Empleos en tiempos de confinamiento: El juez payaso

Se celebró el 8M, entre otras cosas, porque la nefasta ministra de igualdad necesitaba un baño de masas para seguir creyendo en su realidad paralela de “influencers”, pastelitos y “chupipandi”

nuria gonzalez

Desde que se decretó el estado de Alarma, como bien sabéis, se ha parado todo. Y, sin embargo, parece que hay un sector que ha revivido y que está más activo que nunca, que es el de la justicia. Estoy estupefacta de ver que algo que siempre se ha definido por su lentitud y su poca agilidad, lleva dos semanas completamente a tope.

Pero no sólo eso, sino que, parece que se han propuesto algunos magistrados cumplir, además, con la función esencial del entretenimiento social, porque cada sentencia y resolución que va saliendo se parece más a un mal chiste que a un texto jurídico. Es como si algunos magistrados y magistradas hubieran cambiado las togas y las puñetas blancas por las túnicas y las narices rojas de “Los Payasos de la Tele”.

El primer chiste malo con los que nos deleitó el poder judicial desde el Tribunal Superior de Justicia de Castilla León, fue la resolución del recurso del caso de la violación de la Arandina que ya no es violación.

Ese en el que tres tipos adultos mantuvieron sexo con una menor de 16 años. Sin entrar en más consideraciones jurídicas, sólo con eso basta según nuestras leyes para condenar por violación a cualquiera, puesto que se establece que por debajo de los 16 años no existe el consentimiento, y, por ende, no se puede otorgar.

Sin embargo, para los magistrados del alto tribunal castellano, que la víctima tuviera “casi 16 años”, ha sido suficiente para rebajar la condena de 38 a 4 y 5 años a dos de los acusados y a otro absolverlo directamente. Les ha faltado poner que “sólo le metieron la puntita”.

«Los jurados populares no deberían existir ni para juzgar multas de la zona azul»

El segundo pase de pista circense lo hemos tenido con el veredicto en el “Crimen de la Guardia Urbana” en Barcelona, en el que se ha condenado sin una sola prueba concluyente a los dos acusados.

Lo cierto es que Rosa Peral estaba condenada desde mucho antes que empezara el juicio, lo cual me reafirma en que la existencia de los jurados populares significa no respetar ni uno sólo de los derechos humanos de los acusados, y más aún, para casos como éste, altamente intoxicados y completamente viscerales.

Los jurados populares no deberían existir ni para juzgar multas de la zona azul, pero en este caso, entre lo que ha pasado y la inquisición quemando “brujas” en plazas pública, no hay mucha diferencia.

«la jueza al mando ha decido incoar diligencias por autorizar la manifestación del 8 de marzo»

Pero la traca final ha venido esta semana, cuando desde el juzgado de Instrucción número 51 de Madrid, la jueza al mando ha decido incoar diligencias previas contra el delegado de gobierno de la Comunidad de Madrid por autorizar la manifestación del 8 de marzo.

Todo esto a instancias de un grupillo de letrados, con mucha necesidad de segundos de tele. Ellos pueden hacer lo que les de la gana, hasta el ridículo, si así lo estiman conveniente. Pero la jueza no.

Porque digo yo que si la señora magistrada-jueza inicia estas diligencias, estará a punto de iniciar diligencias también, por ejemplo, contra la Conferencia Episcopal, por permitir miles de misas ese 8 de marzo, que además era domingo.

Una cuenta rápida sólo para Comunidad de Madrid: cientos de iglesias (sólo en la ciudad de Madrid hay más de un centenar), a dos misas mínimo ese domingo, donde acuden mayoritariamente personas mayores que son el colectivo de más riesgo, en espacios cerrados, besándose y abrazándose para darse la paz. Resultado: miles y miles de ancianos en más que evidente riesgo que contagio.

O como el reverendo, Timothy Cole, de 50 años de edad, el primer caso de contagio con el coronavirus en Washington DC, y que repartió la comunión con sus manitas a más de 500 personas.Pero eso parece que no le molesta a estos salva patrias.

«Si lo hubieran cancelado (8M) lo hubiéramos trasladado a otro día y santas pascuas»

Y también debe estar preparando el auto de apertura de diligencias previas contra la Liga de Fútbol Profesional, por permitir que se disputaran los partidos de todas las categorías que se celebraron ese domingo 8 de marzo, a los que acudieron miles y miles de personas, sudorosas, que escupieron, se tocaron y se contagiaron seguro. Además, como parece que se va demostrando que el Covid-19 mata casi al doble de hombres que de mujeres, quizá en el fútbol esté la explicación. Aquí la magistrada se podría currar hasta un agravante si quisiera. Pero esto tampoco le importa a los salvas patrias.

Lo que sí les importa es poder sacar a pasear lo único que pueden pasear en tiempos de confinamiento, que es su misoginia galopante y su odio desmedido hacia las mujeres. No encontrarán a ninguna feminista que hubiese exigido la celebración de las movilizaciones del 8M. Si lo hubieran cancelado lo hubiéramos trasladado a otro día y santas pascuas. Nuestras reivindicaciones, por desgracia, no van a pasar de moda en seis meses.

Si bien es cierto que se celebró el 8M, entre otras cosas, porque la nefasta ministra de igualdad llevaba siendo vilipendiada varias semanas por su infumable propuesta de ley de “Libertad Sexual”, y la muchacha necesitaba un baño de masas para seguir creyendo en su realidad paralela de “influencers”, pastelitos y “chupipandi”. Una instrumentalización más de las muchas de las que sufre el movimiento feminista (que nos damos cuenta, que no somos idiotas). Y aún así, nadie quería lo que está pasando, de eso estoy segura.

Por eso, que vengan desde el poder judicial a dar pábulo a un acto como esta denuncia contra el 8M es una payasada de circo en la carpa central.

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