El «top manta» sigue presente a pesar del dispositivo policial

Comerciantes y hosteleros del frente marítimo lamentan la poca efectividad real del dispositivo policial iniciado el pasado 29 de julio.

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Presencia policial y prohibición a los compradores del top manta en Barcelona

Pasan escasos minutos de las diez de la noche, las terrazas del Moll del Dipòsit se han llenado de turistas hambrientos tras un día de sol y playa, y el puerto de Barcelona empieza a oler a una mezcla muy veraniega de entre sangría y paella. Desde las 22:00 horas y, como cada día desde hace casi un mes, las patrullas que custodiaban el Paseo Joan de Borbó, el Moll del Dipòsit y la salida de metro de la Barceloneta han abandonado sus puestos hasta las nueve de la mañana del día siguiente. Todo despejado. Solo quedan turistas y barceloneses dispuestos a disfrutar de una noche más en la ciudad

Sin darte apenas ni cuenta, las heladerías del muelle se han rodeado de manteros que empiezan a desplegar sus productos. Ya no hay peligro, al menos, de momento. Como setas y sin saber bien de dónde han salido, una docena de manteros aparecen dispuestos a ganarse su jornal, aunque eso signifique no dormir. El mercado de la discordia es ahora nocturno. 

«No fallan» asegura a eltaquigrafo.com la dependienta de una de las heladerías del muelle. «Se ponen todos los días, sea la hora que sea. Si los policías se retiran a las 22:00, pues a las 22:00, que se van antes, pues antes se ponen», aseguraba la joven de rasgos orientales.

Y es que los distintos comercios con los que pudo hablar este medio aseguraron que el problema sigue latente, pero en otra franja horaria. «El ayuntamiento no ha solucionado nada, seguimos igual…», lamentaban en conjunto. Eso sí, todos ellos celebran el aumento de la presencia policial que, a pesar de no ser masiva, es constante, con mucho movimiento y con un fuerte poder disuasorio.

«Los guardianes» del muelle

Un coche de la Guardia Urbana custodia el Moll del Dipòsit, otro de los Mossos el Paseo de Joan de Borbó y los furgones de la Brigada Móvil (BRIMO) se pasean por la zona de la Barceloneta y el Palau de Mar, como otro turista más que va de paseo. No es, ni mucho menos, un dispositivo policial masivo, pero su presencia es suficiente para ahuyentar a los manteros que se esconden durante el día en los pisos francos que tienen repartidos por toda la capital. Los furgones de la BRIMO se pasean con tranquilidad, pero su movimiento es constante.

«Los furgones de la Brigada Móvil llegaron esta semana», comenta Samuel G. un camarero de la zona. «No están mucho rato en el mismo sitio, se van moviendo. Los primeros días, sí que vinieron dos o tres furgones en masa, ahora ya no». Lo que pudo comprobar este medio, es que existe un dispositivo ligero pero eficaz. No hay sensación de presencia policial masiva, pero sí mucho movimiento. Aunque imaginamos que eso también va en función del día y de las necesidades de cada jornada. Eso sí, una vez este movimiento policial, ligero pero constante, cierra la persiana, el «top manta» aparece de nuevo. Y es precisamente eso, lo que lamentan los comerciantes y los afectados por esta venta ilegal, «no se ha erradicado el problema, se ha trasladado».

Desde el consistorio, lo han desmentido, pero reconocen que los manteros se sitúan de «manera aislada» en algunas zonas. Fuentes del ayuntamiento barcelonés han asegurado que, cuando esto pasa, «intentan actuar de manera inmediata para disuadirlos». Sin embargo, los trabajadores del muelle insisten en que colocan sus mantas todas las noches.

Los manteros no se rinden

Seguramente no son tantos como en otras ocasiones, seguramente no ocupan todo el espacio que ocupaban hace un mes, pero a la que desaparece la presencia policial, reaparecen, cargados hasta el cuello. Y no solo lo pudo comprobar este medio esta semana, sino que así lo afirmaron todos y cada uno de los comerciantes, camareros, dependientes y transeúntes preguntados. Algunos prefieren no dar grandes explicaciones, otros muestran su indignación, pero el resumen es que, a pesar del dispositivo policial, los manteros siguen estirando su manta en el Frente Marítimo.

«Suelo venir a patinar a menudo por esta zona —explicaba Clàudia V.— y durante el día se agradece no tener que ir esquivando bolsos de imitación, pero los dos o tres días que hemos venido de noche aquí estaban de nuevo, ocupando el espacio de todos», lamentaba.

Sin embargo, los representantes de los manteros aseguraron, tras la reunión que mantuvieron con el consistorio barcelonés, en la que acordaron organizar un espacio de diálogo, que ésta era, debida su situación irregular, «su única forma de supervivencia». Lamine Sarr, del sindicato de manteros en Barcelona, lamentaba que «antes de haber puesto en marcha este dispositivo policial, deberían haber pensado en soluciones y proyectos sociales, hubiese sido lo más humano».

Por ese motivo, porque es su única forma para sobrevivir, algunos manteros se han personado de todos modos y han estirado la manta, aun con el dispositivo policial presente. Es entonces cuando, según los entrevistados por este medio, empiezan los momentos de tensión. «El ‘top manta’ no nos beneficia, pero que haya peleas, mucho menos» explicaba la heladera.

