El robo que no existió

Ricardo Gómez de Olarte

_ ¿El letrado D. Juan Kocinski de Boadilla-Cifuentes?
_ Sí, soy yo
_ Tiene un detenido en la comisaría de calle de la Higa Retestinada, un tal Paquito Chocalitier de la Siberia Helada.

El letrado Kocinski, español de pura cepa se las daba de importante por haber acumulado apellidos ilustres. Curiosamente, Paquito Chocalitier también acumulaba apellidos ilustres pero era mucho más prosaico.

Como decía el portero de la casa del letrado Kocinski, “más estudia un necesitao que un abogao”.

El abogado llega a comisaría y le pregunta al policía que lo atiende cuál es el motivo de la detención, a lo que el poli, en plenitud de ejemplo de puridad legal, máxima observancia de las normas de un estado de derecho y exquisitez de vocabulario le contesta al abogado:

_ Nos ha joio el alivio, como si tú no lo supieras…

El “alivio” (abogado) bregado en “monos” (síndrome de abstinencia) de yonquis de heroína, sin inmutarse lo más mínimo, le responde:

_ Como supongo que su familia, especialmente la difunta, seguirá muy alegre, ya si eso me voy por donde he venido y hasta dentro de las 8 horas que tengo de plazo para comparecer no vuelvo, eh?

El probo funcionario de la Policía se da cuenta que ha pinchado en hueso y le replica que Paco, Paquito para los amigos, Chocolatier ha robado en un gimnasio.

Dada la conocida afición de Paquito al robo con escalo (meterse en domicilios ajenos a afanar lo que honrada y buenamente se pueda y sea de fácil y rápida reventa), el letrado le dice al poli que su cliente no va a declarar y que, en todo caso, lo hará ante la autoridad judicial.

Cuando suben a Paquito de los calabazos, Juan niega con la cabeza y se lleva el índice a los labios para indicarle que se callara. Letrado y cliente se sientan ante la mesa donde le quieren tomar declaración y el policía, una vez hechos los trámites iniciales, suelta:

_ Mira Paquito, tú me explicas lo que has hecho, que lo sabemos todos y seguro que te podemos ayudar para que te caiga la mínima.

El abogado replica:

_ ¡Hasta aquí! No va a declarar y punto. Ni una palabra más. ¡O se cumple el protocolo o me bajo al Juzgado de Guardia y no para rezar un jaculatoria!

El poli, muy ofendidito, calla, cierra el acta sin declaración y los deja solos para hablar. La conversación entre Paquito y Juan es corta pero intensa.

Resulta que a Paquito le dio el santo (el chivatazo del posible botín) un trabajador de dentro del gimnasio: cinco millones de pesetas de principios de los 90 que no habían sido reflejados en la contabilidad del gimnasio.

Paquito paga la entrada a última hora de la tarde; hace un poco de gimnasia; se ducha; abre una ventana alta y… Se mete en la taquilla a esperar a que el gimnasio cierre. Sale de la taquilla con el correspondiente pasamontañas; abre el cajón donde está la pasta; la trinca; apoya una escalera de mantenimiento contra la pared de la ventana abierta y se larga por ella.

El resto, es fácil: las cámaras de seguridad demuestran que es él. No porque se le viera la cara sino porque la figura es de él. Para los que lo conocen es fácil identificarlo.

Al abogado se le enciende la bombilla y se dirige al amable policía para exigirle ver la denuncia. A lo que el poli responde que “todavía no se ha puesto”. Juan le replica al poli:

_ Ese gimnasio… “¿Es el “CIR” de la calle Mare Reverendísima de la Ordre de Monges de la Verge Santísima, verdad?

El poli, desafiante afirma con la cabeza y Kocinski resume:

_ Toda la comisaría y media Barcelona sabe que no va a haber denuncia por el inexistente robo de una cantidad que nunca ha existido. Y nunca ha existido porque además de gimnasio, ahí se efectúan trabajos de lavandería de alguna ilustre familia de políticos que son de esa clase de socios que “tampoco existen”. Así que ya me estás soltando a Paquito ahora mismo porque esto no va a llegar jamás al Juzgado. Y “ahora mismo” es que sale conmigo en 10 minutos.

A los 15 minutos, mientras Paquito y Juan fumaban en la calle, el cliente pregunta al abogado:

_ ¿Cómo has conseguido que me soltaran sin pasar por el Juzgado?

Y Juan le responde con una cita

«Scientia potentia est» (el conocimiento es poder)

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