Estudio en Negro, de José Carlos Somoza

Estudio en Negro, de José Carlos Somoza

La teoría de la literatura de género hoy habla de atmósfera victoriana, de estructura narrativa silogística (un crimen, una investigación, unos falsos culpables y un culpable) y de la co-protagonización simbiótica (tomada de la Divina Comedia –Dante y Virgilio-y del Quijote –Quijote y Sancho-aunque adaptada al registro folletinesco) al estudiar las obras fundacionales de lo que se conoce como novela-enigma, pero entonces a mí no me importaba nada de todo eso.

A mí me gustaba tanto porque, al contrario de lo que yo era y soy, él (pipa, violín, flema, gorra de cuadros, racionalismo extenuante, elegancia con causa) no perdería la compostura aunque le dieras con un palo…

Me refiero a que en mi biblioteca luce muy venerado y sobado un tomo de las obras holmesianas de Sir Arthur Conan Doyle, y por eso puedo decir en calidad de devoto que su personaje Sherlock es algo más que un personaje: es un mundo en sí mismo; uno digno de ser constantemente revisitado, revisado y rescrito… ¡Pero qué mundo! Te entretiene, te sorprende, te ilumina, te remueve el cerebro y las capacidades perceptivas. Sirve además para traducir muchos estados de ánimo.

Es, en definitiva,una fórmula inagotabley, además, es la belleza analítica y la hondura divertida, el elogio de la singularidad brillante y la justicia como juego, pero, además, también es la redención personal mediante el talento o, dicho de otro modo, el anhelo del cielo después de haber conocido el infierno…

En efecto Sherlock Holmes desde hace años me ilustra la soledad, el amor, la resignación, la catarsis, la imaginación.

Lo leí tanto en mi adolescencia masturbadora e idealista que para mí hoy sabe a noche, a vulnerabilidad, a tristeza y a sueños de escapar lejos.

Ese personaje y ese mundo, como es sabido, son rescritos constantemente en lo que la teoría literaria postmoderna (Linda Hutcheon) denomina metaliteratura, y uno se acerca siempre a esas rescrituras tratando de volver a sentir, o de recuperar de modo primigenio, aquello que una vez me llevó a la literatura y convirtió la lectura en mi droga más preciada.

Así fui a la última novela de uno de mis narradores actuales predilectos, José Carlos Somoza (La Habana 1959) titulada ESTUDIO EN NEGRO (Ed. Espasa) y que viene a ser una ingeniosa precuela de las novelas de Conan Doyle sobre Sherlock Holmes.

El bigbang imaginativo que surgió en la mente de José Carlos Somoza y que dio origen a esta novela parece haber sido la siguiente pregunta: ¿en quién se inspiró el escritor y médico Conan Doyle para crear un personaje tan original, redondo y fascinante como Sherlock Holmes?

Y para respondernos el autor tira tanto de documentación como de imaginación, y mete en su novela al propio Conan Doyle, que era joven médico en el Londres del siglo XIX, y trabajaba en una clínica-asilo muy exclusiva de Portsmouth llamada Clínica Charendon (nótese la resonancia emparentada con el Marqués de Sade) con una curiosa enfermera que será la narradora de esta novela, el complemento femenino que empatizara con el héroe decrépito, y la metáfora perfecta de lo que es la vida en su último término, y de como cuidar a otros nos hace mejores…

Allí, junto, a esa enfermera, Conan Dooyle conoció al señor X. ¿Quién es el señor X? ¿Y quién es esa enfermera?

En esta novela difícil de hacer y de olvidar y convenientemente titulada Estudio en negro (tiene que ver, como los lectores de las novelas de Holmes sabemos, con Estudio en escarlata) es la primera parte de la trilogía que José Carlos Somoza va a dedicar a su personaje de absoluta ficción el Señor X: aquí, como decimos, nos encontramos con que este protagonista solitario, maniático, retorcido, amigo de la oscuridad y del ajedrez y tan psicológica y perceptivamente tan audaz que parece un adivino es atendido en tal casa de salud y reposo para hombres de familias ricaspor el joven médico ConnanDoyle, y con que allí llegará Anne Mc Carey, una enfermera madura, no bien parecida, pero empática, sensata y a la búsqueda de sí misma a causa del trauma derivado de una relación tóxica con un marinero alcohólico…

He aquí pues una atmosférica novela de intriga con toques fantásticos y hasta de strempunk, y también con fino humor, sobre las peripecias de este trío de personajes enfrentados al caso del asesinato de dos mendigos vinculados al mundo del teatro.

Empezando por la fundación ficcional de mito de Sherlock Holmes y Watson (en esta novela se narra como se les ocurre a la limón al Señor X y a su médico Conan Doyle cuando le dan al señor X lo que no tenía, esto es, un nombre), hay en estas páginas muchos ingredientes metaliterarios, mucho doble fondo o narrativa en segundo grado de ficción, y muchos guiños a la literatura negra inglesa clásica (Con Doyle, etc) y a la literatura fantástica inglesa aún más clásica (Wells, Lewis Carrol etc), pero el toque social característico de la novela negra en esta novela que sucede en plena Revolución Industrial lo encontramos precisamente en estos muchachos menesterosos de familias desfavorecidas que intervienen en el llamado espectáculo clandestino y el teatro mental para entretenimiento de los burgueses serios y decentes pero, en el fondo, amigos de lo escandaloso, lo morboso, lo aberrante, y lo tabú, no en vano en esta novela hay musicales infantiles grotescos, extranjeros que pagan por ver a niñas lascivas, niños tratados de maneras aberrantes y demás pasadas que atestiguan y denuncian la doble moral del puritanismo victoriano, nada distinto del puritanismo actual de estos tiempos del neo-com y del tea party.

El señor X es la mejor forma que conozco de explicar, mediante una novela brillante, entretenidísima y más rica de lo que parece, que Sherlock Holmes, un personaje rarísimo en una época repleta de convencionalismos, era lo más parecido al psicoanálisis antes de Freud, y lo más parecido a las Memorias de un fumador de opio antes de Dequincey, pero salpimentado dentro y en lo oscuro con toques del Marqués del Sade y de obsesiones de la casa y delirio de autor. ¿Y no somos todos un poco eso?

Sin embargo la aportación más definitiva al mundo holmesiano de José Carlos Somoza es la voz narrativa femenina que deconstruye la masculinidad hegemónica del mito (como ya hiciera en su día también Iam Fleming, autor de las novelas de James Bond, el otro mito literario popular inglés, en su novela El espía que me amó contada toda por una mujer y protagonizada por ella en sus dos primeras partes por ella hasta que en la tercera irrumpe James Bond y la salva…).

Sherlock Holmes en toda su riqueza y su pureza pero con una mirada femenina y mucho saber sobre la literatura de género y la condición humana, y con un impagable sentido de la intriga, eso es esta novela memorable de José Carlos Somoza titulada Estudio en negro.

Si Conan Doyle viviera en nuestros días creo que escribiría una novela como esta.

A los que aman su legado, les va a encantar. Es un hito.

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