Mientras, en los despachos municipales, los socios de gobierno BComú y PSC andan con pies de plomo en su deseo de sintonizar con sus votantes y, al mismo tiempo, de no ofender a nadie.

Últimos incidentes

Esta última semana, se registró un nuevo incidente en el Moll de la Fusta. Decenas de agentes policiales tomaron, el lunes, el Moll de la Fusta de Barcelona para desmantelar el mercado mantero que se había configurado los últimos días y que pretendía sustituir al que hubo a escasos metros, en el paseo Joan de Borbó.

Los agentes irrumpieron en el Moll de la Fusta sobre las cuatro y media de la tarde del lunes desde sus dos extremos, el del Portal de la Pau y el de Joan de Borbó, acorralando a los manteros. Muchos de ellos habían recogido los artículos que vendían al advertir la presencia de policías de paisano en el lugar y de coches patrulla en las inmediaciones y saltaron a la Ronda Litoral para escapar.

La Ronda Litoral se tuvo que cortar durante media hora entre los accesos 20 y 22 para no entorpecer el dispositivo, provocando colas en ambos sentidos. Aun así, decenas de manteros huyeron por la vía rápida entre los coches.

El otro lado de la balanza

En el otro lado de la balanza, se encuentran los comerciantes, los principales afectados por el «top manta». Según Sílvia Cingolani, presidenta de la Asociación de Artesanos de Palau de Mar, «la presencia de los manteros perjudica gravemente a quienes nos ganamos la vida justamente». Cingolani, además, cree que «el dispositivo ha perdido fuerza y no todos los días se quedan hasta las 22:00».

En este sentido, todos los entrevistados afirmaron a este medio que, efectivamente, el dispositivo no permanece activo todos los días hasta las diez de la noche. «Imagino que esta semana, tras el incidente del lunes en el Moll de la Fusta, el dispositivo volverá a alargarse, pero a ver hasta cuando…», opinaba Enrique P. un vecino del barrio de la Barceloneta desde hace más de 20 años.

Las asociaciones de comerciantes llevan años reclamando a las administraciones que se tomen en serio los problemas que les causa el «top manta» y que pongan remedio a un fenómeno que, muchos días, convierte determinadas zonas turísticas de Barcelona en un gran zoco de la venta ambulante ilegal.

Pérdidas por más de 130 millones

La patronal barcelonesa PIMEComerç ha realizado un estudio sobre el impacto del «top manta» en el comercio de Barcelona, llegando a la conclusión de que la venta ambulante ilegal supone una pérdida de más de 130 millones de euros anuales. Según este informe, los daños directos sobre el comercio de proximidad, se estiman en unos 65 millones de euros, a los que habría que añadir otros 69 millones que estarían perdiendo la industria y las marcas pirateadas como consecuencia de la comercialización masiva de productos falsificados.

El informe de PIMEComerç incluso advierte de los efectos negativos que la actividad mantera tiene sobre la hacienda del Ayuntamiento de Barcelona, que deja de ingresar los derechos de ocupación del espacio público que sí cobra en forma de tasas, impuestos y licencias a las terrazas, las floristerías y otros tipos de comercios que exponen fuera de los correspondientes locales

«El comercio está perdiendo millones de euros por culpa de la competencia desleal de la venta ambulante ilegal y ya es hora de que las administraciones asuman el reto con responsabilidad y deber público y de que tomen las medidas adecuadas para que este problema se acabe», denuncia el presidente de PIMEComerç, Àlex Goñi. La patronal del pequeño y mediano comercio insiste en que «hay que frenar la permisividad y la impunidad de la venta ambulante ilegal y parar la cadena de consumo de productos falsificados ilegales, desde su producción e importación, hasta su venta, y esto requiere una voluntad política coordinada».

¿Qué pasa con los compradores?

Lo que está claro es que si nadie les comprara nada, no insistirían en estirar la manta. Sobre todo, los turistas se paran a mirar, cotillean y acaban regateando una imitación de Louis Vuitton por 20 euros, unas zapatillas Nike por 15 y 10 llaveros de recuerdo para toda la familia por 8€.

Por eso, el ayuntamiento de Barcelona recordará a los visitantes que, según dos ordenanzas municipales aprobadas por el consistorio, se establecen multas de 50 a 500 euros por comprar artículos en el «top manta». «Nuestro objetivo no es multarles, pero sí recordarles que les pueden multar», ha explicado el primer teniente de alcalde, Jaume Collboni.

La campaña de información va a constar de varios carteles, especialmente escritos en inglés y francés, con mensajes como «la compra legal hace ciudad». Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) se ha volcado también con esta campaña publicitaria. Los mensajes van a estar en los autobuses, los trenes, las pantallas y la megafonía.

Del mismo modo, se van a repartir trípticos en más de 60.000 establecimientos comerciales de toda la ciudad, gremios y hoteles, en los que los turistas serán advertidos de que comprar en el «top manta», según recogen las ordenanzas, conlleva multas de hasta 500 euros.

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