El final del verano

Ricardo Gómez de Olarte

Cuaderno de bitácora, fecha estelar: 4.384-9. Nos encontramos en una misión rutinaria para abastecer a una misión científica destacada en el planeta Caascaluño IV. También viajamos en misión de paz. Además de víveres, medicinas y equipamiento, viaja con nosotros una de las caascaluño biólogas más brillantes de la Federación, la doctora Maria Grazia Melonari, de la nebulosa Tirana 1.

La peculiar organización social de los tiranonebulanos ha despertado la curiosidad de toda la tripulación, y es tema frecuente de conversaciones. Los habitantes de Tirana 1, ni sienten ni padecen pero tienen una profunda inclinación a montar bronca por un “quítame allá esas pajas” y a quejarse por todo.

La doctora Melonari, muy brillante ella, está de muy buen ver pero hace honor a su origen. Me está sublevando a la tripulación masculina por su físico y a la femenina porque parece que su querencia a la queja y a la bronca se está contagiando a la población femenina de nuestra nave espacial, más conocida como la “Omelette Surprise”

La Omelette Surprise, está atravesando un campo de asteroides que viajan en nuestra misma dirección. Sin embargo, nos sorprende ver muchas naves con matrícula de un planeta más allá del sistema de Caasculuño IV. El teniente timonel Jorge Muay Tay, se las ve y se las desea para sortear a dichas naves que empiezan a cundir más que el arroz bomba. El doctor Stockli las ha identificado como pertenecientes al planeta Ignorance.

La verdad es que gracias a nuestra tecnología, desde hace años muy superior a la de los “catettos” (es como llamamos cariñosamente a los habitantes de Ignorance), podemos ver que la mayoría transportan colchones, ropa de mercadillo y enseres raros a o desde el planeta Marmocos situado al otro lado de nuestro sistema solar. Parece mentira que con la cantidad de galaxias recorridas, los “catettos” sean tan malos pilotos de ingenios espaciales: el que no va lento, va más lento y ninguno deja hueco entre asteroides. Cuando conseguimos adelantarlos, emiten señales agresivas, pero el universo entero sabe que a la hora de la verdad, no tienen valor ni para tirarse un pedo en público. Así que menos, para plantar cara.

La doctora Melonari congenia con el doctor Stockli, originario del planeta Helvetia. Estos tampoco sienten emoción ni sentimiento alguno, pero a diferencia de los tiranonebulanos, no tienen ese ansia por la queja o/y la bronca.

Nos acercamos a la atmosfera de Caascaluño IV, así que detenemos la Omelette Surprise para que el comandante ingeniero jefe Dr. Pifiel nos teletransporte a tierra, a la doctora Melonari, a mi asistente la señora Lupita Gallardo, al teniente Céspedes y a mí mismo. El doctor Stockli se ha tenido que quedar a causa de un cuadro de estrés. Según el comandante médico es un caso único en toda la historia de los helvetios. Ignoro si la doctora Melonari tendrá algo que ver. Mejor no pregunto.

El cretino del ingeniero jefe Pifiel ha vuelto a hacer de las suyas y ha dejado en la nave a mi asistente Lupita Gallardo. Esta Lupita Gallardo está resultando, además de pija, un poco vaga. No es la primera vez que se queda en la Omelette Surprise cuando le toca trabajar. Sospecho que Pifiel y ella tienen algo más que una entrañable amistad. Mejor tampoco pregunto.

Hemos aparecido en Caasculuño IV y sus indígenas están todo el día discutiendo. Mi fiel Céspedes y yo nos hemos girado mirando inquisitivamente a la doctora Melonari pero ésta nos ha jurado “por sus muertos repicaos” que ni ella ni ningún congénere suyo han puesto jamás un pie en Caascaluño IV. Céspedes no termina de creérselo. Por mi parte, mejor tampoco pregunto.

A fin de entender algo mejor la situación, hemos solicitado ver a su líder. Lo cual ha provocado otro conflicto, ya que al parecer hay varios que se disputan el liderazgo. Uno está exiliado en un planeta más allá de Ignorance. Otro está aquí en Caascaluño IV y no hace más que soltar soflamas contra el gobierno de Expania, que es el sistema solar al que pertenece Caascaluño IV. De hecho, no parece que gobierne nada, solo suelta soflamas. El presidente de Expania no está mucho por la labor y se limita a darse bureos en un crucero de lujo.

