En faluca por el Nilo: de Alejandría a Abu Simbel

Hoy viajaremos desde la inquebrantable Alejandría hasta el famoso templo de Abu Simbel pasando por las Pirámides de Giza y deteniéndonos en la fastuosa ciudad de Lúxor

En faluca por el Nilo: de Alejandría a Abu Simbel
Navegando por el Nilo

Hoy viajaremos desde la inquebrantable Alejandría hasta el famoso templo de Abu Simbel pasando por las Pirámides de Giza y deteniéndonos en la fastuosa ciudad de Lúxor. Acompáñeme por el camino de los faraones y las letras. El viaje en faluca, al atardecer, bien vale la pena.

Al escritor Jack Kerouac (1922 – 1969) no le importaba el incumplimiento de las expectativas si por el camino aprendía algo nuevo: yo creo que la simple idea de tenerlas es el sinónimo más característico de la inquietud viajera. Con esta idea viajo a Alejandría: con la ilusión de conocer la ciudad que fundó Alejandro Magno (356 a.C. – 323 a.C.), la misma que vio nacer la Biblioteca más importante del mundo y en la que el exagerado Lawrence Durrell (1912 – 1990) basó su famoso Cuarteto de Alejandría (1962).

Recorrido del río Nilo

Recuerdo el momento en el que mi profesora de literatura vio sobre mi mesa el primer libro de los cuatro que componen la tetralogía alejandrina. ¡Que envidia me das y que afortunada eres de leerlo por primera vez!

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Durrel se consagró como uno de los grandes escritores del siglo XX. Su prosa ilumina las páginas de Justine, Balthazar, Mountolive y Clea, y su estilo, tan desgarradoramente hermoso como desolador, desata un discurso de pasión, miedo, intereses y política que contrasta con la inocencia de quien se enfrenta al texto.

Escrita en los convulsos años cuarenta, la estrella de su narración es la mismísima ciudad, sin embargo, una vez en el destino, descubro con pesar que Alejandría ha vivido tiempos mejores.

De la impronta que dejaron sus antepasados solo queda la historia que atestiguan los sucesos, la única que nos reconcilia con una ciudad decadente y, aparentemente, olvidada. En los años setenta el boom turístico pintó las fachadas del color del marinero, pero, en la actualidad, los diferentes cambios políticos han desterrado su fama al exilio.

Residencia de Lawrence Durrell en Alejandría

Situada en el norte del país y con más de cuatro millones de habitantes, Alejandría es el principal puerto de Egipto y uno de los más importantes del Mediterráneo, sin olvidar que también es la ciudad más occidental y cosmopolita del país. Si el viajero busca disfrutar con la buena gastronomía, la bahía le ofrece infinidad de tabernas donde ponerse el mantel como servilleta: espaguetis a la marinera, dorada al horno, salmonetes, boquerones, verduras a la plancha y especias al gusto. Al final del paseo la moderna Biblioteca de Alejandría no alberga ni un solo papiro antiguo, pero posee unas instalaciones dignas de mención y visita.

Con los cantos de la música sufí llegamos hasta la actual Luxor donde podemos constatar cómo se distribuyen los templos de los faraones en ambas laderas del rio.

Si nos fijamos en la ladera occidental podremos distinguir es majestuoso Valle de los Reyes con más de sesenta tumbas entre las que se encuentran la Ramsés VI o Tutmosis III, ambas con sendos pasadizos que recrean el túnel de la vida y techos estrellados que todavía brillan en la oscuridad del desierto.

La biografía del arqueólogo Howard Carter (1874 – 1939) escrita por José Miguel Parra (1968) es una narración que nos permite comprender cuales fueron las circunstancias que condujeron al descubrimiento de una de las tumbas más famosas del mundo, la de Tutankhamón, y las dificultades que su propio éxito les acarreó.

Visitar los restos del pequeño faraón en el enclave de descubrimiento es un momento emocionante que solamente entenderemos si revivimos las famosas palabras que Carter pronunció cuando, con un ojo dentro y otro fuera, le dijo al mecenas lord Carnarvon (1866 – 1923): “Veo cosas maravillosas”.

