«En definitiva: estamos hartos, resignados y desesperados»

Los vecinos del edificio de la calle Sant Ignasi de Montcada i Reixac explican en exclusiva en qué condiciones ‹malconviven› con los okupas protagonistas del tiroteo. Lamentan, por otro lado, el total desamparo de las administraciones.

«En definitiva: estamos hartos, resignados y desesperados»
Las zonas comunes de la comunidad han quedado hechas un desastre | GOOGLE MAPS

La puerta que da acceso al edificio está forzada. La han arreglado tantas veces que, al final, los vecinos de la comunidad de la calle Sant Ignasi de Mas Rampinyo, en Montcada i Reixac (Barcelona), se han dado por vencidos. El enfado de las primeras reparaciones se vistió de resignación con el paso del tiempo. Al cruzar la puerta forzada de la entrada, se visualiza un patio interior que da acceso a los cuatro bloques que forman la comunidad. Dos de esos bloques llevan años okupados, los otros dos están llenos de familias cansadas de alzar la voz contra un muro. 

Porque en el bloque donde el pasado martes se registró un tiroteo a plena luz del día, habitan otras familias que pagan, religiosamente, sus hipotecas y alquileres, mientras conviven, a escasos metros de distancia, con plantaciones de marihuana, discusiones y suciedad, mucha suciedad. No quieren dar su nombre, hace años que el miedo y la intranquilidad forma parte de su día a día. De hecho, ha pasado tanto tiempo que se han acostumbrado a dormir con ellos. Los vecinos con los que ha podido hablar eltaquigrafo.com son la voz de toda la comunidad. Una voz cansada, enfadada y, desde el martes pasado, algo más asustada de lo habitual. 

Años conviviendo con okupas

Hace años, casi cinco, que los primeros okupas llegaron al edificio y se instalaron en dos de los cuatro bloques. Eran unos jóvenes provenientes de Mollet del Vallès (Barcelona), en las inmediaciones de Montcada. Ellos fueron los primeros, pero pronto llegaron el resto, hasta okupar 28 de los 55 inmuebles de la comunidad. 

Algunas de estas okupaciones han llegado a los tribunales y se espera que se pueda llevar a cabo el deshaucio total, aunque de nada sirvió la actuación de la Justicia, porque al poco tiempo volvieron a estar llenos. Y esta vez no solo fueron okupados por personas, sino que los nuevos inquilinos —involucrados en el tiroteo del martes— destinaron cuatro de estos inmuebles al cultivo de sus plantaciones de marihuana,como han confirmado a este medio los propios vecinos del edificio. Plantaciones que, por cierto, ocupaban toda la extensión del inmueble. 

«Primero llegaron estos jóvenes de Mollet. Sería el verano de hace cinco años, cuando okupar una vivienda pasó de ser un delito a ser una falta. Éstos reventaron las puertas de varios pisos vacíos y revendieron las llaves», explican los vecinos del bloque. «Los primeros meses veíamos mucho movimiento de okupas que llegaban y de otros que se iban. Luego, nos enteramos de que los muchachos de Mollet, pasados unos meses de la okupación, les exigían a los ‹inquilinos› que pagaran una cantidad más elevada por estar ahí, lo que provocó la marcha de algunos de ellos. Hasta que llegó una familia de feriantes que logró echar a estos primeros okupas». 

Con los muchachos de Mollet llegaron los primeros problemas, no los más graves, pero al poco tiempo de su okupación las zonas comunes se convirtieron en el basurero del edificio y los repartidores temían, incluso, acercarse a los bloques okupados. Lo que tenía que ser una comunidad joven, se convirtió en pocos meses en una comunidad de vecinos dividida alrededor de un patio que había perdido el encanto de los primeros días. Huevos en el suelo, carros vacíos del Mercadona, el pipí de los perros —y lo que no es el pipí— empezaron a decorar el antiguo jardincito que unía a ambos lados. Desde entonces, la situación fue empeorando paulatinamente. 

Meses muy duros 

Los primeros meses de (no) convivencia con los okupas fueron muy duros,reconocen. No dormían e incluso llegaron a turnarse para hacer guardias nocturnas para que no okuparan los áticos vacíos de los dos edificios donde residían el resto de las familias, incluso para que no entraran en sus propias casas. Instalaron un sistema de cámaras de vigilancia y alarmas, para evitar posibles robos. Los pocos propietarios que ya había entonces —quienes están pagando hasta 200.000 euros por la vivienda— actuaron rápido y lograron que la inmobiliaria les bloqueara los ascensores de los bloques okupados para que no accedieran ni al parking, ni a los trasteros. 

Los primeros meses, aquellos que lograban conciliar el sueño, dormían intranquilos. Al principio, solo eran seis propietarios; con el paso del tiempo, lograron que la inmobiliaria permitiera alquilar, de forma legal, el resto de las viviendas. «Si llenábamos los pisos, nos asegurábamos de que no los okupaban, pero muchos inquilinos se han ido al convivir unos meses en esta situación», lamentan. Ahora, son 32 familias, dispuestas a hacerse escuchar. Con cierto temor, pero hartas de que el ayuntamiento del municipio no sepa «darles una solución, ni siquiera una respuesta»

«La convivencia siempre ha sido mala, no porque haya habido muchos altercados con nosotros, sino porque eres consciente de que a escasos metros de tu casa y de tu familia viven unos okupas que no paran de liarla entre ellos. Después de los feriantes, que apenas han molestado, llegó otra familia de ‹narcos› y fue entonces cuando la situación se agravó», relatan. Feriantes y narcotraficantes son los protagonistas del tiroteo del martes, una amenaza que los vecinos conocían desde hacía días

Los feriantes y los traficantes 

La familia de feriantes se instaló en el edificio cuando todavía estaban los jóvenes de Mollet, pero lograron echarlos y acabar con sus estafas. Se instalaron de manera ilegal, es cierto, la higiene en las zonas comunes no mejoró, tampoco, pero los vecinos del inmueble no recuerdan muchos problemas protagonizados únicamente por ellos. «De hecho, los hemos podido ver varias veces limpiando las zonas comunes, ya que están hechas un verdadero asco». El problema de la comunidad de la calle Sant Ignasi culminó con la llegada y la okupación de otra familia, que los vecinos creen que ya fueron echados del barrio de la Mina, en Sant Adrià de Besòs, por problemas con el tráfico de drogas. 

