El pajillero impávido y otros seres pasotas

nuria gonzalez

El pasado 31 de octubre, cuando ya estábamos listas y preparadas para irnos de puente, la Audiencia Provincial de Barcelona hizo pública la sentencia de la llamada “Manada de Manresa. Supongo que buscaba el tribunal que siendo las horas que eran del jueves de Halloween, no diera tiempo a que las mujeres se organizaran en esas manifestaciones espontáneas a las que acudimos ya de manera ritual, cada vez que una de las nuestras es agredida, primero por hombres terroristas machistas, y luego, rematada por la Justicia.

No les salió bien a los jueces porque, aunque nos dieron el puente, este pasado lunes calles y plazas y toda España se han vuelto a llenar de mujeres exigiendo ser tratadas como seres humanos de primera. Cosa que definitivamente no acabamos nunca de conseguir.

La condena, como ya casi todo el mundo sabe, va de los 10 a 12 años de cárcel. No está mal, la verdad. Es una condena alta. El problema está en que el tribunal no considera que follarse por turnos a una niña de 14 años inconsciente, esperando en una cola con los pantalones bajados, para penetrarla bocal, anal y vaginalmente sin que la menor pudiera hacer nada por evitarlo, es un simple abuso.

Vaya, que sí, que los 5 condenados se han pasado con la chiquilla, pero que tampoco vamos a ir por ahí llamando violadores a estos hombres de entre 18 y 39 años, que seguro en su entorno encontramos a alguien que nos dirá que son “buenísimos chavales”. Tampoco hay que exagerar chicas, según la Audiencia de Barcelona.

Sin embargo, mi interés se centra en el sexto hombre, en el absuelto. Según el tribunal, este hombre es inocente de cualquier delito, de todos los muchos que allí se perpetraron porque, aunque no hizo nada por evitar la agresión, dadas las circunstancias, tampoco hubiera podido evitarla, aunque lo hubiera intentado. Hasta ahí, infumable el argumento del tribunal.

Pero si además tenemos en cuenta que, no sólo no hizo nada por evitarlo, sino que decidió que iba a aprovechar el momento de jolgorio para hacerse una paja en su asiento de primera fila para la violación en grupo, la actitud del tribunal para con este pajillero impávido es ya obscena.

A este pajillero me lo imagino yo haciendo lo mismo muchas veces, sólo que en lugar de en una fábrica y con el espectáculo en directo, viendo porno en bucle en la pantalla de su móvil y ordenador, practicando el onanismo desenfrenado tras ponerse a tono con múltiples escenas violentas, y gastando el sueldo en papel de wáter o pañuelos para limpiar el producto de su viscosa afición. Dios nos libre de estar cerca a semejante sujeto y tener que tocar las mismas cosas…

Este sujeto que, impasiblemente vio como sus colegas cometían un crimen múltiple contra la vida de una niña de 14 años, cuya vida no volverá a ser la misma, nunca. Ni si quiera después de autosatisfacerse fue capaz de no seguir cometiendo el delito, por ejemplo, de omisión del deber de socorro, que la Audiencia de Barcelona, parece que ha decidido obviar…igual que la dignidad de la víctima.

Sin embargo, este supongo, granudo de Manresa no es el único ser con la capacidad de asistir a actos violentos sin perder la compostura ni mover un dedo.

Corre por las redes el vídeo de una agresión racista sucedida estos días en un autobús de línea de Madrid. En la grabación se ve como un tipo, más o menos de la misma quinta que los de la fila con los pantalones a lo pingüino en Manresa, insultando a una mujer latina, al grito de “sin vergüenza” y “vete a tu puto país”. Después de eso, cuando la chica se levanta para bajar del bus, el energúmeno se va hacia ella, le da una bofetada y le intenta dar una patada ante la mirada impasible de todas las personas que había en el autobús, que no eran pocas.

Hasta tal punto pasó la agresión sin que nadie hiciera lo más mínimo que ni el conductor del autobús, dice, se percató de la misma.Hay que decir que sólo los dos chicos que iban con el agresor intentaron pararle, y que la cosa se ha sabido porque otra pasajera grabó y ha difundido la agresión en las redes sociales.

Insultos y agresiones racistas y machistas y el resto del personal sigue mirando la pantalla de su móvil como si nada ocurriera, porque con ellos no va la cosa. ¿Hasta qué punto de podredumbre está llegando esta sociedad ultra individualista, deshumanizada y estúpida que no es capaz de reaccionar ante un hecho violento así que ocurre a menos de medio metro de nuestra cara? Los violadores y agresores son escoria, pero la pasividad es la madre de todas las culpas.

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