El “procés” de la fiscalía

Carlos Quílez Lazaro

En el juicio del “procés” todas las partes, actores y protagonistas, tarde o temprano, van a perder. Todas. Incluido Vox. Por supuesto, los imputados-investigados son los que se van a llevar la peor parte. Sus abogados, más de los mismo.

Las acusaciones, si ganan (que lo harán), deberán administrar bien el rédito de esa victoria inicial porque, por grande que sea la diferencia de goles nunca será tanta como para garantizar un partido de vuelta placido y un resultado definitivo (partido que se jugara en el tribunal europeo).

El tribunal, firme lo que firme, nos deparará una sentencia manchada, arrugada y poco presentable porque olerá a lo que huela la sospecha. Los alemanes, belgas, suizos y escoceses ya la esperan afilando sus dagas jurídicas y con ganas de situar a España en el vagón que ocupaba cuando era “Spainisdiferent”.

Con todo, los que menos perderán serán los fiscales. A estos nunca les pasa nada. Si acusan, incluso con vehemencia, y si pierden son las reglas del juego. La culpa siempre es del de arriba. (A Garzón le apartaron de la judicatura por permitir la intervención de las conversaciones de un recluso y su abogado en la cárcel. El fiscal lo sabia. Asintió. No recurrió la orden judicial y, sin embargo, salió indemne).

El escudo del fiscal es el juez; la culpa es del juez o del tribunal que no se entera, que ya se sabe cómo son estos jueces…

El fiscal se limita a hacer su trabajo sometido a una ausencia de facto de responsabilidad profesional e intelectual en caso de error, exceso u omisión. Esto es así, por lo tanto, en el marco de este clima y esta coyuntura se entiende la dureza del discurso de los fiscales del “procés” vertido ayer durante las cuestiones previas con severas afirmaciones (“el procés fue una acción criminal” o “el Govern opuso a los ciudadanos frente a los colegios para que se enfrentasen a la policía”).

Si el Supremo o el Constitucional o Estrasburgo, le acaban quitando la razón, esta hiperventilación del Ministerio Público, esta sobreactuación – en un clima en el que las derechas se disputan la marca España – les saldrá gratis.

Como me dijo un día un fiscal jefe, “son las reglas del juego, si nos equivocamos, le damos la vuelta al lápiz, borramos, y seguimos escribiendo”.

Como diría mi hija cuando me comporto injustamente con ella… “papa así no se vale”.

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