«Okuparon varios de los pisos que quedaron vacíos tras los primeros desahucios, tan solo para cultivar su marihuana, y convirtieron el bloque en su ‹narcobloque particular. Eso lo sabemos porque, aparte de que el olor a marihuana inundaba toda la comunidad y parte de la calle, los vecinos pudimos ver los niveles a los que ascendía la factura de la luz y no eran normales. Por no hablar de la de gente que ha venido a pillar droga al edificio…», lamentan los vecinos.  

Energía eléctrica que, por cierto, junto con el agua, además de tener pinchadas de forma totalmente ilegal reciben sin problema alguno porque, según los vecinos, el ayuntamiento de Montcada ha llegado a un acuerdo con las compañías para que no les cortaran el suministro. 

Disputas y discusiones constantes

La llegada de esta familia rompió con la poca convivencia que sobrevivía en la comunidad de la calle Sant Ignasi. El edificio hacía ya años que estaba okupado, sucio y deteriorado, pero su llegada fue el inicio de la decadencia total. «Se han llegado a tirar objetos de balcón a balcón, dejando las zonas comunes hechas una mierda. No saben discutir y todo lo hablan chillando», explican las fuentes vecinales. 

Todo un sinvivir, para las familias que tienen que soportar como las discusiones entre ellos son de dominio público y las amenazas de muerte se hacen gritando a pleno pulmón, como si lo hiciesen a propósito. Sin mencionar el chiringuito de venta de marihuana que los segundos se montaron en uno de los bloques. «Negocio» que empeoró la situación, no solo entre las familias enfrentadas, sino con los vecinos de la zona no okupada que, desesperados, ya no saben a quién acudir.  

«Nosotros, evidentemente, hemos hablado con la Policía y ellos sabían de la existencia de estas plantaciones, pero estaban esperando a que el juez diese la orden de registro». Al parecer, según ha podido saber este medio, los agentes y la Justicia querían asegurarse de pillar a los inquilinos con las manos en la masa, para poder atribuir esas plantaciones a alguien en concreto. Tras el tiroteo, la detención del agresor y el descubrimiento de los pisos con la marihuana, han podido cerrar una investigación.

El tiroteo del martes 

Todo, como en muchas historias de la novela criminal, empezó por la droga. «Los feriantes no querían las plantaciones en el edificio y ése fue el principal motivo de disputa entre ambas familias. Unos no querían las plantaciones y amenazaban con llamar a la Policía y los otros amenazaban con acabar con sus vidas», relatan las voces.

Los vecinos hace semanas que conocían la amenaza que existía por parte de los traficantes ya que, como han comentado las fuentes preguntadas por este medio, todo entre ambas familias era verbalizado en público y a voces. «Sabíamos que los traficantes habían amenazado a los feriantes porque éstos previamente habían amenazado con llamar a la Policía si no sacaban del bloque toda la marihuana», explican. La amenaza finalmente se saldó y uno de los feriantes recibió dos tiros (uno en la rodilla y otro en la ingle). Sucedía a pleno sol y a sangre fría. Pero el agresor no pensó en algo: su detención —tras esconderse en uno de los inmuebles— permitió a los agentes de los Mossos d’Esquadra destapar todas las plantaciones de marihuana. Los vecinos esperan que su arresto ponga punto final a una etapa muy negra de sus vidas; de muchos nervios y decepciones, sobre todo, con un Ayuntamiento que creen que les ha dado la espalda no respondiendo a sus cientos de peticiones y correos, empadronando a los okupas y llegando a un acuerdo con las empresas suministradores de agua y electricidad. 

A pesar del trabajo que el Ayuntamiento aseguró hacer, los vecinos no han sentido lo mismo y perciben que sus lamentos rebotan en un vacío donde nadie los escucha: «En definitiva, estamos hartos, resignados y desesperados». 

El registro del jueves 

Las mismas fuentes vecinales aseguraron al final de la entrevista con este medio que varias dotaciones de los Mossos d’Esquadra se habían personado en el edificio, nuevamente este jueves, para desmantelar toda la plantación. Bolsas y bolsas de marihuana salieron de los cuatro inmuebles que tenían destinados para su cultivo. «Nos habían inundado hasta el parking por sus métodos de riego», aseguran. 

En realidad, solo esperan volver a tener la ilusión de construir una familia en esa vivienda, de poder bajar al patio y que luzca como el primer día, que los repartidores no tengan miedo a acercarse al bloque y que puedan arreglar la puerta de entrada sin que nadie la vuelva a forzar pasadas unas horas.

1 Comentario

  1. A ver si entrevistas a la Comunista de la Alcaldesa, en primicia por el canal de YouTube del Taquigrafo.
    Si puede ser, avisas para hacer un directo y le vamos formulando las preguntas.
    1 Hay más miseria con Podemos en el Barrio ahora, o lo parece?
    2 Que aprendiste de tu padre como alcalde.
    3 Te reduciras un 30% tu sola el sueldo público, para solidarizarte con las colas del hambre, o todo el partido podemita.

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