El monopolio de la violencia legal no está en manos de una sola bandera

Carlos Quílez Lazaro

Lo dije cuando no se podían decir según qué cosas: si durante el 1-O a los Mossos se les hubiera ordenado cargar, lo hubieran hecho. Pero nadie lo ordenó, ni sus mandos policiales (apelando al consabido principió jurídico de la proporcionalidad) ni el coronel Pérez de los Cobos “no sea que vayan estos mossos y me hagan caso”.

Aquellas imágenes crueles y vergonzosas del 1-O que protagonizaron los aguerridos agentes del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil situaron en el universo mental de la sociedad catalana (toda, también la no independentista) la absurda idea de que había dos modelos de policía cohabitando entre nosotros: los de fuera, esto es, bestias, fascistas –¡cómo le encanta al “procés” la palabra fascista!-, que no sólo se lo pasaban bien pegando a los catalanes indefensos sino que cuando otros catalanes no indefensos les acorralaban en sus hoteles, gritaban en calzoncillos pero con la porra en la mano “¡déjenos actuar, déjenos actuar!, un cántico envenenado y que les delataba no como seres indefensos, sino como seres monstruosos .

Por otro lado, los Mossos: esa policía sensible, civilizada (tienen prohibido lanzar pelotas de goma no sea que dejemos sin ojos al personal), que trabaja en comisarías que huelen a colonia y cuyas paredes están salpicadas de frases de canciones de Lluís Llach.

Una policía diferente que, sin embargo, cuando tiene que desenfundar un arma y tiene a un yihadista (o, si se prefiere “moroterrorista») delante, no duda en vaciar uno y dos y tres y cuatro cargadores sin reparo alguno (sólo hay que leer en el sumario del 17-A cómo se produjo el abatimiento de Younes Abouyaaqoub).

Les pusimos flores en los coches patrullas tras el atentado de Las Ramblas, les invitamos a melindros con chocolate deshecho aquella fría madrugada del día 1-0.

Era una policía diferente, “porque somos un país diferente: Aquí ya no matamos a los toros”, esa era la contraseña.

Esta era nuestra policía. Aquella era la policía de los otros. Los nuestros y los otros: el gran mantra que acompaña al nacionalismo -sea del color que sea- y que esta sociedad ingenua o cínica compra sin reparo.

Pues no. La UIP del CNP, el GAR de la Guardia Civil y la Brimo de los Mossos, mire usted por donde, han ido a la misma escuela, están regidos por la misma ley y es análogo el tamaño, grosor y dureza de sus porras.

Ahora esa ciudadanía, la de las flores y los melindros, la que jamás se ruborizó cuando los Mossos zurraban a okupas, estudiantes u obreros en lucha, ha descubierto la realidad.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here