¿Feminismo liberal?

Luis Artigue escritor

El feminismo, como el sufragismo, el obrerismo, el postcolonialismo o el ecologismo, surgieron como algo radical, esto es, como una forma de ir a la raíz política de lo que debía de ser paliado para hacer el mundo más vivible.

Por eso fueron y son parte troncal de la agenda política progresista.

Pero es innegable que en el siglo XXI los postulados feministas han calado en el ideario político no sólo de la izquierda: desde el conservadurismo, y hasta desde la fe religiosa, se han hecho aportaciones feministas fundamentales de parte de grandes nombres de la cultura como Edith Stein, Simone Weil y por ahí todo seguido, como bien reconocen hoy las mejores teóricas del feminismo de tercera ola como Naomi Wolf, que señala que “el feminismo tiene muchos puntos en común con el conservadurismo”.

Y es por eso un acierto que Inés Arrimadas haya acuñado ahora la etiqueta política de “feminismo liberal” para que así, en uno de los movimientos conceptuales y políticos más importantes de la historia como lo es el feminismo, un movimiento que de hecho se inscribe plenamente en la lucha que se viene manteniendo a lo largo de toda la historia en contra de la arbitrariedad del poder, y en pro de una humanidad mejor, quepan todas las mujeres, y no sólo las de izquierdas, y muchos hombres, no sólo los de izquierdas…

La etiqueta de feminismo liberal es un acierto político desde el punto de vista del marketing político, una aportación necesaria para que el feminismo sea más inclusivo y no se confunda con el “mujerismo” –por decirlo con un término de Angela Davis, y eso es algo que, a los que nos sentimos de izquierdas, no nos escuece sino que nos encanta que los liberales se suban al carro de la igualdad.

Gracias, morena de verde luna, por venir a dar a tu partido un aldabonazo de feminismo liberal, que también es feminismo, y que, como todo feminismo, no es algo bueno para las mujeres sino para todos y todas, pues el conjunto de la humanidad se beneficia de un mundo más justo.

Sí, con la etiqueta de feminista liberal bajo el brazo llega a Madrid, entre multitudes que la ignoran y la presienten, una catalana moroandaluza de ojos-niña u ojos-joya, de feminismo no radical (feminismo en lucha contra la desigualdad de género, y contra el techo de cristal, y contra el salario menor que el del hombre por el mismo trabajo, y contra el acoso y la violencia machista, pero no feminismo contra el capitalismo), una de pelo como de cuero vivo y dinamismo aún más joven y vivo, y las encuestas, visiones y previsiones electorales casi hay que rehacerlas de golpe todas…

Dicen que en las inminentes elecciones por partida triple Ciudadanos le va a arañar muchos votos al PP, pero, con el sorpresivo alunizaje de Inés Arrimadas como candidata al Congreso por Barcelona, y con lo de su aún más sorpresivo discurso nada de derechas sobre el por ella acuñado “feminismo liberal” (unido al nítido alegato igualitario de unidad de España sin que la diversidad interna implique privilegio), ¿no se los arañará también en cierta medida al PSOE?

El caso es que llega a Madrid el ¿feminismo liberal?

En verdad la base filosófica fundamental de la izquierda política es que todos somos iguales en dignidad, derechos y deberes, y ella, con su formato de cruce entre la maja vestida de Goya y la lozana andaluza de Francisco Delicado, aprovechándose de que las cámaras la aman va, se sube a la palestra y hace lo que no hacen los partidos de izquierda: predica con garbo y tiento la española igualdad interterritorial y de género en dignidad, derechos y deberes (todo en este tiempo de reduccionismos en los que los regionalistas periféricos, como los hombres aún anclados al machismo cuartelero, claman por sus privilegios contra viento y marea convivencial).

