El actual vacío político

Los políticos actuales mantienen actitudes y frases totalmente desquiciadas sabiendo que al cabo de dos días tendrán que decir lo contrario. Y lo harán sin pudor alguno

Ricardo Gómez de Olarte

Definiciones de política hay muchas. Son como los colores, a cada cual le gusta una. O la que más le conviene. En principio deberían valer las de la RAE: aquellas cosas del gobierno y negocios del Estado o bien el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. El problema es cuando los políticos, esa casta a la que ya pertenecen de pleno derecho y desbordante bolsillo los que antes la denostaban, sustraen el contenido de la definición y dejan a éste hueco.

¿Por qué todos los políticos presentan un discurso huero? Particularmente creo que la respuesta se basa en varios factores.

Por un lado, el exceso de información o la falta de tiempo de todos para digerirla provocan la brevedad en el discurso. Por otro, la inmediatez de los medios de comunicación –empezando por internet y sus consecuentes redes sociales- provoca en los políticos la necesidad de estar en permanente comunicación con sus votantes para que éstos expandan el mensaje.

Tampoco debemos despreciar el nivel cultural del receptor del mensaje. Ciertamente, en España gozamos de un alto nivel de escolarización. Ahora bien, nuestro nivel de escolarización ¿nos hace mejores? De todos es sabido que los continuos cambios de Leyes de Educación; las sucesivas rebajas en la exigencia a los alumnos; y la conversión del profesorado en funcionariado al que le da igual enseñar que sexar pollos, han provocado que tampoco nos interese demasiado un discurso político y coherente porque es demasiado denso y aburre.

Nos interesa aquello que es fácil y rápido de digerir. No deseamos pensar, nos basta con una frase rápida y atractiva. Solo necesitamos un titular que sea mejor que el del contrario y que llame la atención. Aunque sea una auténtica burrada impracticable. Así nos encontramos con que los políticos mantienen actitudes y frases totalmente desquiciadas sabiendo que al cabo de dos días tendrán que decir lo contrario. Y lo harán sin pudor alguno.

Desde hace tiempo, los dos ejemplos más claros son Iglesias y Rufián. Entre otras cosas, ambos comparten esa pinta de chulito pontificador de barra, de esos que se dan el piro a la primera amenaza de galleta. Ahora se les ha sumado Pedro Sánchez. La ventaja que tienen los tres es que Casado no es capaz de liderar la derecha, aunque no esté cohesionada; que Abascal es ultramontano y muchos tienen un tabú interior; y que C’s no se sabe si va, si viene o siempre está dando más vueltas que los baúles de la Piquer y no hay quien la centre.

Volviendo a Iglesias debemos recordar el discurso que soltó en 2013. Estableció con una claridad meridiana lo que “vende” y lo que “no vende”. Vende la palabra “democracia” aunque sea pasándose la ley y el resultado de unas elecciones por el arco de triunfo. No vende “dictadura” aunque sea del proletariado. Por tanto, debemos “vender” lo que sea necesario para conseguir ser atractivos. Es decir, le da igual la ideología; se trata de “vender” humo para obtener presencia y votos. Tan es así que una “okupación”, por violenta que sea, es una “okupación democrática”. Un escrache es “jarabe democrático”. Pero cuando le toca a él sufrir el escrache, es peligroso. Y tiene a toda la Guardia Civil que desea para evitar una “okupación democrática” de villa Tinaja.

El ejemplo más divertido es Rufián. Un personaje con nula trayectoria independentista y que se ve aupado a la cúpula de ERC para intentar pescar votos en la piscina del inmigrante o hijo de inmigrante ya asentado desde hace años en Cataluña y blanquear el racismo inherente y consustancial a ERC. En francés existe una palabra que lo define muy bien: ”poseur” es decir, el que se dedica al postureo. Con menos lorza y algo de músculo cualquiera se lo puede imaginar de tronista en “Mujeres, Hombres y Viceversa”. Ya son clásicas sus “micciones fuera del tiesto”: la impresora en el Congreso; las esposas (quizá en el fondo tiene un componente masoquista, pero todavía no ha salido de su armario de cuero); su promesa en el Congreso de estar tan solo 18 meses y ahí sigue; etc…

