El motel del voyeur de Gay Talese

Gay Talese cuenta la historia de un voyeur que observa las relaciones sexuales de los huéspedes que se instalan en su propio motel

El motel del voyeur de Gay Talese

Gay Talese (1932, Nueva Jersey) está considerado uno de los padres del Nuevo Periodismo. Siempre acude a las entrevistas vestido con traje y corbata; le gusta la gente real, el cara a cara. Talese no entiende las redes sociales, ni falta que le hace. La verdad solo se encuentra pisando la calle.

Cuando el periodista que ha trabajado para el The New York Times, Esquire, The Times, The New Yorker y Harper’s Magazine se encontraba en plena promoción de su obra de no ficción más conocida, ‘La mujer de tu prójimo’, recibió una carta anónima. Quien le escribía era un tipo raro. En su relato aseguraba que podía aportar algo de interés al ensayo que se estaba publicitando.

El detonante: La mujer de tu prójimo

Si no se hubiera publicado una obra como ‘La mujer de tu prójimo’, tampoco tendríamos conocimiento de la historia que nos ocupa, por lo que creo que es importante que conozcan el contexto que actúa como detonante para la difusión de ‘El motel del voyeur’.

La primera es, en definitiva, un extenso relato sobre la revolución sexual y el cinismo de los estados. Al respecto, véase un ejemplo: el cunnilingus está penado por el mismo país que manda soldados al otro lado del mundo para cometer violaciones y asesinatos. «Váyanse a la mierda», digo yo. En el libro hay material de sobra para que una entre en cólera.

Lo anterior es solo una pequeña muestra, pues el periodista se infiltró en salones de masajes de Nueva York y se mezcló con gente que practicaba el intercambio de parejas. Y su crónica también incluye muchos datos históricos. Gay Talese expone las detenciones que se llevaron a cabo en Estados Unidos y algunas de las barbaries de la Inglaterra del siglo XIX.

Había curas para la masturbación. Los padres obligaban a sus hijos a ponerse una especie de cinturón de castidad equipado con campanillas que sonaban cuando los púberes se tocaban los genitales o tenían una erección.

1980, el voyeur entra en acción

Ya puestos en contexto, pueden entender por qué esa especie de denuncia social llama la atención del voyeur, quien tras conocer parte del contenido de ‘La mujer de tu prójimo’, decide escribir una carta anónima a Gay Talese. Y, sobre todo, pueden comprender por qué ciertas prohibiciones que se acumulan en el subconsciente o imaginario del voyeur desencadenan su supuesto trastorno.

Al principio, el periodista no puede creerse lo que le cuenta el remitente misterioso: regenta un motel en el estado de Colorado desde hace años, y observa a sus huéspedes gracias a un complejo diseño. Con la ayuda de su esposa, ha practicado unos agujeros en los techos de las habitaciones y los ha cubierto con unas lamas de aluminio que, a primera vista, parecen rejillas de ventilación.

El personaje anónimo mira sin ser visto desde un desván invisible. Su intención, dice, es satisfacer sus tendencias de voyeur y su irresistible interés por todas las fases de la vida de la gente, tanto social como sexualmente. No cree que lo suyo sea un problema; de hecho, es como si creyera que está haciendo el trabajo de un sociólogo. Autoestima no le falta, y está convencido de que su estudio puede ser de interés general para el mundo.

El voyeur anota todo aquello que ve en un diario, incluyendo fechas y descripciones físicas de los huéspedes que observa. Se enfada si son poco higiénicos, y cuando apagan la luz se atreve a situar el coche delante de la habitación para iluminarla, dejando los faros encendidos para disfrutar del espectáculo. Llama la atención su relato, en especial cuando habla de él mismo utilizando la tercera persona:

“Bajó la mano derecha de los pechos a la vagina y comenzó a frotarse el clítoris, al parecer inmersa en el éxtasis que le recorría el cuerpo, y el olor viscoso de la fragante humedad vaginal se hizo más intenso, más poderoso para el olfato del Voyeur, que observaba a menos de dos metros de distancia”.

Gay Talese es un buen peirodista

Talese incluye en la obra la transcripción del diario del voyeur, quien más adelante se identificó como Gerald Foos. ‘El motel del voyeur’ se publicó en 2016 porque el periodista se sumergió en el caso a lo largo de tres décadas.

Le costó mucho conseguir que el protagonista le permitiera revelar su identidad; en caso contrario, Gay Talese no se habría atrevido a difundirlo, pues siempre se ha debido a los lectores y a la veracidad de los hechos que expone.

El gran problema surgió después, cuando Talese recibió una llamada de un redactor del The Washington Post. Tras realizar unas comprobaciones, el investigador había descubierto que algunos de los datos que aportaba Foos no cuadraban. No es objeto del presente escrito contarles lo sucedido. En relación con el desliz de Talese, hay un documental en Netflix titulado ‘Voyeur’ que lo explica muy bien.

Mi intención es convencerles de que esta obra merece ser leída. Gay Talese estuvo allí. El periodista pisó el suelo de ese desván y observó a través de las rejillas; es más, tuvo un pequeño accidente con su corbata al agacharse para mirar. Ese motel siniestro existió y Gerald Foos es real.

No es posible comprobar si todo lo que cuenta el voyeur es fruto de la realidad, pero sea o no cierto es, en todo caso, verosímil, además de que se trata de un sujeto que conviene analizar. Y el trasfondo de la obra parece ser, a mi entender, el mismo que el de ‘La mujer de tu prójimo’: una sociedad hipócrita dominada por unas élites mediocres cuya meta es someter a los vulnerables mediante la contradicción vital.

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