Hay vida antes de la muerte

Adiós muy buenas de Xavier Sardà
Adiós muy buenas de Xavier Sardà

La llorona

La Parca, Pelona, Huesuda. Muchas son las formas de referirnos a la muerte, en algunos países utilizan decenas de ellas.

Es un tema recurrente a lo largo de la historia de la humanidad. Se le han erigido grandes templos, dedicado libros y oraciones. Le temen por igual poderosos y humildes, todos la observan de reojo e intentan escapar de ella. Plegarias, pócimas, conjuros o las más avanzadas tecnologías utilizadas con el fin de evitarla con resultados obviamente negativos. Quizá por ello jamás he comprendido esa fascinación por la muerte, ni siquiera el temor hacia ella. Es la nada, carece de interés. Es el spoiler definitivo, apenas abrimos los ojos a la vida ya sabemos el final. Qué aburrimiento, qué banal la obsesión por ella.

Esa pretensión de inmortalidad puede llevarnos a la insensatez de una vida desperdiciada y enloquecida como le ocurre a Dorian Gray. Estar ausentes de la vida incluso antes de la muerte, ¡qué pérdida de tiempo!

La muerte es el spoiler definitivo, apenas abrimos los ojos a la vida ya sabemos el final

Debo ser un tipo frívolo pero estoy tan empeñado en vivir y disfrutar de lo que la vida me ofrece que solo vuelvo la mirada a la muerte para burlarme de ella. Tengo claro que somos lo que vivimos, y solo permanecemos en tanto alguien nos recuerde. Ahí radica la verdadera inmortalidad. O no, qué más da si ya no somos ná.

El enterrador

¿A qué viene esta tabarra sobre la muerte si tan poco me preocupa? Acabo de leer ‘Adiós, muy buenas’ la última novela del polifacético Xavier Sardà (Barcelona, 1958) y el tema central es la muerte.

A través de varias narraciones que giran entorno a un cementerio junto al mar, el autor nos regala un pequeño y negrísimo cuento. Un cementerio es como una enorme estantería donde reposan a modo de libros las historias de todos los que allí permanecen.

Recasens es el sepulturero, junto a sus dos ayudantes, dos viejas que siempre están allí, su mujer Noe y algunos visitantes ocasionales conforman un particular universo a través del cual conoceremos las vidas de muchos de los que allí descansan para siempre.

Con más humor e ironía que dramatismo se nos presentarán una serie de historias y personajes que nos emocionarán, incomodarán, entristecerán o nos arrancarán una carcajada.

Un cementerio es como una enorme estantería donde reposan a modo de libros las historias de todos los que allí permanecen

Historias desesperadas, divertidas, macabras o muy sensuales conforman un universo que estoy seguro sería del agrado de Gabo. Muchos de sus protagonistas bien podrían ser habitantes de Macondo o de ese pueblecito manchego de ‘Amanece que no es poco’.
No quiero detallaros demasiado sobre las vidas, y muertes, que en este cementerio vais a encontrar.

No os hablaré de Michele y Piper y su amor incombustible, ni de la peculiar vendetta entre doña Soledad y doña Franchesca, para qué desvelaros las tórridas historias acontecidas a bordo de un crucero. Os dejo que lo descubráis vosotros con unas buenas coplas de fondo, el libro está repleto de ellas.

Epitafio

Nunca imaginé que una obra que transcurre en un cementerio transmitiese tantas ganas de vivir. Es una delicia para el lector, Sardà se muestra travieso y juguetón con las palabras. Entre el realismo mágico y el surrealismo más castizo, está novela de apariencia lúgubre es un canto a la vida. Vale, también tenemos tipos mezquinos y dramas terribles, al fin y al cabo la vida es así. Ah, y una pequeña trama de intriga con final sorprendente.

Qué más pedirle a una historia que en poco más de 200 páginas recoge tanta vida. Me despido animándote a ti, amigo lector, a disfrutar de esta pequeña 13 Rue del Percebe llena de vecinos con historias dignas de ser leídas. Salgo de este cementerio diciéndoos adiós, muy buenas y tarareando una coplilla de Los de Marras.

Hoy me he levanta’o de puta madre, flipando con el cielo y sus colores

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