Sus tuits son dignos de una película épica, pero filmada por la versión cutre y marginal de Monte Python. Su delirio le lleva a confundir la profesión de Miguel Hernández (lo recolocó como jornalero cuando fue pastor); a preguntarse “Por qué los niños catalanes para estudiar inglés tiene que hacer las matemáticas en castellano” (la respuestas que se le ofrecieron y las que se le pueda ocurrir a cualquiera merecerían un ensayo aparte); o bien hablar de los desaparecidos en la guerra civil española sin acordarse de los torturados y fusilados por Companys (por cierto, ¿para cuándo un procedimiento judicial para aplicar la Ley de Memoria Histórica contra ese energúmeno racista y asesino?)

Su última proeza tuitera lo asemeja muchísimo a Trump. No sé si es por el mismo grado de incultura o porque el pobrecico es así de espeso. Con el fallecimiento de Julio Anguita, último político serio, preparado y coherente que quedaba en España, a nuestro orondo Rufián no se le ocurre otra cosa que publicar un tuit con el siguiente texto:
No ha habido silencio más respetado en los barrios de tierra, hormigón y uralita que el silencio de cuando salía Julio Anguita en la tele. Uno de los nuestros hablaba. El mejor de todos ellos.

Para empezar, hace patente su afición a darle patadas al diccionario y a la gramática españolas, por cuanto primero se refiere a Anguita como uno de los nuestros, pero continúa hablando de Anguita como un extraño (“ellos”).

En segundo lugar, hay una entrevista de 2018 a Anguita. Con tono pausado opina sobre. Y ofrece como solución a la cuestión catalana “que no se puede imponer a Cataluña algo contra el 50% de su población. Pero tampoco se puede hablar de independencia teniendo enfrente a otro 50% de la población. Me ha parecido de una frivolidad tremenda la de los dirigentes independentistas. He visto que han ilusionado a un pueblo hablando de que Madrid los engañaba y los robaba. Han planteado una imagen de Agustina de Aragón y luego se han venido abajo. Se han venido abajo después de ilusionar a su pueblo, después de llevarlo a votar y después había humo. Pero una vez que tu pueblo te ha obedecido y te ha votado, tú mueres al frente de tu pueblo. (…)”

A continuación y más categóricamente, se permite el lujo de opinar sobre cuestiones de Derecho comparado sin tener ni la más remota de las ideas acerca del mismo y liquida el tema diciendo que el pueblo catalán tendrá que decidir en un referéndum pactado, no sé cuándo y hablar de cambios económicos, lucha de clases, bla, bla, bla…

Es decir, el de Anguita era un discurso totalmente alejado de los tuits y posturitas de borracho envalentonado (no digo que lo sea) a los que nos tiene acostumbrados Rufián. Peeeeeeeeeeroooooooo, “apoyar y hacer suyo a un personaje como Anguita vende”, aunque lo manifestado por el propio Anguita sea contrario al ideario de ERC y a lo sostenido por el propio Rufián un lunes. Lo bueno (y malo) es que al lunes le sigue el martes y en el cambio de día se puede desdecir diez veces de lo que dijo el día anterior e incluso el mismo día. Baste para ello una reciente, que el 22 de abril de 2020, ERC se desmarcaba de la prórroga al estado de alarma y votaría que no y el 14 de mayo ERC se abría a negociar la misma prórroga del estado de alarma. Además, los muertos no desmienten a nadie.

ERC siempre se ha distinguido por sus contradicciones perpetuas, tanto internas como externas. Ahora, bajo la apariencia de persona sensata, tenemos a un auténtico descerebrado y desubicado como banderín de enganche de los tiempos y personal que corren.

“La mala fe política es acaso más delictuosa que aquella que castigan los códigos en los negocios privados.”
Antonio Cánovas del Castillo

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