El viejo y la pistola y otros relatos de true crime

Con este libro libro, Grann, no solo aporta historias buenas, sino que es capaz de bordar a la perfección cómo contarlas

El viejo y la pistola y otros relatos de true crime

Cuando uno es periodista y además escritor de novelas puede caer —desde mi humilde punto de vista— en el «error» (y lo digo entre comillas) de volcar todo su conocimiento periodístico y sus vocablos lingüísticos en una obra que más que relato la convierta en algo similar a un estudio de investigación.

Hay crónicas que directamente parecen extraídas de un periódico, sin filtros para el lector que puede acabar ahogándose en un enjambre de datos, fechas, saltos temporales, lugares, y un etcétera considerable.

Retratos subrrealistas

Para gustos, los libros, es cierto. Y a eso llegué a acostumbrarme leyendo novelas llamadas de género true crime, porque sencillamente me encantan, aunque acabe ahogándome yo también con ellos. Pero cuando descubrí a David Grann y su obra ‘Los asesinos de la luna’, mi true crime por excelencia, me di cuenta que otra forma de escribir hechos reales era posible.

Hoy me sumerjo en otra obra suya de idéntica riqueza argumental, ‘El viejo y la pistola y otros relatos de true crime’, una novela en la que se concentran tres historias reales, a cual más surrealista, con tres protagonistas que pondrán en duda al lector sobre la veracidad de sus personas.

Un ladrón, un filósofo y un camaleón

No es un chiste aunque pueda dar lugar a ello. Son nuestros tres personajes que protagonizan las tres historias reales de Grann:

Florida (EE.UU.) – 1999: ‘El viejo y la pistola’ es el primer relato que nos habla de Forrest Tucker, un carismático y estiloso ladrón de bancos de traje blanco con raya diplomática.

Un maestro de la fuga que cuenta las veces que pudo escapar de las distintas prisiones de los Estados Unidos (más de 18), incluida la célebre San Quintín. Sus atracos tenían una peculiaridad: nunca había violencia —eso lo consideraba de aficionados—, más bien eran llevados a cabo bajo una interpretación teatral de novela barata, con pistolas haciendo el papel de mero atrezzo.

Fue capaz de hacer enloquecer a la policía en las seis décadas en las que estuvo activo. En palabras de uno de los sargentos: “tenía más experiencia en robar que nosotros en atrapar ladrones”

Tal era su donaire que tuvo la osadía de dar instrucciones a David Grann de cómo atracar un banco. Todo un abuelo ladronzuelo que con un cuádruple bypass y 78 años aún tenía fuerzas para algún que otro golpe.

Este relato fue llevado al cine en 2017 con Robert Redford asumiendo el papel protagonista.

Wroclaw (Polonia) – 2000: ‘True Crime’. Un hombre de negocios aparece muerto en el río Oder, cerca de Wroclaw, con las manos y el cuello enlazados con una cuerda. Sin pruebas ni hallazgos que den un posible autor del crimen, el caso es archivado como ‘el crimen perfecto’.

Tres años después, el inspector de policía JacekWroblewski, a quien se le había transferido el archivo, decide desempolvarlo.

El caso empieza a parecerse demasiado a ‘Desbocado’, una novela escrita por Krystian Bala, un ferviente y extremista estudiante de filosofía. ¿Puede esta ciencia o su área radical convertir a alguien en asesino?

Francia-Texas – 1997: ‘El camaleón’. El último de los tres relatos narra la historia de Frédéric Bourdin, un personaje que fue capaz de adoptar más de 500 identidades diferentes desde que tenía quince años.

Apodado ‘El camaleón’, su delito, si es que lo era en aquella época, fue el de asumir distintas identidades en varios países europeos, haciéndose pasar casi siempre por un menor huérfano víctima de abusos sexuales.

Pese a que lo que hacía no solía causar daños más allá de los provocados por sus frecuentes cambios, cuando decidió adoptar la identidad de Nicholas Barclay, un joven estadounidense desaparecido años atrás, y mudarse a vivir con la familia, el control que parecía siempre poseer en sus cambios se le fue de las manos. El camaleón se convirtió así en impostor arrastrando tras de sí a una familia entera.

El periodista que escribe como un novelista

He tenido y tengo escritores por los que siento una gran debilidad y sé que soy capaz de asegurar el tiro cuando publican nuevas obras, aunque no haya leído su trama. Con Grann solo he tenido ocasión de leer una de sus novelas, ‘Los asesinos de la luna’. Es curioso que pese a todo lo que significó para mí esa historia, no rebuscaba en su bibliografía para leer otras. Quizás fue más lo que explicaba en ella que el cómo lo explicaba lo que tuvo más peso en mí.

Ahora, con este segundo libro, sé que Grann no solo aporta historias buenas, sino que es capaz de bordar ese cómo las cuenta.

Sus historias las novela de tal forma que da la sensación de estar allí con él, entrevistando a sus protagonistas, viviendo en primera persona sus argumentos. Y sin carnaza, sin adornar los hechos. Sin subidones de adrenalina, sin tensión —más allá de la que puedan requerir las historias—. Sus palabras son calma, fluyen por sus manos igual que por la mente del lector. ¿Cómo es posible? Es un experto en el arte de escribir crónicas. No es encontrar la historia perfecta, es hacer perfecta esa historia sin florituras, sólo mediante las palabras, esas que me cuesta encontrar para describir tan valiosa empresa.

No he leído otro periodista igual, y creo que lo prefiero así. Ahora sí, rebusco en su bibliografía y sé que si un día tengo ocasión de oírle en alguna entrevista y en persona, será el mayor de los placeres.

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Mi nombre es Alba R. Prieto, aunque alguno me llame nórdica. Soy psicóloga de profesión y amante de los libros desde que tengo uso de razón. Mi pasión por la novela negra, y más concretamente escandinava, de ahí el apodo, viene del final de la adolescencia y principios de la edad adulta. Pero, desde hace menos tiempo, un género nuevo ha irrumpido con fuerza en mi pasión lectora: el true crime. Y lo ha hecho para quedarse. Indagar e investigar en los casos reales por otras vías, más allá de las novelas, se ha convertido en un deber cada vez que cierro la última página del relato verídico. Y, pese a que las preferencias nórdicas sigan teniendo un lugar destacado en mi biblioteca negra, creo que compartirla con los sin ficción, puede enriquecerme mucho más todavía.

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