El racismo también es una pandemia

El día de Navidad, camino a Barcelona, presencié una escena en el tren que me dejó algo insólita: una mujer recriminó la actitud de un hombre que no llevaba mascarilla, para luego insultarlo por su origen y profesión

El racismo también es una pandemia
El episodio racista sucedió en un tren de la red de Rodalies de Catalunya, dirección Paseo de Gracia / Renfe

Me subí al tren de las 18:44h, dirección Paseo de Gracia. Era 25 de diciembre, el día de Navidad, y, para mi sorpresa, el convoy iba más lleno de lo que imaginaba. Como pude constatar al bajar del ferrocarril, todos los ahí presentes habíamos tenido la misma idea: pasear por el centro de Barcelona la tarde de Navidad. Un plan poco original, pero con un cierto toque bucólico que tenía su gracia. Sin embargo, lo que os vengo a relatar nada tiene que ver con mis planes navideños y lo poco imaginativos que fuimos en mi casa, coincidiendo con otras decenas de familias con el misma propósito; sino con el triste episodio que vivimos de camino a nuestro destino:

El tren iba cargado, pero había espacio suficiente para que cada núcleo familiar tuviese su rincón, sin necesidad de rozarnos unos con otros como el hora punta. Había sillas vacías, pero, seguramente, debido al repunte de contagios se quedaron libres de viajeros cansados y muchos preferimos quedarnos de pie, en los rellanos de entrada y salida. Un grupo de músicos callejeros se acercó a la puerta donde estábamos reposando mis primas y yo. Como ocupábamos buena parte de ese pequeño descansillo, los músicos decidieron adelantarse hasta la puerta siguiente, más libre de viajeros. Uno de ellos, el que sujetaba el gorro donde depositar las monedas a voluntad, llevaba la mascarilla caída. Parecía que la tenía rota y pudimos escuchar como pedía una de nueva a sus compañero, aunque, ciertamente, no parecía muy preocupado.

Cómo perder la razón en menos de 30 segundos

De repente, ya en la puerta siguiente a la nuestra, una mujer, que entre gritos aseguró ser enfermera, se levantó de su sitio y se dirigió a ellos echando humo por la cabeza. ¡¡¡PÓNGASE BIEN LA MASCARILLA, QUE ESTAMOS EN PLENO REPUNTE DE CONTAGIOS!!!!! La mujer tenía razón: el hombre, con la mascarilla rota, no estaba muy preocupado, iba andando con el vagón bastante lleno y con la quirúrgica colgando.

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Sin embargo, la enfermera, visiblemente alterada, perdió toda credibilidad cuando se le calentó la lengua y empezó a reprocharle su actitud irresponsable vinculándola con su origen: era sudamericano; y con su ocupación en ese momento: músico callejero. “¿Qué en tu país no os habéis enterado del virus o qué?”. Al oír ciertos comentarios, varios pasajeros intervinieron y se encetó una discusión acalorada entre la mujer y el músico, mientras otros trataban de calmarlos.

No todo vale, y menos si se acoge a la intolerancia racista

La pasajera perdió la razón por el contenido y la forma. Su actitud racista la dejó en evidencia. De nada sirve velar por la salud comunitaria si se hace desde la intolerancia, la marginación y el insulto. Ella estaba convencida de que tenía razón y que cualquier comentario que acompañara su discurso sería válido. Pero se equivocaba. Quedó retratada y entonces fue ella quien fue abucheada. Pero convencida de sus argumentos, cuando el músico abandonó el tren, con una mascarilla nueva -prestada por otra viajera- la enfermera tuvo el valor de esgrimir una última sentencia: “eso vete y haz algo de provecho, que no debes haber trabajado en tu puta vida”. Y dicho esto se sentó de nuevo en su sitio, más ancha que larga.  

Un hombre, que lo había presenciado todo desde el inicio, no pudo más y le soltó: “CÁLLESE, NOS HARÁ UN FAVOR. QUÉ FLACO FAVOR LE ESTÁ HACIENDO A SUS COMPAÑEROS DE PROFESIÓN, PORQUE SE HA LUCIDO CON SUS ARGUMENTOS”. Para concluir con un: “¡¡¡RACISTA DE MIERDA!!!!” Algunos aplaudieron. La mujer ni pestañeó.

El racismo también es una pandemia…

Yo y mis primas desde la distancia, observamos la escena. Se me pasaron tantas cosas por la cabeza que no dije… que por eso creo que necesitaba escribir estas líneas. La razón se desvaneció con unos argumentos racistas e insultantes. No todo vale, ni siquiera cuando hablamos de salud. El hombre estaba haciendo mal, pero nada tenía que ver con su origen o profesión. Y al final, pocos recordaban por qué se había iniciado la discusión porque sólo resonaban en el ambiente los comentarios prejuiciosos de la enfermera colérica, que ya se presentó chillando.

Hay mil formas de decir las cosas a un desconocido. Ella, sin embargo, reunió todos los elementos poco ortodoxos y maleducados que recordó, los mezclo en una coctelera y los expulsó de su vientre sin ni siquiera darle una oportunidad al hombre para explicarse. Lamentablemente, el racismo también es una pandemia, a veces contagiosa, menos mal, que no tanto como el coronavirus…

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