El caballo

Los urbanos explicaron a Xan que ya le habían dicho más de una vez a Brais que tampoco podía montar estando ebrio, tanto él como el caballo

Ricardo Gómez de Olarte

Esta anécdota me la refirió un compañero gallego, y debe entenderse bajo la retranca propia de los gallegos.

El caso es que un día llamaron a Xan para que asistiera a un detenido por resistencia y atentado. Es decir, por resistencia y atentado contra la autoridad. Lo que traducido al idioma de los legos en la materia viene a ser “te has puesto chulo con un guripa y te has liado a mamporros”.

Acercóse Xan al Juzgado y en las clásicas esperas entre que llegas y te atienden, los agentes de la Policía Municipal refieren al colega una síntesis de lo sucedido. Resulta que el detenido, al que podemos llamar Brais tenía retirado el carné de conducir por combatir su pertinaz sequía. Es decir, que le daba al alpiste cuando bajaba del pueblo a la ciudad y luego cogía el coche bastante iluminado (y no por el Espíritu Santo).

Para burlar dicha prohibición, la penúltima vez decidió acudir en tractor. El resultado fue el mismo: seguía haciendo eses, pero esa vez con el tractor. La Urbana le dijo lo mismo, que si tenía retirado el carné para el coche, también lo tenía para el tractor.

«Los urbanos explicaron a Xan que ya le habían dicho más de una vez a Brais que tampoco podía montar estando ebrio, tanto él como el caballo»

Brais, que no quería renunciar a su pequeña juerga en la capital, decidió acudir a caballo. Y tras un altercado con la policía municipal capitalina, acabó detenido por los motivos antedichos.

Los urbanos explicaron a Xan que ya le habían dicho más de una vez a Brais que tampoco podía montar estando ebrio, tanto él como el caballo, ya que iba haciendo eses y ponía en grave riesgo la circulación en la pequeña capital gallega. Así que Brais desató su cabalgadura del poste de la plaza do Ferro (como si lo hubiera atado en la Puerta de Alcalá) y jinete y montura anduvieron haciendo eses por la calle Bedoyas (como si fuera por la mitad de La Castellana).

La Urbana lo detuvo y le dijeron que se iban a llevar al equino al Matadero. Cabe señalar que el Matadero Viejo de Ourense (que tal era la capital gallega donde discurrió el suceso) es o se usa como depósito municipal.

Brais pusóse como una fiera y a la voz de “¡Cagóme en San Todo! ¡Se me quereres mata-lo caballo, mátovos eu a vos denantes (Como me matéis el caballo, os mato antes yo)” lióse parda. Total, que Brais acabó detenido y puesto a disposición judicial.

Nuestro letrado, reprimiendo la sonrisa, y notando que no había terminado el relato, calló. El agente municipal le preguntó a Xan si conocía las aficiones del caballo.

«La jueza le explicó que el Matadero viejo era el depósito municipal y que nadie le iba a matar el caballo»

Ante la ignorancia del letrado, los municipales le refirieron que el bueno de Brais dejaba una litrona de Estrella Galicia en la acera, delante del jumento, destapada para que el equino la atrapase con la boca y trasegásela entera. Con lo cual nunca se sabía si quien hacía eses era el caballo per se o por la guía del jinete o por la suma de ambas circunstancias.

En ese momento, Su Señoría llamó a Brais y Xan para la declaración y Brais relató su versión de los hechos: “Señoría, Como non me vou enfadar si queríanme matar o cabalo?” La jueza le explicó que el Matadero viejo era el depósito municipal y que nadie le iba a matar el caballo. Ya de paso le preguntó si no era cierto que se había resistido a los guardias y los había insultado.

Brais refirió que “Algunas palabras hubieron, sí. Pero nada máis”. La jueza, en un último esfuerzo por contener la risa, le siguió preguntando “Y no es cierto que le sacudió un puñetazo al agente municipal en el casco?”. A lo que Brais replicó: “Bueno, ahora que lo menciona, sí es posible que fuera como Vd. dice”.

Mudo testigo de todo ello fue el policía del CNP, que era el encargado de la custodia de detenidos y quien había hecho el traslado de Brais desde el calabozo a las dependencias del Juzgado.

El policía nacional, bregado en los años de plomo de Euzkadi, también era muy aficionado a los caballos y entendía muy bien a Brais. En tanto Su Señoría dejó en libertad a Brais y no empezaba la siguiente declaración, el policía, con cierto tono ofendido se encaró con Su Señoría y le preguntó:

– O sea, ¿¿¿¿¿Que ahora no podemos ir a caballo por Ourense?????

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