar permanentemente pendientes del teléfono para no perder la oportunidad de coger un pedido.

Y, a pesar de ser autónomos y poder rechazar las comandas según la disponibilidad, hay que matizar que Glovo establece un sistema de puntuaciones. Todos los trabajadores empiezan con 50 puntos y si quieren llegar a obtener 100, el máximo, y de este modo trabajar en las mejores franjas horarias y poder disponer de los repartos más atractivos económicamente, deben hacer las entregas en las horas establecidas, que el cliente haga una buena valoración y cumplir con los horarios impuestos por la empresa.

Si no se cumplen estos requisitos en todos y cada uno de los pedidos que recibes a lo largo del día –un pedido y medio por cada hora, aproximadamente– la empresa te penaliza con mala puntuación, te disminuye las horas de trabajo y te adjudica franjas intempestivas.

¿Y la empresa?

Este medio ha intentado ponerse en contacto de nuevo con la empresa y, por segunda vez, no se ha obtenido ninguna respuesta. Sin embargo, varios trabajadores han asegurado a eltaquigrafo.com, a raíz de reuniones anteriores con los responsables de Glovo en Barcelona, que la empresa justifica sus políticas de trabajo porque creen que son beneficiosas para sus trabajadores.

Estas mismas fuentes reconocen que varios ejecutivos de Glovo han llamado a distintos líderes del colectivo riders, entre ellos, Brian González, y han mantenido reuniones para intentar solucionar la situación de los trabajadores, asegurando que “la intención de escuchar existe, pero luego cuesta más llevarlo a la práctica”.

González espera poderse reunir la semana que viene con los responsables de la multinacional en Barcelona y que no pase como este jueves, que se encontraron las puertas de la sede cerradas y nadie salió a atenderlos.

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