Hay violaciones que siguen siendo invisibles

Las violaciones y agresiones sexuales dentro de la pareja son una de las realidades más crueles e invisibles a las que se enfrentan las mujeres. Sin apenas sentencias condenatorias, sigue siendo un gran tabú que ni se denuncia, ni se reconoce

Hay violaciones que siguen siendo invisibles
Imagen de archivo / La Voz de Galicia

Este viernes la Audiencia Provincial de Girona ha facilitado a los medios una sentencia condenatoria por violencia de género. La sección 4ª de lo Penal de dicha Audiencia le ha impuesto al acusado una pena de 11 meses de prisión por cada uno de los dos delitos de maltrato en el seno de la pareja que han quedado probados tras la vista oral. Pero, sin embargo, lo ha absuelto del delito de agresión sexual con penetración del que se le acusaba.

Según el fallo: “no ha quedado acreditado que en la madrugada del día 8 de marzo de 2020, sobre las 05:00 horas, en un área de servicio de la autopista de Barcelona a Girona, el acusado, tras pasarse a los asientos traseros de su vehículo donde su pareja estaba adormilada, le bajase los pantalones y la ropa interior, y la penetrase o intentase penetrar vaginalmente”.

Las violaciones invisibles

Pero, al margen de si en este caso en concreto los hechos realmente sucedieron de un modo u otro, la realidad es que raramente se condena a un acusado por violación, cuando ésta se comete en el seno de la pareja. Aunque en nuestro país existen sentencias muy reveladoras, pero también demasiado puntuales en este sentido, lo cierto es que según la OMS: 1 de 4 mujeres ha sufrido violencia sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida. Un cifra muy superior a las denuncias que se conocen y, en efecto, a las sentencias emitidas; pues difícilmente llegan a condenarse estas prácticas “por falta de pruebas”.  

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No existen denuncias

Ante este problema, el primer “error” es justificar al agresor. Según un informe de Amnistía Internacional, publicado en 2012, pero cuyos resultados siguen vigentes, acorde con datos recientes del Consejo General del Poder Judicial, sólo el 1,1% de los casos instruidos en Juzgados contra la Violencia de Género tienen que ver con la violencia sexual en el seno de la pareja.

Este porcentaje, lejos de representar la realidad existente, es un reflejo de la falta de denuncias que existen en este sentido. Las mujeres, de forma generalizada, a pesar de saber que ser forzadas a mantener relaciones sexuales – aun siendo la otra parte la pareja habitual – está considerado un delito, lo asumen como algo “normal”. Cuando lo “normal” debería de pasar por tener la capacidad de decidir siempre de forma consensuada sobre el cómo, el dónde y el cuándo. Por supuesto, también, el con quién.  

Sin embargo, parece que iniciar una relación con alguien es sinónimo de olvidar que se puede decir “no”. “Cariño, hoy me duele la cabeza”, “me duele la tripa”, “estoy cansada”. Todo ello, lamentablemente, suelen ser excusas, eufemismos, porque las mujeres en muchas ocasiones seguimos – por presión social – sin ser capaces de mirar a nuestra pareja a los ojos y decirle “paso, hoy no me apetece”.  Y los estudios, la experiencia y las tardes con amigas confirman que muchas veces cedemos, “por que es lo que toca”. Y lo hacemos sin rechistar.

Existen pocas sentencias condenatorias

Y cuando esta práctica pasa ciertos límites del respeto y la tolerancia, y se abusa de forma descarada, las hay que deciden denunciar. Con vergüenza y miedo, por que claro, siempre será “tu palabra contra la suya”. Y el resultado, como afirma la abogada penalista Carla Vall en una entrevista para eldiario.es, suele ser la absolución. Como en este caso de Girona. “La absolución es lo más común, no porque no se pueda probar, sino porque en muchas ocasiones la palabra de la mujer no se toma en serio y acaba considerándose que ‘no se entendieron’ o que ‘él no podía interpretar que no había consentimiento’”.

Aunque existe una minoría de mujeres que acusan de forma falsa con el único objetivo que el de perjudicar a sus maridos, expertas en la materia como la fiscal valenciana especializada en violencia de género, Susana Gisbert, insisten en romper con esos mitos y en estudiar más y de mejor manera los casos de violencia de género, pues en un buen porcentaje de ocasiones conllevan, además, delitos de abuso y/o agresión sexual.

Un tabú

Y, de este modo, 1 de cada 4 mujeres es violada por su pareja de forma habitual y ni nos enteramos. En el mundo en el que vivimos, y esto no viene de nuevo, las mujeres tienen miedo a plantarse. Prefieren pasar desapercibidas. El “qué dirán”, el “silencio” sigue provocando muertes, violaciones y agresiones en el seno de la pareja. La vergüenza siempre acompaña a la mujer víctima y parece que en raras ocasiones lo hace con el hombre agresor.

Las violaciones dentro de la pareja son una realidad. A veces de forma más o menos inconsciente, otras con pleno conocimiento de causa. Vall asegura que muchas mujeres todavía no son capaces de asumir una realidad tan cruel. De enfrentarse a ella y decir basta: “me presiona, me insiste… pero difícilmente le llegan a llamar agresión sexual o violación”. Y así, a diario, se suman nuevas violaciones invisibles e invisibilizadas en nuestro país… Sumándole una falta absoluta de educación sexual – el gran tabú de este país nuestro – que promueve todavía más esta realidad.

No sé si el caso de Girona está dentro de este pequeño grupo que mencionaba Gisbert, o si, por el contrario, en una muestra más de que la palabra de la mujer no tiene valor jurídico. “Cómo iba a interpretar él que, después de las palizas, ella no querría mantener relaciones sexuales”… (nótese la ironía).

1 Comentario

  1. Que un periódico como El País empiece a reconocer la problemática migratoria que afronta España refleja la gravedad del asunto.

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