El papel de un cromo de Marian Peyró

El papel de un cromo de Marian Peyró

Uno siempre presupone que crear relatos es más sencillo que escribir una novela. Error de ignorante. Es muchísimo más complejo algo breve, por todo lo que ha de condensarse dentro de él y por el poder que debe tener para llegar al lector.

Pero pese a esa dificultad, quien lo consigue, se debería congratular. Si en pocas páginas acierta —o como en este caso, lo borda—, no quiero pensar qué haría con 300 folios en blanco.

Esto es lo que ocurre en El papel de un cromo, de Marian Peyró (Madrid, 1978), publicada por la editorial Piezas Azules, una obra que comprende 20 historias bastante oscuras, portadoras de una fuerza tan poderosa como desgarradora. Relatos capaces de exprimir en cuatro, cinco o seis cuartillas todo un entramado novelesco que te hace desear que esas páginas se multipliquen en muchas más.

Peyró es experta en iniciar una historia, crear un argumento y concluirlo en un tiempo y espacio tan comprimidos, como asfixiantes, con ese brío capaz de estrujarte las entrañas.

Multiverso

Una pareja de recién casados que viaja a México durante la celebración de los muertos; una niña que no lo es tanto que deambula por un Medio Oeste en el que las aceras no existen; un gen defectuoso capaz de provocar la muerte de un bebé; la homosexualidad que salva vidas; la maternidad que las mata; la inocencia truncada o el desdoblamiento de una misma en el relato que lleva por nombre esta obra… Estas son algunas de las temáticas que Marian trata en sus cuentos para no dormir.

¿Su hilo conductor? El conjunto de bajos instintos que constituyen al ser humano. La escritora te lleva al infierno de esas pulsiones que, en su día, Sigmund Freud describió como impulsos psíquicos que tienen su fuente en una excitación interna y que han de ser suprimidos o calmados mediante su ejecución a través de un “objeto” no preciso.

Marian Peyró

El papel de cromo es una joya narrativa. Sus relatos son tan bellos como crudos y desconcertantes. Nos hablan de violaciones, trastornos mentales, vejaciones y humillaciones. Del inframundo psíquico de la especie humana. Y te dejan en la más absoluta incertidumbre. Piensas, ¿realmente el hombre puede ser tan dañino?

Poseedora de una prosa sublime y una capacidad de convertir lo monstruoso en natural, los finales de estas breves historias no son concebibles por el lector. La imaginación es incapaz de cerrar esos textos de la forma en la que la autora lo hace. De dónde los saca y cómo los crea ella es un misterio. Sus crónicas tienen un inicio suave, en algunos casos hasta dulces. Pero se van retorciendo hasta poner un punto y final macabro. Es tal la tensión que generan que quieres gritarle a las víctimas: ¡Corre! ¡Sal de ahí! ¿No ves que van a violarte?

Grandes pequeñas historias

Salvando las distancias de épocas y matices, esta novela tiene tintes de Te deix amor la mar com a penyora, de Carme Riera, una obra de relatos publicada en 1975. Pese a que en El papel de un cromo no tenemos al mar como protagonista, la locura, la fatalidad que rodea al género femenino o la muerte que envuelve a los personajes son la conexión entre ambas obras.

Junto a estos 20 cuentos, una serie de fotografías en blanco y negro que los intercalan. Y al comienzo de la lectura, un prólogo de uno de los grandes: Carlos Bassas, cuyas breves palabras resumen a la perfección las sensaciones que esta novela deja en aquel que se sumerge en ella: «Créanme, no saldrán indemnes de este libro, sino con el espíritu lacerado».

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