Entrevistamos a Julio Ángel Olivares Merino; La piel leve

La piel leve de Julio Ángel Olivares Merino es un libro que, por momentos, verdaderamente acojona… ¡Léanlo, si se atreven!

Entrevistamos a Julio Ángel Olivares Merino; La piel leve

Julio Ángel Olivares Merino, acaba de publicar un libro de narrativa gótica con alto nivel de invención, con un audaz y exigente registro entre narrativo y ensayístico, prodigioso en su barroquismo, con mucha influencia de la novela victoriana fantástica y el cine de autor. ¡Este libro les apasionaría a Guillermo del Toro y a Álex de la Iglesía! Hay quien diría que su apuesta lingüística por la densidad extrema no deja que fluya a buen ritmo la narratividad, pero nosotros nos quedamos con su poderosa emoción, y con que es un libro que, por momentos, verdaderamente acojona… ¡Léanlo, si se atreven! Lo ha publicado la Editorial Eolas y se titula La piel leve, y en eltaquigrafo.com nos hacemos eco con pasión.

Así mismo hemos de reconocer que La piel leve nos sobrecoge con una metáfora del desamparo del ser humano, sobre cómo la oscuridad se puede adherir a nosotros.

Julio Ángel Olivares Merino se instala en los dominios de lo fantástico-terrorífico mediante una envoltura poética y acudiendo a motivos propios de la ficción de horror con marcado efecto emocional. Mediante un hálito cinematográfico, la novela nos traslada a otro tiempo y descubre su juego estructural, en el que la vivencia del niño Dénea se irá alternando con tétricas historias narradas ante él, en el espectral Teatro Vah, por una suerte de mago perverso: allí, todo empezó a ser como la farsa de un ilusionista que posee las llaves del abismo. El vértigo del terror elabora un pentagrama de pesadillas que nos recuerdan nuestra fragilidad.

Julio Ángel Olivares Merino es doctor, profesor de la Universidad de Jaén, escritor, y un loco memorable. Vean sino esta entrevista:

¿A qué género pertenece La piel leve?

Creo taxativa y necesariamente en la hibridación de géneros. Me parecería reduccionista adscribir este libro a una sola etiqueta genérica. De hecho, gran parte de su esencia radica en lo movedizo e imprevisible de su morfología y contenido, en la ruptura de convenciones, automatismos y parámetros. Lo concebí como un palimpsesto. Hay, esencialmente, aspectos genéricos y vertebrales característicos del género fantástico, pero también incluye ciertas declinaciones propias del drama, la literatura infantil e incluso de la narrativa de aventuras. Afirmaría, incluso, que el libro muestra diferentes caras con cada lectura adicional, pues de la interpretación entre líneas se enriquece. Son varios los detalles que, intencionadamente, permanecen inadvertidos en una primera lectura o aproximación superficial.

¿Qué pretende transmitir ese título tan sugerente?

Dediqué casi un mes a la elección del título. Quería que sintetizase la complejidad y ramificación temática del libro, pero, sobre todo, debía encarnar el motivo angular: la falibilidad y exposición irremediable del ser humano a los lances oscuros de existencia, el acecho de la monstruosidad en cada ángulo muerto de nuestro universo y la leve coraza que nos “protege” de todo ello. En definitiva, quería subrayar nuestra indefensión. Hay cierta queja o actitud doliente en este viaje iniciático de la infancia por los pasajes de la vida y, sobre todo, una polifonía en el texto que nos permite reconocer nuestros pasos, nuestras vivencias y nuestros temores más cervales.

¿Cómo resumirías el argumento de esta obra?

De igual modo en que huyo de la adhesión del libro a un solo género, recelo también de sintetizar su argumento a partir de unas pocas palabras o una sola línea de acción. La piel leve cuenta una miríada de historias a modo de caleidoscopio o imprimación de fantasmagoría. Es un estado; es múltiples sensaciones, una atmósfera multiplicada que no puede resumirse en palabras. Me gusta pensar en esta obra como si fuese una sesión de “ouija” en la que cada lector es, a la vez, médium y espectro invocado.

¿Existen concomitancias entre La piel leve y otras de tus obras, tales como Sonambulia o Paralelo a tu expirar?

La piel leve es la segunda parte de lo que concibo como una trilogía sobre la vida y sus diferentes estados –iniciada con Sonambulia– y que espero culminar con un tercer libro. Sin duda, hay concomitancias de estilo entre mis publicaciones, aunque mis dos anteriores obras marcaron una nueva etapa en mi producción, con esa proclividad al lenguaje críptico, algo que no halla parangón del todo en mi nuevo libro ya que he tratado de desbrozar conscientemente tales acrobacias del lenguaje, sin perder la esencia conceptualista. En esta ocasión, he puesto mucho empeño en marcar una línea argumental nítida y transparente, comprensible, pero sin perder la suspensión de las atmósferas de oscuridad y la concatenación de epifanías. En cuanto a los motivos –el referente polisémico de la madre, la deformidad, lo abisal, la infancia, lo fantasmático, etc… –, siguen ahí, qué duda cabe. Lo contrario sería renegar de mi identidad. Existen esos paralelismos y puntos en común, como parte de un imaginario que he ido conformando a lo largo de los años.

