Doce testificales y una sentencia social

A fecha de hoy, todavía no existen pruebas aportadas por la investigación que determinen la incriminación de Rosa Peral y Albert López (sí, hay dos acusados) en el presunto asesinato de Pedro Rodríguez. Los doce primeros testigos no han aportado absolutamente nada que nos lleve, de momento, a creer que son culpables uno de ellos o los dos.

Paz Velasco de la Fuente

Unos la han condenado hace tiempo. Otros la defienden. Pero lo cierto es que será un jurado popular el que finalmente decida si Rosa Peral es culpable del asesinato alevoso del que era su pareja, Pedro Rodríguez. ¿Lo mató sola? ¿Albert López y ella son coautores del presunto asesinato? ¿Rosa Peral es simplemente culpable de un delito de encubrimiento? La diferencia entre un veredicto u otro será su libertad o pasar hasta 25 años privada de ella.

Ha terminado la primera semana de juicio, y son cuatro las grandes dificultades del mismo: la ausencia de testigos directos, el desconocimiento del modus operandi (¿cómo fue presuntamente asesinado?), la causa de la muerte de la víctima (¿qué lo mato?) y la razón por la que Pedro Rodríguez fue asesinado (el móvil del crimen).

Ha sido una semana de testificales, empezando por aquellos que vieron el coche calcinado cerca del pantano de Foix (Barcelona), al pasar por allí cuando iban en bicicleta, o el testigo que declaró haber encontrado unas llaves, que le enseñaron en sala para corroborar que eran las mismas.

Como era de esperar, Francisco Peral declaró como padre, cayendo en algunas contradicciones y emocionándose al tener a su hija a tan solo unos metros. Es consciente de lo que Rosa está viviendo: el juicio por el presunto asesinato de Pedro y el juicio paralelo al que está siendo sometida, no solo por parte de los medios de comunicación, sino también por la sociedad (aunque en estos dos últimos casos, ya ha sido juzgada y sentenciada). Yo prefiero esperar a que haya una sentencia judicial, no una sentencia social. Ahora, simplemente cuento lo que oigo, lo que veo y lo que leo, y no lo hago como periodista, que no lo soy, pero sí amparándome en la presunción de inocencia que tienen ambos. Si finalmente Rosa es culpable y es condenada a cumplir 25 años de prisión, podré definir hasta cuál puede ser su perfil como mujer homicida, el campo de mi investigación. Y si es inocente, tendré derecho, como todos los demás, a alegar mis conclusiones al respecto.

Sigamos. Ruben, C., su ex marido, declaró por videoconferencia desde una sala contigua. Afirmó que Rosa era una buena madre y que los días posteriores a que apareciera el coche calcinado, Rosa estaba visiblemente muy afectada. Después, Antonia, la pareja actual de Rubén, también declaró por video conferencia. Su testimonio era una prueba clave contra Rosa Peral, pero parte del mismo fue inadmitido por el juez, al tratarse de un testigo de referencia. Afirmó que la hija menor de la acusada, que en ese momento tenía seis años, había visto a su madre manchada de sangre (ensangrentada) y así se lo contó. Se pidió en tres ocasiones, por parte del presidente del jurado, que éstos no lo tuvieran en cuenta.

Llega el turno de Issam, compañero de trabajo de Rosa, y deja bien claro en más de una ocasión tres cuestiones: Rosa no tenía buen aspecto, estaba desmejorada, demacrada y lloraba continuadamente; le transmitió el miedo que sentía a Albert, enseñándole algunos de los mensajes amenazantes que había recibido y vio como temblaba ante una llamada de él que no contestó; y reiteró que no se sintió «manipulado» por ella. También reconoció que hoy, probablemente, hubiera actuado de otro modo, aunque volvería a ayudarla. María Dolores S., vecina de los padres de Rosa, también afirmó que la vio ausente, desmejorada, hundida y muy apagada, el día 8 de mayo.

Llega el turno de un amigo de Albert López (guardia urbano), incidiendo en que el día 6 de mayo de 2017, dos días después de que apareciera el cadáver de Pedro, él, su esposa, Rosa y Albert cenaron juntos en casa de la acusada. Afirmó que estaba «normal», pero físicamente más dejada: sin maquillar, en chándal y con mala cara, algo que no era habitual en ella, ya que cuidaba mucho su aspecto físico. Ella insistió en que se quedaran a cenar, aunque el testigo no ha podido afirmar si la razón era porque Rosa no quería quedarse a solas con Albert, por el miedo que tenía.

Finalmente, el jueves, 6 de febrero, declaro A. G, una reclusa compañera de Rosa Peral. A pesar del que el tema del sicario quedó archivado, lo relató al igual que hizo en instrucción: Rosa le pidió que contratara a un sicario para deshacerse de su exmarido, Rubén. Parece ser que esto es una invención de A.G., aunque hay que esperar a una testifical del día 18 de febrero, para aclarar este punto. También afirmó que Rosa le había contado que, esa noche, dio un medicamento a Pedro, y aquí algo importante: Antonia en su declaración y en su interpretación con mímica, indico en sala como la niña de 6 años describió que «Pedro bajaba las escaleras como un robot, clap, clap, clap, clap». Lo cierto es que A.G no dijo nada sobre el tema del medicamento en su primera declaración, de modo que la defensa de Rosa ha solicitado al presidente de la sala, Enrique Rovira, que se estime como una contradicción.

La directora de Wad Ras, Silvia S., describió a Rosa como una reclusa participativa, obteniendo la nota «A» en las actividades que llevaba a cabo, no siendo una persona conflictiva. Finalmente, declararon Irene y Manuel G, hermanos y «amigos» de Rosa Peral. Ella fue testigo de como Albert le tiró un anillo a Rosa en una terraza y le dijo «por si te lo piensas» y ha afirmado que la acusada dudaba si volver con Albert o seguir con Pedro. Por su parte, Manuel, vecino de Rosa, afirmó que la noche en la que presuntamente fue asesinado Pedro, no escucho nada significativo. Destacar que el día 3 de mayo, Rosa y él tienen una conversación «subida de tono» y le pide una foto de índole sexual a Rosa, a lo que ella se niega. Sin embargo, él sí le envía una fotografía. Pero en esto no se va a incidir, porque su vida íntima no es importante para esta causa, por supuesto, como tampoco lo es la de Rubén, durante su matrimonio con Rosa. La clave de este testigo es la siguiente: si, supuestamente, Pedro ya estaba muerto el día 2 de mayo ¿cómo responde desde su móvil a un mensaje de Manuel de ese día?

A fecha de hoy, todavía no existen pruebas que determinen la incriminación de Rosa Peral y Albert López (sí, hay dos acusados) en el presunto asesinato de Pedro Rodríguez, y los primeros testigos no han aportado absolutamente nada que nos lleve, de momento a su culpabilidad.

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