Drogas en la infancia

«¿Puedo, doctor, tomarme unas copas cuando esté amamantando a mi hijo si, por ejemplo, estoy de conversación con mi marido?»

Dr. Josep Tomàs i Vilaltell

En cierto viaje con diversos pediatras, se inició un debate sobre la causa de la muerte súbita de un niño. Uno de nosotros planteó la dificultad para encontrar cual era la razón de tal desgraciada situación; otro expuso en directo que uno de los motivos estaba ligado a la conducta de aquellos padres que fuman marihuana en exceso y sin cuidado en presencia de un bebé.

El más veterano de nosotros abrió el tema sobre las dudas y preocupaciones de la madre a lo largo del embarazo, para garantizar el mejor desarrollo del bebé: «¿Puedo, doctor, tomarme unas copas cuando esté amamantando a mi hijo si, por ejemplo, estoy de conversación con mi marido?»

Conviene poner de relieve, comentó otro compañero, que la función de amamantar al hijo es altamente beneficiosa, tanto para la madre como para el bebé y, como mínimo, debería realizarse durante seis meses. Incluso hay madres que prosiguen con tal función durante más de tres años. Por lo tanto, el consumo de tabaco, alcohol y marihuana es altamente perjudicial para el hijo, ya que estas sustancias pasan a la leche y, de ésta, al bebé.

El alcohol, dijo otro de nosotros —por cierto, mientras tomaba una cerveza—, aporta un sabor a la leche materna que no satisface a la mayoría de bebés. Y, además, puede desencadenar retrasos en el desarrollo. Eso sí —añadió, casi susurrando—, si el alcohol se toma dos o tres horas antes de dar el pecho, su presencia en la leche materna es muy baja.

«Y del tabaco, ¿qué dirás?», preguntó otro tertuliano. «Esperaba este tema», respondió. Sin duda, reducir el consumo de tabaco es muy importante: cuando el bebé está amamantando, hay que disminuirlo al máximo, evitando consumirlo al lado del niño. La nicotina pasa a la leche; por lo tanto, si la madre ha fumado, deben pasar varias horas para volver a dar el pecho. Por otro lado, el humo de personas que se encuentran alrededor de la criatura puede provocar infecciones de oído o alteraciones respiratorias, como asma.

Interrumpe súbitamente otro de nuestros colegas y pone sobre la mesa el consumo de marihuana. Más de lo mismo: el ingrediente activo de la marihuana pasa también a la leche y tal circunstancia da lugar a la posibilidad de que se altere el desarrollo del menor. Incluso pude llegar a reducir la cantidad de leche producida. Por ello, se considera altamente perjudicial su presencia o combinación con la leche materna y, al mismo tiempo, que se exponga al bebé al consumo de marihuana.

Ya en los niños de más edad, y fuera de la lactancia, resulta interesante exponer el caso de una familia con problemas de consumo de drogas en su hijo de escasa edad.

Hace ya bastante tiempo, se personó en nuestra consulta una madre preocupada porque su hijo, de siete años y medio, había experimentado unos cambios de conducta que llamaban la atención, tanto de ella como del padre del menor. La mujer expuso que hacía unas semanas que su hijo había cambiado de actitud, ya que estaba mucho más tranquilo que antes e, incluso, desinteresado por lo que ocurría a su alrededor. Esta conducta conllevó un cambio de carácter, al cabo de unos seis meses aproximadamente, dando paso a una actitud conflictiva variable, con reacciones cargadas de irritabilidad.

Al año de haber iniciado esta conducta, fue cuando conocimos a este niño. En la entrevista con él, pudimos determinar que, en primer lugar, los progenitores no prestaban demasiada atención a su hijo a causa de sus respectivos trabajos, hecho al que había que añadir que los abuelos maternos residían en la misma vivienda y requerían atención constante.

Poco antes del cambio conductual, el niño había iniciado una relación con un grupo de chicos de su misma edad, que competían entre ellos e «invitaban» al resto a consumir marihuana y alcohol

Dicho consumo fue reduciendo la atención del niño, provocando malos resultados a nivel escolar y pervirtiendo la relación con otros chicos que, a diferencia de él, no consumían. Decía que se sentía mejor, más tranquilo, más seguro de sí mismo…, pero tal impresión era interna y, a su vez y externamente, pasaba todo lo contrario.

El tratamiento médico del problema es largo y complejo, pero habitualmente se resuelve con psicoterapia y, según las complicaciones secundarias, la medicación que corresponda.

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