El president Torra a dieta

Luis Artigue escritor

Por culpa de la política la atmósfera en Cataluña está tan caldeada que últimamente hay que meterse el aire en la boca a cucharadas.

A tal efecto nótese que el president Torra, ese Gandhi de fin de semana en rebajas, ese revolucionario de cochazo oficial y quitamanchas para borrar el supremacismo de ciertas frasecitas de sus libros, ha anunciado así, poniendo la misma cara solemne que si fuera a expulsar por el esfínter el mármol de su estatua, que inicia una huelga de hambre de 48 horas…

¿Conseguirá hacer creer a sus crédulos que 48 horas dan para que una huelga sea huelga, o dan para que se llegue a pasar hambre, o siquiera para que baje el colesterol?

¿Logrará hacerles creer a los anarquistas de las CUP, y a los ultraconservadores expertos en caridad cristiana de Convergencia (o como se llame ese partido esta semana), que no se trata de que un par de días de ayuno sean buenos para el colon, sino que es que él se ha convertido ya en un solidario social de esos que hasta leen “El Capital” de KarlosMarx, y, de hecho, ha aprendido que allí dice que perder unos cuantos kilos de más equivale a aligerarse de propiedad privada?


«a la cárcel de verdad o a la huelga de hambre de verdad, que se vayan los curritos de izquierdas…»


El caso es que Torra, como Puigdemont, en el fondo considera que el espíritu revolucionario es como el aceite usado: algo que da sabor y sustancia a la dieta exangüe de muchos, y que por tanto hay que promover, pero que no es para ellos, los ricos de buena familia.

Ellos saben que eso no es aceite de verdad…

Y a la cárcel de verdad o a la huelga de hambre de verdad, dicen pues los ultraconservadores Torra y Puigdemont, que se vayan los curritos de izquierdas, que nosotros, para traerlos a nuestro redil cuando nos interesa, decimos que apoyamos la república, pero en realidad hemos nacido para vivir como reyes.

Como prueba el president Torra ha revelado –sin reírse- el tiempo de duración de su huelga de hambre, y, por si fuera poco, ha dicho donde llevará a cabo tan simbólico como escuálido sacrificio.

Sí, será en un monasterio: un lugar que, como es sabido, para los políticos al servicio de la plutocracia, más que entorno solemne y santo en el que ascender por las escalas del entendimiento espiritual que proponía el gran místico medieval Ramon Llull, es un lugar ocioso al que la gente guay acude con su amante y su cardiólogo…

Dicen las crónicas que en el baño de la celda monacal del president los monjes de derechas, que de todo hay en la viña del señor, colocarán un cartel donde se lea: “apretar”.

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