A unos kilómetros de distancia, el templo funerario de Hatshepsut es el único construido por y para la reina-faraón. Sus terrazas de grandes dimensiones están sostenidas por columnas que se confunden con la ladera de la montaña. En el libro La dama del Nilo (1977) la escritora canadiense Pauline Gedge (1945) narra la historia de Hatshepsut desde su nacimiento hasta su “partida” repasando los detalles de construcción de este fastuoso lugar que fue diseñado por Senmut, el arquitecto de la corte.

Edificios policromados y habitantes maquilados: cuando el viajero se familiariza con la cultura antigua se da cuenta de que el color no era un asunto baladí en la vida egipcia. Cuando el atardecer nos detiene en el templo de Karnak, nuestra existencia se tuesta al sol.

Este deslumbrante complejo erigido entre capiteles papiriformes tiene su inicio y su final en la avenida de las esfinges: un paseo flanqueado por estos seres nos escoltará hasta uno de templos más fotografiados de Egipto. Luxor es la reencarnación del sol y el reencuentro con la vida. Visitarlo cuando la luz natural se apaga y contemplar su belleza al anochecer es un privilegio que los faraones nos regalan desde el más allá.

Si continuamos surcando el Nilo, los templo de Edfú, Horus y Kom Ombo despertarán la parte más original de nuestra imaginación. Sus visitas son imprescindibles debido al magnífico estado en el que se encuentran y las explicaciones son tremendamente interesantes si el guía está dispuesto a descubrirnos los misterios que se esconden en cada sala.

Poblado Nubio

La llegada a Asuán se representa con música nubia. Una de las visitas que no suele faltar en los tours guiados es aquella en la que te acercan hasta las aldeas nubias para interactuar con sus vecinos, sin embargo, esta actividad se encuentra en el límite de lo que podríamos considerar apropiado para un turismo responsable: paseos en dromedarios que no viven en las mejores condiciones, crías de cocodrilo que se mantienen en las casas para que los turistas se hagan fotos y una vida precaria asociada únicamente al turista. Cuando el mundo se volcó en salvar Abu Simbel, el futuro del pueblo nubio quedó sepultado bajo las aguas del Nilo.

Xavier Aldekoa (1981) comenzó su carrera por el Nilo en el año 2016. De sus experiencias acumuladas por el camino nació una obra literaria que, más que un libro de viajes, es un libro sobre la vida y la muerte que gira en torno al rio de donde todos venimos.

Hijos del Nilo (Península, 2017) retrata la realidad en una narración nutrida por los conocimientos históricos que sitúan al lector en el contexto geopolítico de la zona. Aldekoa mira, escucha, pregunta y juzga poco y sus reflexiones sobre la realidad son tan abrumadores como los relatos de las personas que por él desfilan. 

Río Nilo

A 230 km de Asuán y con vistas al lago Nasser, se encuentran los magníficos templos construidos por Ramsés II. Abu Simbel es un lugar mágico que sorprende al visitante los días del solsticio, cuando la luz solar entra hasta el fondo de la cavidad e ilumina a tres de los cuatro los dioses que en ella habitan. El dios del inframundo, situado a la izquierda del resto, siempre ha permanecido y permanecerá en la oscuridad. Una oscuridad que nos recuerda el final del trayecto y la noche que aparece, como hace tres mil años, rodeada de estrellas luminosas.  

Egipto fascinó a Tales de Mileto, a Platón y Aristóteles, a Alejandro Magno y a Napoleón. Egipto es el país del Nilo, de los faraones y las Pirámides, de Tutankamón, Nefertiti, Cleopatra y Sinué el egipcio, de Naguib Mahfou, Agatha Chrsitie, Terenxi Moix, Xavier Aldecoa y Tito Vivas.

La egiptomania viene de lejos. Los griegos bebieron de su cultura, se formaron en sus templos y siguió viva en la Edad Media, en el Renacimiento y en Edad Moderna. Si miramos el recorrido que dejamos atrás, el sol cegará nuestros recuerdos porque Egipto es un viaje que no se acaba nunca. Egipto siempre está dispuesto a que el viajero regrese en faluca sobre sus aguas.

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