El bien puede ser terrorífico, y el mal, redentor

El bien puede se terrorífico, y el mal, redentor

La escritora argentina Ariana Harwicz nos regala un ensayo novelado sobre la mente del degenerado. Todo ello en un relato descarnador de un hombre desesperado, un hombre culpable del abuso de una menor. Este se ve juzgado por sus detractores y venerado por aquellos que lo quieren utilizar como bandera de la revolución.

Ariana nos hace reflexionar sobre el bien y el mal, dónde está la justicia y quién o quiénes la regulan. Un debate eterno en el que el color final puede ser distinto dependiendo del prisma con el que lo mires.

Un hombre comete un delito por abuso infantil cuando él mismo ha sido víctima en su infancia a manos de un padre degenerado. ¿Cuál es su percepción del bien y/o del mal? He querido preguntar a David Esquius sobre ello, educador social con más de 20 años de experiencia y miembro del equipo de Negra y Mortal:

“Cuando los medios nos abocan noticias, sucesos sobre robos, agresiones, violaciones, asesinatos… se nos genera normalmente una respuesta de juicio automática: se nos señala un delito, un delincuente y una víctima; rápidamente juzgamos y linchamos al que consideramos culpable. Eso es un hecho enormemente influenciado por el estilo mediático que nos empapa y nos condiciona constantemente.

Por otra parte, y para los que nos ponemos a meditar un poco sobre el tema, nos suele aparecer la pregunta “¿El delincuente nace o se hace?”. Obviando la posibilidad de una transmisión genética (¿se puede transmitir de padres a hijos el “carácter delincuente”?), solemos centrarnos en un análisis del entorno, del pasado, de la historia del sujeto para intentar comprender los elementos que han configurado a un psicópata, a un violador, a un ladrón…

Podemos pensar que cuando uno ha sufrido de niño abusos, violencia, desatención… va a reflexionar sobre ello durante su vida, va a tomar consciencia del asunto y va a evitar reproducir esas conductas. Pero la verdad es que, en lugar de eso, hay una tendencia demostrada a reproducir la historia; pues lo mismo que observamos para aprender, luego lo aplicamos como lo que hemos visto y vivido, aunque eso no sea lo “correcto” o “normal”.

Por eso, el deber de la sociedad en general debería ser participar de forma comunitaria en la educación de unos y otros, en la prevención y las propuestas comunes para los problemas de la familia, del barrio, de la comunidad entera. Pero es más fácil quedarse en casa, no comprometerse, y linchar luego a los malos, a los desviados, a los delincuentes… sin asumir ninguna responsabilidad en el asunto”.

Mirar hacia otro lado y juzgar vilmente bajo nuestro criterio. Aquí, en esta reseña, no hay espacio para la defensa del depravado o degenerado, pero sí hay lugar a la reflexión del fallo del sistema, de la no búsqueda de la posible solución. En una actualidad marcada por una pelea de carteras en el congreso y por una guerra de banderas, por la defensa a ultranza de un país y la reclamación, por contra, de un estado independiente, siguen llegando casos de desatención a los servicios sociales y no queremos prestar atención a ellos. Esos temas, los sociales, no venden.

«El bien puede ser terrorífico, y el mal, redentor. El bien puede ser nocivo, culpable y el mal ayudarnos a sobrevivir».

Degenerado’ es un grito ahogado de la desesperación, es un llamamiento pidiendo auxilio. Llegará el momento que seamos juzgados por máquinas debido a que gran parte de la sociedad está corrompida y podrida. Blanqueo de capital, tráfico de influencias y muchos más delitos son asiduos en altos cargos tanto políticos como judiciales. ¿Quién nos asegura que la ley es justa? Un sistema judicial que es nombrado a dedo por el partido político gobernante.

La novela de Ariana Harwicz –a pesar de sus pocas páginas– nos deja una gran reflexión. Esa en la cual nos damos cuenta que el ser humano es demasiado imperfecto.

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