Guardiola mea colonia en Andorra

A Guardiola, a la Caballé, a Shakira, a Messi y a tantos otros evasores (y delincuentes confesos) de cuello blanco les ha salido barata la cosa

Guardiola mea colonia en Andorra
Ilustración de Pepe Farruqo

No, Pep… ¡tú no!

Parece mentira que alguien que pasea por el mundo esa aureola de pulcritud y extrasensibilidad social, intelectual, espiritual y profesional, casi rozando lo mitológico, sea, o haya sido, un evasor fiscal.

¿Qué es un evasor fiscal? Pues un individuo tan egoísta y tan insolidario que por preservar su dinero (a menudo dinero de oscura procedencia) nos deja a los demás sin el nuestro. Un evasor fiscal es una persona a quien se la suda la gente. El evasor fiscal es un delincuente especialmente despreciable porque para obtener su fin ha de actuar en contra de todos. 

Guardiola se las pergeñó para esconder una pasta en la banca andorrana a través de una de esas empresas offshore que se crean en paraísos fiscales con el único objetivo de establecer un cortafuegos entre el objeto del delito y aquellos que lo persiguen. La pasta en cuestión procedía de sus emolumentos mientras jugó a fútbol en Qatar, un país donde se conculcan, por principios, los derechos humanos. 

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Pero, ¿qué le pasa a la gente como Guardiola? ¿Por qué actúan así? Pues porque se sienten a gusto entre las imperfecciones o fisuras del sistema social y político bajo en el que vivimos. En esos vericuetos pueden culebrear, beneficiarse y, encima, mantener el pedigrí pulcritud y la apariencia de sensibilidad que tanto gusta a las madres con hijas en edad de merecer cuando piensan en un futuro yerno. 

Una de esas fisuras es la siguiente: El Código Penal nos dice que quien la hace la paga, ¿verdad? Pues bien, aquí quien la puede pagar (la multa), lo puede cometer (el delito, en este caso fiscal). Por eso, tanto Guardiola como otros tantos evasores sabían que «si cuela, cuela… y si no, se paga la multita que dinero me sobra».

No me ha decepcionado Guardiola porque yo nunca pensé que el mite mease colonia. Lo que sabe mal es la decepción colectiva. Me entristece ver cómo este tipo de noticias le suben los colores a la gente y hacen que entre el pueblo aflore la ingenuidad colectiva de la que se valen los corruptos para campar impunes con la ayuda de ministros que lanzaban campañas de regularización fiscal y de perdón patrio con la excusa de recaudar. 

A Guardiola, a la Caballé, a Shakira, a Messi y a tantos otros evasores (y delincuentes confesos) de cuello blanco les ha salido barata la cosa. Qué pena. Qué injusto. Qué vergüenza. “El cinturón aprieta mucho”, dijo el mite cuando se fue del banquillo del Barça, con el atrezo que él sabe darle a las cosas y acontecimientos para que la pulcritud y la sensibilidad le supuren por las orejas. 

Mucho más y mucho mejor debería de “apretar” la justicia a tipos como este. Por cierto, acabo este artículo y me sobrevienen dos preguntas: “Cuando los medios de comunicación informaron de la retahíla de famosos que habían utilizado empresas pantalla panameñas para defraudar, o que corriendo con el rabo entre las piernas (como los Pujol, por ejemplo) se acogieron a la regularización para evasores del ministro Montoro, el noi de Santpedor, que se sabía uno de ellos, ¿qué debió pensar? Y la otra es: el representante de Guardiola confirmó que el dinero escondido en Andorra corresponde a los emolumentos obtenidos por el jugador tras su paso por Qatar en 2007,  pero nadie ha explicado cuándo abrió Guardiola esa cuenta en el banco andorrano. ¿La tendría ya abierta mientras era jugador del Barça?”

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