El hijo del chófer, de Jordi Amat o retrato de una sociedad enferma

En el fondo El hijo del chófer no es el retrato de un diablo, sino el de una sociedad fundacionalmente enferma.

El hijo del chófer, de Jordi Amat o retrato de una sociedad enferma

En la mejor línea del periodismo de investigación (la línea que aúna y funde al escritor con el periodista y con el detective y con el ratón de archivo y biblioteca; esa línea en la que se mueven el Javier Cercas de Anatomía de un instante, el Ignacio Martínez de Pisón de Filek , el Carlos Quílez de La mala vida y Sigue la mala vida, y la Leila Guerriero de Zona de obras, por citar autores recientes y de nuestro ámbito, se inscribe el talento literario de Jordi Amat (Barcelona, 1978) ya demostrado en libros celebrados como por ejemplo Largo proceso, largo sueño (un libro sin cuya lectura no se entiende a cabalidad la Cataluña del siglo XX, y en el cual ya estaba esbozado el argumento de biografía true crime que ahora acaba de publicar con el título de El hijo del chófer).

En efecto el último libro de Jordi Amat (Barcelona, 1978) El hijo del chófer (Ed. Tusquets) empieza con la bien escrita y descrita agonía del escritor catalán de inteligencia salvaje y prosa suelta Josep Pla, el cual se murió de comer café con whisky, y con la crónica saturada de información de ese último día de vida del escritor (la renuncia a comer, el infarto, la muerte, la visita de Tarradellas y la de Narcís de Carreras y de Jordi Pujol con toda su comitiva oficial, que manda el periódico El País su colaborador y delegado en Cataluña, el periodista extraordinariamente inteligente Alfóns Quintá (el hijo de Josep, chófer de Pla, con los años convertido en uno de esos periodistas más carroñeros de la Transición cuyo trabajo se parecía menos a informar que a traficar con información, y cuya presencia en la historia oscurecía la realidad).

Pero el libro no es un libro sobre Pla, como pudiera parecer con ese arranque, sino un true crime político sobre la ambición, el poder y la supervivencia en medio de las telarañas ponzoñosas de las cloacas del estado autonómico en ciernes, contado todo a través del carroñero primer director de TV3. Se trata, pues, de una obra tan inquietantemente realista como narrativamente eficaz que hace entender lo de la TV3, y lo de que se creyeran lo de la santidad política de Jordi Pujol, y sobre todo te hace cuestionarte bastante esto que llamamos democracia de Convergencia.

Al tiempo que el autor nos narra esa agonía, esa muerte, y la visita del financiero y el President, sabemos de la personalidad del protagonista: Alfóns Quintá, un hombre resentido con su padre porque para don Josep su trabajo con Pla pasaba por delante de su familia; uno que le escamoteó buenas condiciones para un piso a ese financiero y presidente de la Caixa, y utilizó su periódico también para sabotear la intención de ese presidente de nombrar a un sucesor a su antojo en vez de a otro que al protagonista del libro le gusta más, amén de estar escribiendo sobre la mala gestión y el agujero financiero que Jordi Pujol estaba abriendo en Banca Catalana.

Pla está de cuerpo presente, y en un aparte Pujol y el financiero Narcís de Carreras hablan sobre el hijo de Josep, el chófer de Pla, ahora convertido en periodista poderoso de El País y escritor de artículos muy perjudiciales para con Pujol: “gracias pero no se preocupe usted –dice Jordi Pujol; el caso Quintá ha quedado resuelto”.

¿Cómo resolvió Jordi Pujol el caso del periodista más crítico con él y con su labor en Banca Catalana y su actividad política?

Para saberlo tendrán que leer este libro que es la apasionante, documentada, truculenta, políticamente perturbadora y narrativamente absorbente historia del periodista siniestro, inteligente, con una freudiana carencia paterna que le desencadenó un rasgo perverso con arrebatos de psicosis, pero que contaba con más información y menos escrúpulos de toda la época de la Transición: un tipo que fue el artífice de la consecución de que lo de Banca Catalana a Jordi Pujol le saliera gratis, que en compensación fue el primer director de TV3, que permitió que Jordi Pujol a través de él dirigiera TV3 casi personalmente, y que luego abandonó el periodismo y se hizo juez con la misma catadura moral y hasta marino mercante antes de acabar matando a su mujer a tiros con una escopeta de caza y suicidándose, esto no es contar el final del libro pues ahí no acaba el libro, y además el libro no es una biografía de Alfóns Quintá sino sobre todo un retrato de las corruptelas de las élites catalanas el los tiempos primeros del Pujolismo.

La parte narrativamente más brillante de este libro no es el documental retrato de época, ni la descripción psicológica de un personaje real influyente, y, a la vez, sicópata, maltratador, acosador laboral, extorsionador periodístico, conseguidor político y demás lindezas: más aún son las páginas que cuentan con fina mano literaria como Alfóns Quintá monta un espectáculo mediático y un discurso perverso para sostener la corrupción económica y política de Jordi Pujol, y para que la imagen de éste quede indemne.

Pero la capacidad de impacto de este true crime negro-criminal va aunada a su vigencia periodística. De hecho políticamente lo más impactante de El hijo del chófer es la documentación prolija previa que dibuja en mosaico con probada fiabilidad un caldo de cultivo político mefistotélico tanto a derecha como a izquierda, y en el centro… ¡Todos igualmente instalados, nos describe Jordi Amat sin decirlo, solo con los hechos y los datos, en lo de la pela es la pela como pretexto para que sacar tajada sea lo primero de todo, y a eso convienen en llamarlo todos política y defenderlo si los pillan gritando y tú más.

En el fondo El hijo del chófer no es el retrato de un diablo, sino el de una sociedad fundacionalmente enferma.

Mucho tiene que joder a la Cataluña nacionalista, soberanista, independentista y/o onanista este magnífico libro.

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