¿Qué representa este libro en tu carrera como escritor?

Publicar en Eolas y, particularmente, en la colección “Las puertas de lo posible” era un objetivo prioritario para mí. La meta era exigente y la persecución de dicho propósito me llevó a trabajar concienzudamente a la hora de depurar mi estilo. Pretendía, sobre todo, que este libro supusiese un paso adelante en mi forma de entender la literatura, sin perder la identidad. Creo no equivocarme al afirmar que he logrado reinventar los principios de mi estilo, ganar en expresividad, además de optimizar la coherencia y cohesión episódica, sin obviar, en ningún caso, el efecto en el receptor. He disfrutado escribiendo y reescribiendo esta obra, plasmando mis miedos y explorando estados límite, además de, sobre todo, mimando las asociaciones figurativas y estilizando el lenguaje sobremanera para provocar la duda fantástica y el estremecimiento.

¿Cómo definirías el estilo de La piel leve? ¿Es un libro directo o busca más el eco de lo implícito?

No se trata de un estilo al uso. Forma y contenido constituyen una unidad expresiva, un todo, e ilustran la oscuridad en estado puro, convocando todos los sentidos y proponiendo una basculación entre la narración en prosa y el regusto poético, además de la siempre productiva dialéctica entre registros. El estilo encarna lo figurativo y lo simbólico, absolutamente esenciales en La piel leve. Es muy depurado, obsesiva, matemática y musicalmente preciso, diría. Nada es anárquico en esta obra; todo se rige por un patrón sistemático, como si se tratase de una invocación por actos, como esa locura que se ciñe a un método, por más invisible que este sea. En La piel leve, la opacidad deja paso a la revelación y esta a un nuevo enigma que desafía al lector y exige su cooperación activa en la reescritura del texto.

Nos consta que, como investigador, estudias las constantes del género no mimético. ¿Te ha ayudado, precisamente, conocer las principales corrientes dentro de dicha tendencia literaria a la hora de escribir La piel leve?

Ese bagaje es fundamental, qué duda cabe, aunque intento escribir poniendo empeño en evitar cualquier tipo de influencia de autores a los que haya leído o estudiado. Es evidente que, de forma inconsciente, uno siempre interioriza señas estilísticas o narratológicas de esas obras referenciales o de cabecera por lo que es posible que dichas trazas, dichos arquetipos, dicha sensibilidad y los constructos narrativos y temáticos o giros estilísticos de tales monumentos literarios estén ahí, de una forma u otra, pero no conscientemente. Mi premisa es, insisto, buscar el sesgo diferencial y crear una voz propia.

¿Qué calado crees que tendrá la obra entre los conocedores del género?

Una vez que se crea y se publica una obra, esta escapa al control de su autor y adquiere identidad propia, actualizada y reescrita por lectores y críticos. Espero que quien se sumerja en la lectura de La piel leve la disfrute tanto como yo lo hice mientras la escribía. Estimo que la obra puede despertar el interés de los investigadores del espacio como elemental operativo y tematizado en el ámbito de lo no mimético, además de la construcción de niveles narrativos, la resemantización de lo espectral o ciertos replanteamientos del gótico rural. Por el momento, he recibido críticas muy positivas de eminencias dentro del género y me siento especialmente orgulloso de la vertida en el prólogo por la prologuista, mi admirada Natalia Álvarez Méndez. Su aproximación a mi obra, su desglose de constantes y su repaso de los pilares de La piel leve son mi máxima recompensa.

¿Existe un lector ideal para este libro? ¿A qué tipo de público va dirigido?

No pienso en un lector concreto cuando escribo. Me gusta que el texto se genere sin constreñimientos, con el deseo de democratizarlo, de ofrecerlo al público en general, sin pretender ser selectivo, aunque me consta que el lector que guste de la ghost story, la narrativa gótica, el realismo mágico o la ficción fantástica, en general, se sumergirá en la obra con mayor deleite. Sea como fuere, insisto, me abstraigo totalmente del lector en potencia y creo una suerte de comunicación interior, desdoblando mi función: para mí es fundamental disfrutar del proceso creativo y de composición como generador y receptor del mismo.

¿Qué recorrido tendrá el libro y cómo se promocionará?

Lamentablemente, la situación sanitaria no permite, por el momento, desarrollar todas las acciones de visibilización que teníamos previstas, pero, dentro de las limitaciones a causa de la Covid-19, contamos con Roberto Torres como diseñador de la campaña promocional, además del equipo editorial de Eolas para exprimir al máximo las posibilidades de difusión. Consideramos esencial hacer justicia al libro y, por ello, apostamos por iniciativas de calado en redes sociales y otras plataformas. Con todo, tan pronto nos sea posible, desarrollaremos el itinerario de presentaciones por diferentes ciudades de España.

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