Pero sí, en este marzo caluroso como el blusón de los domingos de Miquel Iceta llega a Madrid Inés Arrimadas con sus ojos niña, con sus ojos joya, y con su negro río en el cabello a juego con esa lozanía suya que tanto tiene de las mujeres azules y rosa de Picasso como de la mezcla genética e histórica de todas las españas, llega, digo, como recién venida del fondo de nuestra vida, se sube a la platea así, con las lágrimas de Antígona lloradas hacia adentro, y,de pronto,como quien enarbola otra vez en el Parlament una bandera española que casi iba a juego con su chaqueta roja y, la cual, al sujetarla entonces mientras hablaba, le dio un aire de cuadro de Delacroix (la libertad guiando al pueblo), y va y anuncia que se presenta a las elecciones generales como número uno por Barcelona para venir así a Madrid entre votos y alborotos de feminista liberal…

Y hay que decir que todo ha sido poco antes de atreverse a decir, con verbo de feminista españolista Agustina de Aragón cruzado con agudeza de feministalírico-filosófica María Zambrano, las incómodas verdades del barquero moderno, allí, en medio de ese antiguo, retrógrado, monacato de sombras independentistas y machistas que es el casoplónpuigdemoniaco de Waterloo.

El discurso político de la morena de verde luna, por decirlo con palabras de Federico García Lorca, viene resultando tan de valiente estadista como de buscadora del rigor histórico y, sobre todo, tiene el sentido de país que, en otro tiempo, atesoraba el PSOE: es un discurso de prosa directa y, al tiempo que dibuja con sustantivos y metáforas ese puzle femeninamente desigual que viene a ser hoy España, versa no sobre la democracia de unos pocos ni, siquiera, sobre la democracia de la mayoría, sino que habla de la democracia de todos, ahora, en pleno apogeo del reduccionismo machista y ultranacionalista…

La política es palabra, gestión y gesto, y el gesto de pasarse a la política de Madrid seguido del gesto constitucionalista en terreno belga de Inés Arrimadas, en este tiempo epidérmico en el que se engaña con facilidad a las masas al hacerlas creer que una imagen vale más que mil palabras, ha resultado un éxito desde el punto de vista del márketing y del eco digital/mediático…

Gabriel Rufián, sin salir de la celda de sí mismo, está con lo de Waterloo y con lo de la candidatura por Barcelona como entonces al ver la bandera en mano, esto es, poniendo la misma cara que si, tras haber leído por fin el librito escrito por sus dos venerados santos Marx y Engels titulado Los nacionalismos contra el proletariado, acabara de darse cuenta de que eso de ser de la izquierda radical, como eso declararse ser feminista, no es lo que le han contado.

Miquel Iceta, el Fred Astaire del márketing electoral, ha reaccionado el primero y, a Inés Arrimadas, la ha contestado como dolido por que tan buen golpe de efecto político/mediático no se le hubiera ocurrido a él.

Pero ella, igual que la yegua rebelde de los poemas de Alberti, igual que una salva de luz en medio del vacío, igual que una irrupción tan repentina como oportuna de la razón de estado, de nuevo con su golpe de efecto político-filosófico del feminismo liberal ha hecho temblar twitter, facebook, youtube, los techos de la sala del Congreso de España, el corazón de media Cataluña, la Cibeles, la Giralda y las gafas de Torra…

Y seguimos.

Artículo anteriorLas mujeres protagonistas, por fin
Artículo siguienteEl “caso Rosell” parte de Roures
Luis Artigue (León, 1974) es licenciado en filología hispánica, y amplió estudios en la Universidad de Toronto. Como escritor ha publicado cinco poemarios (entre ellos TRES DOS UNO... ¡JAZZ!, Premio Ojo Crítico, LOS LUGARES INTACTOS, Premio Arciprete de Hita y LA NOCHE DEL ECLIPSE TÚ, Premio Fray Luis de León), y cinco novelas (entre ellas CLUB LA SORBONA, Premio Miguel Delibes, y DONDE SIEMPRE ES MEDIANOCHE, Premio Celsius). Asimismo ha publicado más de mil artículos(El País, ABC, Leonoticias, La Crónica-El Mundo, Diario de León, Asturias Diario, Infobierzo, Latra Internacional), y, en febrero de 2020, verá la luz su nueva novela, un biopic pulp sobre el trompetista Miles Davis que llevará por título CAFÉ JAZZ EL DESTRIPADOR (https://twitter.com/cafejazzed)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here