Els segadors y el tractor amarillo

Aún hay quien no ha entendido que los himnos son como los teletubbies: asexuados. Pero el tractor amarillo es lo que tiene: hace suyo también el mantra de la feminización de todo lo feminizable, incluso de aquello que ni siquiera debería tener género como, por ejemplo, un himno nacional. Es lo que se lleva ahora.

Carlos Quílez

Una de las constantes del procesismo ha sido dotar de una solemnidad casi mística a cuantos actos, leyes o pronunciamientos al respecto de la causa se han llevado a cabo en estos últimos años de conflicto. La solemnidad es para los actores del procés el aderezo de un alimento vegano o el envoltorio de un regalo a menudo vacío o cuyo destinatario ni esperaba ni deseaba. Eso, esa fascinación por lo solemne, como si lo solemne sublimase la trascendencia de los actos, cosas o personas que, en realidad, no lo son (trascendentes), es un común denominador en el marchamo de los últimos presidente de la Generalitat. Aragonés, Torra, Puigdemont y Mas gustaban de esa espiritualidad extática expresada con una gestualidad y una sobreactuación difícil de abarcar.

Pere Aragonés es un hombre joven. Dicen que es el que mejor movía la pelota en la cantera de ERC y a quien la cuadratura de los astros ha ofrecido la oportunidad de su vida: ni más ni menos que la de liderar el once titular del primer equipo. Quizá por eso, por su juventud y por lo gordo del asunto (este sí que es trascendente), durante el acto en el que se le proclamó president de la Generalitat se le pudo ver en una especie de trance, a caballo entre lo introspectivo y esa quietud incómoda de quien se sabía fotografiado por la historia.

Allí estaba el joven president, el primero de la fila, contemplado sin parpadear la esperpéntica versión de Els segadors con la que quiso pasar a la historia la cantante Magalí Sare.

Aquella interpretación (que algunos observamos boquiabiertos) del himno nacional de Catalunya, parecía concebida para sublimar, aún más, la trascendencia mitológica del acto en sí, (un acto que por su obvia trascendencia, insisto, no requería ser retorcido).

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Y allí está él, en su gran día, donde tocaba, en primera fila y con cara de “a mi esta versión de Els segadors me está entrando directa en la vena y como siga así me iré al Tagamanent, como hizo Pujol, a hablar con los dioses del catalanismo que anidan en aquella montaña vallesana y cuyas directrices todo buen president ha de metabolizar convencido, además, de que la medalla de president me otorga el liderazgo de una misión que supera el raciocinio de lo humano”. Chimpún.

He visto la actuación de Sare dos veces. Confieso que la segunda no la pude acabar. Me pareció una bazofia estridente, una interpretación sincopada y estúpidamente esnobista que lejos de sublimar el momento, me hizo sentir vergüenza ajena como creo que más de uno de los allí presentes sintió pero, naturalmente, evitó mostrar. No en vano, lo que se lleva ahora es el tractor amarillo y esa, digamos que, “militancia” o “pertenencia a la manada” confiere el don de la inteligencia para que los sobrevendidos ataques de sinceridad no vayan a dejarle a uno fuera de la pomada. Así que, todos en trance y aquí que no pestañee ni dios que, total, el himno solo dura dos minutos.

El lumbreras que contactó con la cantante y con su músico, un tipo que parecía sacado de un grupo de charlestón de Nueva Orleans, actuó como lo hacen los obediente preventivos: “en Catalunya somos de un moderno y un avanzado que tira para atrás y, por lo tanto, manos a la obra que hemos de ser innovadores hasta en lo del himno, que lo de Mariscal con lo de Coby es de primero de la ESO”, digamos que pensó el lumbreras.

Poco me quiero detener en el traído tema de la feminización de la letra del himno nacional de Catalunya (himno de Catalunya, no, como se sabe, de los catalanes varones).

Aún hay quien no ha entendido que los himnos son como los teletubbies: asexuados. Pero el tractor amarillo es lo que tiene: hace suyo también el mantra de la feminización de todo lo feminizable, incluso de aquello que ni siquiera debería tener género como, por ejemplo, un himno nacional. Repito, es lo que se lleva ahora.

En definitiva no me gustó la versión de Els segadors que escuchamos cuando se proclamó al joven Aragonés como presidente del país. En la génesis y en la forma, me pareció una solemne ridiculez y, en el fondo, y con permiso de Mónica Naranjo, lo peor para una mañana de resaca.

3 Comentarios

  1. España a pesar de estos parásitos es una gran Nación, lleva más de 500 años intentando autodestruirse y no lo a conseguido..

    • Entonces creé usted que la Generalidad de Cataluña impartirá clases de calo y romani obligatorias, para que la opresión este más repartida entre etnias?

  2. Como se pone usted por unas desavenencias y discrepancias, nada que no se pueda arreglar con unos cuantos miles de millones de euros, cada año.

    Un gran modo de vida..

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