El «muerto» de Roses que pasó un control de aeropuerto en Holanda

El juzgado de Figueres ha dictado una orden de búsqueda y captura contra él y su hermana por un delito de estafa al intentar cobrar las pólizas de cuatro seguros de vida.

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Un aficionado practicando submarinismo

Un juzgado de Figueres ha emitido un requerimiento internacional para detenera Miguel P., un hombre que desapareció en Roses cuando salió a hacer submarinismo, en noviembre de 2017, y al que se daba por muerto.

Según han informado los Mossos d’Esquadra, la policia holandesa alertó hace pocos días que detectaron al supuesto desaparecido en un control de pasajeros del aeropuerto de Shiphol (Amsterdam). Hace casi dos años, al no encontrarse su cuerpo cuando salió con su hermana a hacer submarinismo, se le dio por desaparecido.

La policía holandesa no pudo detenerlo porque no existía ninguna orden. Ahora, lo están buscando a él y a su hermana por estafa y desorden público, ya que intentaron cobrar las polizas de cuatro seguros de vida.

Fingió su desaparición

Miguel P., de 43 años y doble nacionalidad (belga y estadounidense), desapareció el 30 de noviembre de 2017 delante de la costa de Roses (Girona), cuando practicaba pesca submarina.

Según relató la hermana de Miguel, salieron en una zodiac de unos 5 metros de eslora desde la playa de la Almadrava de Roses. El hermano bajó a hacer pesca submarina mientras ella esperaba en la superficie y, al ver que no salía, alertó a emergencias sobre las 14:30 horas. En ese momento, se puso en marcha un intenso dispositivo de búsqueda por tierra, mar y aire.

Durante ocho días, un operativo de rescate que contaba con Salvamento Marítimo, la Guardia Civil, los Bomberos de la Generalitat y los Mossos d’Esquadra, lo estuvieron buscando.

Finalmente, el operativo desistió al no encontrar el cuerpo y se constató como desaparecido.

Sospechas sobre el caso

Cuatro meses después de la desaparición, un investigador privado llamó a los Mossos d’Esquadra para aportar nuevos datos sobre el caso: existían sospechas de que Miguel hubiera simulado su muerte, pero no había pruebas.

Miguel P. era un empresario con problemas económicos. En el momento de su desaparición, tenía contratados cuatro seguros de vida (dos de ellos, recientes), y según informó el detective, los familiares habían empezado el trámite para cobrar las pólizas que la legislación estadounidense permite hacer con sólo una denuncia de desaparición en el mar.

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