El contrabando de tabaco sobrevive al paso del tiempo

Este negocio en decadencia desde los ochenta ha sufrido un repunte en los últimos años alentado por las condiciones económicas, la subida de impuestos al tabaco y la pérdida de poder adquisitivo de los fumadores

El contrabando de tabaco sobrevive al paso del tiempo
El delito de contrabando de tabaco, que recibe menos críticas que otros tipos de tráfico ilícito, goza de una cierta aceptación social | Pexels

El contrabando de tabaco no es nada nuevo. Ya durante el franquismo los oriundos de “a raia”, la frontera galaico portuguesa, recurrieron a todo tipo de argucias para sobrevivir a las penurias de la Guerra Civil. La hambruna que se instaló en toda España durante la época de posguerra impulsó, además de la emigración de buena parte de la población, el auge del mercado negro: el estraperlo. Este término, acuñado tras los escándalos de la ruleta rusa de la II República, hacía referencia al mercado negro de productos de primera necesidad que escaseaban en el nuevo orden autárquico. Los estraperlistas, que se jugaban el tipo cruzando ríos y montes con las preciadas mercancías a cuestas, las vendían de extranjis a un precio muy superior al fijado en el mercado. Así fue como este negocio ilícito, de subsistencia para la mayoría y origen de grandes fortunas para muy pocos, abasteció de productos básicos como aceite, huevos, café, azúcar, plátanos e incluso sábanas y cuberterías a buena parte de las casas gallegas. Aunque sin duda el producto estrella del estraperlo, un negocio ampliamente aceptado entre la sociedad de la época, fue el tabaco.

Los señores del humo

En la década de los 60, el modesto negocio que comenzó con unos pocos cartones ocultos en algún vehículo, acabó llenando camiones. Las ridículas sanciones, casi testimoniales, a algunos guardias que actuaban en connivencia con estas mafias dejaba patente la permisividad de las autoridades con un negocio socialmente aceptado. El tráfico ilegal del tabaco continuó hasta bien entrada la década de los 80. La creciente demanda obligó a los señores do fume (del humo) a sustituir los trailers por barcos. Los buques, además de pesca, empezaron a descargar cigarrillos que se distribuían por toda la península. En la costa, sobre todo, se creó toda una trama en torno al tráfico de este bien tan preciado que en su mejor época llegó a mover hasta 120.000 millones de pesetas. El negocio iba viento en popa.

El libro Crónicas, relatos e historias de la Mafia y sus capos relata la transformación de Galicia, y la Costa Brava, en la nueva entrada de los “rubios americanos”. Estos cigarrillos, comprados legalmente a las grandes tabacaleras norteamericanas en Suiza, salían desde los puertos de Amberes y Rotterdam con destino África. Sin embargo, los contrabandistas se encargaban de que nunca alcanzaran las tierras africanas. A medio camino, todo un entramado empresarial desviaba los “Winston de batea” en lanchas hasta tocar las playas gallegas. 

Del tabaco a la fariña

Pero como en todo negocio, siempre hay algún socio que desea llevarse el trozo más grande del pastel. Así fue como algunos de los chavales de las rías, entre ellos un jovencísimo Sito Miñanco, empezaron a diversificar el negocio. ¿Por qué seguir con el tabaco de los viejos contrabandistas teniendo al alcance de la mano una nueva mercancía traída desde el otro lado del Atlántico? El abandono de un tabaco que “les sabía a poco” dejó paso a un nuevo negocio más lucrativo: la fariña.

Galicia se convirtió entonces en el punto de entrada del 80% de la cocaína de Europa y a los cigarrillos los sustituyeron los primeros porros de hachís, recién llegado de África. En el 83, lejos ya del casi “honorable” tráfico de tabaco, el desmadre en el que se habían convertido las rías y la muerte de una generación entera, obligó a la justicia a tomar cartas en el asunto y a tipificar el delito de contrabando de tabaco como una forma más de tráfico que fue prácticamente equiparado al del hachís. La nueva legislación terminó ahogando al «Winston de batea».

El tráfico ilícito hoy

Sin embargo, a raíz de la crisis de 2008 este negocio en decadencia, casi residual, ha sufrido un repunte alentado por las condiciones económicas, la subida de impuestos al tabaco y la pérdida de poder adquisitivo de los fumadores como consecuencia de la brutal crisis económica. Según el último informe sobre comercio ilícito de tabaco a través de los principales puertos de España, hasta el 2015 la modalidad predominante fue el contrabando de cigarrillos. A partir de ese año se produce un cambio en la tendencia de este comercio ilegal con la introducción de los illicit whites, marcas de cigarrillos fabricados de forma legal en un país y comercializados ilegalmente en otros mercados, el tráfico de picadura de tabaco o la falsificación de cigarrillos que poco a poco han ido ganando protagonismo. 

Aunque el modus operandi de este comercio ilícito, en manos de organizaciones criminales transnacionales, ha ido variando algunos factores sociales siguen impulsando este negocio. A pesar de que las sanciones se han endurecido, el riesgo asociado a esta actividad continúa siendo bajo y las penas de prisión escasas. La laxitud de las condenas y la aceptación de un tipo de tráfico que no despierta apenas alarma social, ha permitido mantener a flote un mercado ilegal que en la actualidad todavía es altamente lucrativo. 

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