Españoles, puteros

Si usted vive en España, ha de saber que vive rodeado de puteros, esa subespecie moral que no se lo piensa dos veces a la hora de comprar un cuerpo, de comprar a una mujer, para así poder dar satisfacción inmediata a su deseo.

Españoles, puteros
España es el primer país europeo en consumo de prostitución. / Archivo

Si usted vive en España, ha de saber que vive rodeado de puteros, esa subespecie moral que no se lo piensa dos veces a la hora de comprar un cuerpo, de comprar a una mujer, para así poder dar satisfacción inmediata a su deseo. Un deseo de hombrecillo miserable, porque, no hace falta decirlo, quienes consumen prostitución, aquí y en la China, son en su práctica totalidad hombres.

Si usted vive en España, el país de los catetos, el país de los Manolos, de los parroquianos de bar futboleros, machistas y barrigones, el país de los canis y las chonis, de los cuñados, de la caspa en todas sus vertientes, de los Borbones y los botones de los Borbones (nosotros), de los borregos que hacen ostentación de su ignorancia, el país de quienes no han leído un libro más allá del de la autoescuela, de la envidia hacia el vecino, lamentable cuna del Sálvame y el Salsa Rosa, el país que no cambia ni cambiará, por desgracia, ha de saber que tiene un nuevo hito vergonzoso que añadir a su palmarés.

Y no hablo de que España sea uno de los países con más políticos en relación con su población total, ni de que nuestra democracia esté devaluada, ni de que sea el séptimo país exportador de armas a nivel mundial (acerca de esto, se me ocurre una conversación casual entre dos personas que se conocen, una de las cuales se levanta por la mañana y acude a su puesto de trabajo a seguir fabricando armas:

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-Un placer conocerle. ¿A qué se dedica usted?

-Soy carpintero. ¿Y usted?

-Mire, yo fabrico balas. Nuestro último modelo, en concreto, atraviesa muy bien la carne, el hueso, todo lo que se le ponga por delante. Mata muy, muy bien. Lo tenemos de oferta.

Pero este no es el tema de hoy.)

A lo que voy: España es el primer país europeo en consumo de prostitución. La ley “sólo sí es sí”, que se aprobó el año pasado, abrió de nuevo el debate acerca de la abolición de esta, una actividad que en España no estaba prohibida, pero tampoco regulada como actividad económica. Esta ley supone, entre otros, la desaparición de la diferencia entre abuso y agresión y la sanción a proxenetas.

Este mismo debate se encuentra también en la agenda de otros países europeos. En Alemania, por ejemplo, es legal desde el año 2022. Pero esto no es, de ninguna manera, la solución. A modo de ejemplo, decir que en Alemania pueden encontrarse locales con ofertas que incluyen sexo, salchicha y cerveza o locales con una tarifa plana de mujeres, donde uno puede usarlas hasta cansarse por un precio fijado. Que la prostitución esté regulada o sea consentida, como es evidente, no la convierte en una actividad menos denigrante ni peligrosa.

El motivo es que cuando la prostitución es considerada y medida como un oficio más, la mujer se convierte en un producto más de la estantería del supermercado, un simple medio útil para proporcionar placer al hombre, y deja de ser un ser humano en posesión de su dignidad e integridad, algo válido también para quienes eligen hacerlo voluntariamente. Una de las consecuencias directas de esto en la sociedad es que el adolescente crece con la noción de que comprar a una mujer es algo normal y pasar la tarde en el puticlub es algo tan lícito como ir a pasarla al cine o al bar. Consumir una hamburguesa es, por tanto, como consumir una mujer. Cuando se legaliza esta práctica, la mujer es un objeto más sobre el que rigen las reglas del capitalismo: una simple transacción económica, siempre asimétrica por el poder que otorga el dinero. Una actividad, huelga decir, que los puteros verían de forma muy distinta si la mujer prostituida fuera su hermana, su madre o su hija, y cuyos beneficios van a parar a redes delictivas en un porcentaje muy alto.

Todavía hoy hay quien opina que la solución a la prostitución pasa por regularizarla y no por abolirla, una visión descorazonadoramente ingenua entre cuyos defensores hay también activistas y varias líneas teóricas feministas, si bien es cierto que es igual de ingenuo pensar que el putero puede dejar de serlo y se le puede cambiar y esperar que se convierta en una mejor persona.

Visto lo visto, quizás habría que cambiar el archiconocido puta España por el más acorde con los datos putera España.

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