El Cairo, una ciudad para soñar

El Cairo evoca su eterna grandeza. Con su despertar, el dinamismo de la ciudad compite con la grandiosidad del pasado, cargado de monumentos tan antiguos como las leyendas que se pierden a través de los tiempos.

El Cairo, una ciudad para soñar
La Esfinge y las Pirámides de Giza en una foto de archivo

Siempre imaginé como sería el amanecer en El Cairo, pero nunca creí que su luz me desvelaría los secretos de una ciudad tan poderosa. Rasgada por el ala del avión, la capital se dilata horizontalmente en una extensión que roza con peligrosidad la base donde nacen los tesoros más fascinantes del mundo. Miles de historias entrañables esperan a ser leídas. Prepárense un té de regaliz y canela y disfruten de la experiencia mientras leen amparados por la suave brisa del desierto. Aquí comienza nuestro viaje. Salam al Akum. Bienvenidos a Egipto.

Ciudad de El Cairo

Los sonidos que proceden del interior de las calles se amortiguan cuando la hora mágica rompe el cielo y el rumor del tráfico comienza a eclipsar las siluetas de las cúpulas y los minaretes. Hasta el balanceo sinuoso de las hojas de las palmeras le dan la bienvenida al viajero con la primera luz del día.   

El Cairo evoca su eterna grandeza. Con su despertar, el dinamismo de la ciudad compite con la grandiosidad del pasado, cargado de monumentos tan antiguos como las leyendas que se pierden a través de los tiempos.

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Blasco Ibáñez desembarcando del Franconia

El valenciano y soñador Vicente Blasco Ibáñez (1867 – 1928) emprendió un proyecto a la altura de sus ilusiones, pues dedicó un año entero a dar la vuelta al mundo con el propósito de publicar un libro basado en las experiencias acumuladas durante su trayecto. Estados Unidos, Cuba, Panamá, Birmania, Sudán, Egipto…

Los accidentados viajes en barco que tantas dolencias físicas le causaron y el testimonio de los personajes que le descubrieron nuevas culturas componen La vuelta al mundo de un novelista (1924), un texto publicado en tres volúmenes capaz de acaparar la atención del lector desde el primer momento que, más que buscar los paisajes turísticos de las agencias de viajes, ansía conocer las experiencias de un verdadero conquistador.

En la Plaza Tahrir el viajero se da cuenta que La ciudad siempre gana (Sexto piso, 2018). Enclave de la circulación espesa y tumultuosa de la capital egipcia, centro neurálgico de los acontecimientos más importantes del país, amplia como la Plaza Djema El Fna marroquí y sonora como el centrifugado ininterrumpido de una lavadora vieja, la Plaza Tahrir reúne todo aquello que el viajero puede llegar a adorar y detestar al mismo tiempo.

El director de cine y escritor Omar Robert Hamilton (1984) basó su libro en la Revolución egipcia de 2011 y situó en esta emblemática Plaza la historia política del país desde el destronado Mubarak a su sucesor Mohamed Morsi, narrando las acciones de los temibles Hermanos Musulmanes y terminando en el actual presidente egipcio, Sisi.

Plaza Tahrir en las revueltas de 2011

La plaza Tahrir es la fusión de lo nuevo con lo viejo. Por ella transitan a diario millones de personas y en ella se condensan los edificios más pintorescos que se conocen, entre ellos el inmueble más entrañable del que presume El Cairo: el Museo Egipcio.

Pese a los años de horror que contiene, El Museo Egipcio aguanta inquebrantable a las tormentas de arena y los cambios de ubicación de sus piezas. La construcción exterior es de una belleza absoluta y las toneladas de polvo que duermen en su interior acaparan el ambiente de forma que le hacen partícipe al viajero de las excavaciones que se sucedieron a principio de siglo.

Para completar la inmersión solo hace falta asistir al espectáculo momificado con un sombrero de explorador y unos pantalones color caqui cual Howard Carter (1874 – 1939). Disfrutar de las “cosas maravillosas” que contiene el Museo es un placer obligatorio para el visitante, el turista y el autóctono.

Howard Carter inspeccionando la tumba de Tutankamon

Si continuamos nuestra visita por el Cairo islámico no perderemos de vista la imponente Ciudad de Saladino que resume a la perfección la leyenda musulmana, la Mezquita de Mohamaed Ali (más popularmente conocida como la Mezquita de Alabastro) o Ibn Tulun, caracterizada con la solemnidad religiosa que identifica a los templos islámicos y esa belleza arquitectónica cargada de minaretes y cúpulas.

