Feminicidios en oferta

nuria gonzalez

4 asesinadas por 2 hombres machistas en 24 horas. Dos de ellas madres de cuatro criaturas que presenciaron el feminicidio de sus madres a manos de sus padres. Pero según el sistema de conteo de víctimas de violencia de género español, ese día sólo asesinaron a 2 mujeres. Las otras dos, no cuentan. No existen. Malmuertas incómodas de nuevo.

Aunque en realidad, no existen más de 30 asesinadas en nuestro país en lo que va de año por terrorismo machista, cuyas “cifras oficiales” sólo reconocen 42 víctimas, cuando lo cierto esque en España, en lo que va de 2019, ha habido 74 feminicidios, esto es y no me cansaré nunca de recordar, 74 asesinatos de mujeres por la única razón de ser mujeres, a manos de hombres. De hombres machistas.

El punto es ¿cómo nos va a proteger un sistema que ni siquiera nos reconoce? O ¿qué tipo de políticas “eficaces” contra los asesinatos de mujeres van a implantar desde un gobierno del estado para el que casi la mitad de las asesinadas no existe?

Que nuestro sistema de protección a las mujeres, de todas las mujeres, y digo todas porque absolutamente todas somos potenciales víctimas de violencia machista, se basa en que haya habido algún tipo de relación sentimental entre víctima y agresor. Ese es un planteamiento tan anacrónico, patriarcal y fuera de la realidad, que no serviría ni para la época victoriana. Pero es justo en esa época donde parece que están instaladas las mentes privilegiadas de nuestros operadores judiciales, así como de nuestro políticos y políticas, que últimamente sólo sirven para dar espectáculos lamentables, eso sí, con todo el márketing último modelo.

Si a eso le sumamos que toda la responsabilidad sobre su propia autoprotección recae sobre las víctimas y su capacidad para haber denunciado a su agresor o no, y que, además de eso, aunque la víctima haya tenido el coraje de denunciar (como la asesinada en Madrid, que había denunciado a su asesino en 4 ocasiones pero que, inexplicablemente, estaba fuera del sistema de protección) el sistema falla continuamente y no está dotado de recursos, nos encontramos que estamos ante la NO política contra el terrorismo machista.

Al menos lo que sí parece funcionar son los cuerpos policiales a la hora de detener y encarcelar a los feminicidas y el poder judicial a la hora de juzgarlos con todas las garantías de un estado de derecho, como debe ser. Pero es que no se trata sólo de castigar. Se trata de prevenir el delito y de evitar que 4 niños se queden huérfanos en un día, por culpa de un sistema que no ha sabido proteger a sus madres.

La primera obligación de un estado es, sin duda, la de proteger a sus nacionales, y el estado español está demostrando en este último año su incapacidad absoluta para proteger a más de la mitad de su población, que están siendo asesinadas, en un aumento exponencial del número de feminicidios mientras los y las responsables políticos observan impávidos el sangriento espectáculo. Cuando eso pasa, es que estamos ante un estado fallido que no es capaz de cumplir sus más mínimas obligaciones de seguridad.

Por eso, es completamente indecente que le debate político sea capaz de dividirse en “constitucionalistas” o no, cuando todos se pasan la aplicación de la carta magna por el arco del triunfo, y no sólo en cuanto a asegurar la vida de las españolas, sino también en la obligación de garantizar las pensiones, el derecho a la vivienda digna, al trabajo, etc. La sacrosanta constitución convertida en un ladrillo que tirarse a la cabeza. Así nos va.

Quizás, como ya estamos al nivel de república bananera en muchos niveles, alguien quiera copiar la solución que le dieron en el Estado de México, por allá por el 2015, para bajar radicalmente las tasas de feminicidio. Para que se sitúen, estamos hablando de la zona que rodea la ciudad de México y que, para sorpresa de muchos, lleva duplicando mucho tiempo el número de asesinatos de mujeres de Ciudad Juárez en sus peores momentos.

La solución con la que se erradicaron los feminicidios en este estado, donde las cifras son insoportables, fue la misma que se está aplicando en España: dejar de contar muertas. Dejaron de separar el dato de los asesinatos de hombres y mujeres, y pasaron a contabilizar “homicidios en general”. Al año siguiente, tasa de feminicidio cero.

Ahora que me doy cuenta, me sabe mal hasta haberlo dicho, porque en época eterna de promesas electorales como la que nos ha tocado vivir, algún iluminado se la apunta y se copia.

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