Feliz cine nuevo (y viejo), sin falsos profetas

La noche del cazador cuenta cómo un hipócrita predicador persigue el dinero que ha escondido un compañero de celda, mientras una anciana Lillian Gish nos recuerda que no hay que fiarse de los falsos profetas.

Feliz cine nuevo (y viejo), sin falsos profetas

Charles Laughton (1899-1962) fue una estrella del teatro y del cine que todo cinéfilo recuerda, entre otros personajes y títulos, como Enrique VIII o en Testigo de cargo (Billy Wilder, 1957) o Espartaco (Stanley Kubrick, 1960). Ahora bien, lo que ya no todos saben es que únicamente dirigió una película que fracasó, pero que hoy es venerada como una obra maestra insólita y extraordinaria.

La noche del cazador (The Night of the Hunter, 1955) se basa con fidelidad en la novela homónima de Davis Grubb que cuenta cómo un hipócrita predicador persigue el dinero que ha escondido un compañero de celda, ya ejecutado, acosando a su viuda e hijos. Las virtudes del guion están ya en la novela, por lo que toca alabar la puesta en escena y el salto a la pantalla en una de esas ocasiones en las que todos los astros se conjugan para obtener la perfección.

El onírico comienzo parece evocar el cielo en el que arrancaba ¡Qué bello es vivir! diez años antes. En este caso, una anciana (Lillian Gish, leyenda del cine mudo que se identifica con “la buena religión”) cuenta a unos sonrientes niños episodios bíblicos y les recuerda que no hay que fiarse de falsos profetas. Un plano cenital (¡desde un helicóptero!) nos muestra a unos niños jugando… hasta que descubren el cadáver de una mujer.

Feliz cine nuevo (y viejo), sin falsos profetas

De nuevo desde el cielo la cámara se acerca al coche del predicador (impresionante Robert Mitchum como “la mala religión” y con esos nudillos tatuados con LOVE y HATE) que habla cínicamente con Dios sobre cuál será su futura víctima. Es detenido por robar un coche y en prisión conocerá al ladrón que habla en sueños…

Tan impactante arranque nos deja ya la vuelta de tuerca al cine de Frank Capra (más oscuro de lo que parece, pero no hasta estos extremos); la presentación de dos mundos opuestos: los niños y la decencia, frente al adulto indecente; o la anticipación del tema de la película: la pérdida de la inocencia. Todo en menos de cinco minutos.

Laughton no se llevaba con los niños y hacía llorar a la niña… para utilizar sus planos en la película. Por otro lado, Mitchum sí se llevaba con los niños (ya tenía tres propios), pero no soportaba a Shelley Winters. De hecho, pensaba que lo mejor que podía hacer era interpretar de verdad su glorioso y terrorífico plano final: degollada bajo el agua, atada a su coche.

Feliz cine nuevo (y viejo), sin falsos profetas

Ese poético plano ya da pistas de la belleza de la simbólica fotografía (de Stanley Cortez, quien diría que los únicos directores con los que había trabajado que entendieron la luz fueron Orson Welles y Charles Laughton). Pero añadamos, por ejemplo, la puritana escena de cama (que evoca a Dreyer), los claroscuros nocturnos (que evocan todo el expresionismo, Murnau o el mítico cartel de El exorcista) o el tétrico bosque lleno de animales siniestros (que evoca al Disney de Blancanieves, en absoluto inocente sino terrorífico, y subraya el tono de cuento tradicional de la película lleno de metáforas desde el título). Semejante mezcla de influencias resume la historia del cine siniestro, criminal y simbólico hasta los 50.

Pero estamos en tiempo de Navidad y la película termina con la maravillosa Lillian Gish impartiendo justicia con su vieja escopeta de sal (¿ironía malévola del malévolo Laughton?) y un epílogo navideño. Como nueva “madre”, Gish acoge a niños descarriados para que no se pierdan definitivamente y les hace los regalos de rigor. Al joven que ha perdido a su padre real y ha padecido una siniestra y freudiana relación con el predicador, le regala un reloj. “Los niños son firmes, saben aguantar”, termina siendo el optimista mensaje.

El reloj no se para y nos lleva a 2021. Que los falsos profetas no nos engañen y que aguantemos como niños. El cine también nos ayudará en la empresa.

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