La doctora Melonari toma notas como una posesa mientras murmura “fascinante, fascinante”. No acabo de entender que es lo que le fascina exactamente porque tanto a Céspedes como a mí nos aburre sobremanera esta situación. De la misión científica nadie sabe nada. Algunos lugareños nos indican que se marcharon sin dejar rastro al poco de llegar.

Aprovechando que en Caasculuño IV hace un calor insoportable, decidimos tomarnos los días de asueto anual que nos corresponden. Comunico con mi segundo de a bordo, la comandante Dana que nos vamos a investigar a la costa de Caasculuño IV.

La comandante Dana farfulla por lo bajini algo sobre la obligación y la devoción mezclado con una mención a mi relajada capacidad de mando. Decido ignorar sus murmullos para explicarle a bordo que el viaje de vuelta será muy largo y que más vale amansar a la doctora Melonari y al resto de la tripulación. De paso a ver si consigo estrechar lazos con la doctora porque cuando está de buenas, está muy buena. Cuando está de malas, también, pero mi experiencia me ha enseñado a no acercarme.

Llegados a una simpática población costera caascaluñesa, descubrimos varias cosas que nos sorprenden. Resulta que hay más “catettos” de Ignorance que caascaluños. Estos “catettos” no son como los que descubrimos en el viaje de ida. Son blanquitos de piel, demasiado blanquitos incluso. Dan lecciones de todo a los lugareños y a cualquiera que se cruce en su camino; exigen mucho y se quejan de lo caro que está todo. Lo cierto es que acaban siendo muy desagradables. Especialmente cuando se emborrachan con un mejunje asqueroso, con olor a anís mezclado con agua.

También pululan una serie de caascaluños que se dividen en dos grandes grupos (política aparte): modernos y macarras. Como dijo el gran Ramón Yarritu “Hoy en día, el que nos es gilipollas es moderno”.

Céspedes, la Melonari y yo mismo nos alojamos en una estancias que los líderes (ignoro cual de ellos) han puesto a nuestra disposición. Como están con una crisis galopante desde hace años, nuestros aposentos carecen del más mínimo servicio. Céspedes y la Melonari ayudan algo, pero yo me estoy dando unas panzadas de barrer, fregar, hacer camas, comprar, cocinar y arreglar desperfectos que me estoy dejando la espalda. La verdad es que de asueto poco y me estoy acordando mucho de la palabras del comandante Dana. No sé yo si volver a la Omelette Surprise de una vez. Esto de ser capitán de nave intergaláctica ya no es lo que era.

Por otra parte, mis intentos de aproximación a la doctora Melonari están siendo del todo infructuosos; de hecho, más estériles que el desierto de Tatooine. Sin embargo y desde el primer día,tanto Céspedes como yo hemos decidido dar la razón en todo a la doctora y la convivencia es pacífica. Como la situación en Caasculuño IV no cambia en absoluto llamamos al Dr. Pifiel y nos devuelve a la Omelette Surprise.

Nada más llegar, mi segundo el comandante Dana se da cuenta del cambio de humor de la doctora y entiende mis motivos. La nave también es un remanso de paz y afrontamos el resto de la misión y la vuelta con más esperanza. El pobre Stockli sigue con temblores y terrores nocturnos.

Extracto del cuaderno de bitácora del Capitán Dyck

Cuaderno de bitácora, fecha estelar: 18.537-7. Nos encontramos en una misión rutinaria hacia el planeta Caascaluño IV a bordo de la nave “OmeletteSurprise 234”. Nos dirigimos a ese planeta para pacificarlo ya que desde hace más de 14.153 años estelares el denominado conflicto Caascaluño IV continúa.

Extracto del cuaderno de bitácora del Capitán Pan

«Segunda estrella a la derecha. Todo recto hacia el mañana”
Capitán Kirk

“Segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer”
Peter Pan

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