El viajero puede transitar sin rumbo y abandonarse a la sorpresa que se esconde en cada esquina o desplazarse directamente hasta la paradigmática calle Al Moez y descubrir como todos los secretos que esconde El Cairo se encuentran aquí. Eso sí, explorar sus huellas requiere tiempo, curiosidad y paciencia. 

Esta calle es la madre de todas las calles. De ella nacen infinidad de laberintos que desembocan en antiguos palacios, madrassas y cafés y con ella rememoramos los fabulosos libros del escritor y Premio Nobel de Literatura Naguib Mahfouz (1911 – 2006).

No hace falta viajar hasta Egipto para respirar su esencia. En El callejón de los milagros (1947) el lector podrá encontrar casi todo lo que busca en una buena narración: aventuras y desventuras, telas, joyas, olores, personajes, fusión, ficción y realidad. Esta historia es la obra maestra de Mahfouz y una de las novelas imprescindibles del S. XX. Sentirse lejos sin salir de casa es un reto que asume el escritor egipcio sin despeinarse.

Café El Fishawi

Si nos adentramos en el bazar de Kan al Khalili y buscamos la salida a la Plaza con el mismo nombre, encontraremos el Café El Fishawi rodeado de espejos, bandejas de plata y teteras añejas cargadas de recuerdos. Con la nostalgia solapada a nuestro cansancio descubriremos los lugares que, un puñado de años antes que nosotros, hicieron las delicias de hombres tan venerables como irrepetibles.

La Plaza de Khan al Khalili es un complejo situado en pleno centro de la ciudad de El Cairo cuyas evocadoras vistas nos trasportan hasta el Parque de Al Azhar, uno de los pocos pulmones verdes de los que dispone la ciudad. Situado en lo alto de una colina, es imprescindible visitarlo a la hora del atardecer, cuando el muecín llama al rezo y los colores de El Cairo se retrotraen a los de la antigüedad. Una bruma dorada cae sobre la ciudad. A lo lejos, escondida detrás de la vida que embute a esta ciudad, se encuentran las Pirámides de Giza mirando al cielo con sus aristas perfectamente alineadas.  

El patrimonio de Egipto es inabarcable, pero solo cuando lo visitamos in situ podemos sentir la impresionante grandeza de su historia. Cuando surcamos el Nilo con nuestra faluca y avistamos a lo lejos la ciudad de El Cairo, la bruma cegadora de su intensidad se difumina frente a la acogida que recibimos, prácticamente, en el acto.

En el libro El viaje de un egiptólogo ingenuo (Ediciones del viento, 2017), el arqueólogo, aventurero y escritor Tito Vivas (1976) nos describe cómo fue su primera visita al país de los faraones con tan solo nueve años y recorre los yacimientos egipcios participando activamente en distintas campañas arqueológicas.

Sus anécdotas variopintas son el aderezo de una narración cargada de datos históricos y literarios que le sirven al lector para conocer un país asombroso, colmado de belleza y aprendizaje. Entre los escritores de cabecera, Tito Vivas se apoya en las historias de la aventurera Amelia Edwards, las hazañas del diplomático Eduardo Toda y Güell y, como no, en la vida de los diferentes maestros que aliñan su narración, como Taha Hussein o Alaa Al Aswany.

Leyendo su libro entendemos como el Nilo le da la vida a Egipto y de qué manera tan generosa ha insuflado aliento a una estrecha franja de tierra rodeada de desierto.

Parque Al Azhar

El Cairo se muestra auténtico con sus parabólicas inundando cada terraza, con los bloques enteros de viviendas mellados ante la ausencia de cristales, con una música de fondo que nunca cesa de sonar y amabilidad, mucha amabilidad. Hacer un recorrido por todos los monumentos sería agotador, basta deambular sin rumbo en cualquier dirección para darse cuenta que la lista de lugares a visitar es inabarcable. Ver todos los rincones de El Cairo requeriría una vida entera. Soñar con ellos, no.

1 Comentario

  1. Se puede conocer Egipto de muchas maneras pero si quieres sumergirte en su historia y sus costumbres de una forma genuina y auténtica hazlo con el aventurero Tito Vivas.
    Un viaje inolvidable!!

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